Premio al Mérito Paleontólogico a un especialista radicado en San Rafael

Marcelo De La Fuente, radicado desde hace años en San Rafael, recibió el Premio al Mérito Paleontológico otorgado en forma unánime por la Asociación Argentina que los nuclea. A partir de un trabajo de décadas sobre las tortugas fósiles, dio un aporte fundamental al estudio de la evolución de reptiles que datan de 200 millones de años y llegaron a convivir con dinosaurios en una región, el sur mendocino, que en su momento formó un golfo del Pacífico, antes de que se levantara la cordillera de Los Andes.

De La Fuente trabaja en San Rafael desde 1985, cuando comenzó con visitas al museo local por invitación de Humberto Lagiglia, quien era su director "y gentilmente me ofreció estudiar parte de una colección paleontológica". Ese gesto lo marcó en su amistad con Lagiglia, porque Marcelo era muy joven, recién estaba haciendo su doctorado en la Universidad Nacional de La Plata.

Así, a pesar de trabajar durante 20 años en la división paleontología de vertebrados del museo de La Plata, y de ser docente en la universidad, "por mi relación inicial con Tito y con arqueólogos como Adolfo Gil y Gustavo Neme, es que me terminaron convenciendo de trasladarme en el año 2002 a San Rafael".

Su radicación en el sur mendocino le permitió junto a otros especialistas, crear el Instituto de Evolución, Ecología y Ambiente, dependiente del CONICET y de la Universidad Tecnológica Nacional. "La mitad de mi carrera científica la realicé aquí en San Rafael; mi familia es de acá, empezando por mi esposa", saca como carta de presentación para justificar por qué le da valor lugareño al reconocimiento recibido.

"Hace 39 años que trabajo en el Conicet, primero como becario y luego ya como investigador; siempre con la evolución filogenética y biogeográfica de las tortugas fósiles", explica como para guiarnos a entender su especialización.

Añade en su narración que "las tortugas fósiles tienen un registro de 200 millones de años a nivel mundial; y sobre todo en el territorio argentino". Un dato geográfico interesante es que "las primeras tortugas que investigamos estaban en La Rioja convivieron con los dinosaurios; y luego convivieron en el sur de Malargüe, hace más de 90 millones de años".

El paleontólogo premiado cuenta que este grupo de tortugas "es muy interesante porque se puede seguir su evolución tanto filogenética como biogeográfica a través de toda su historia desde el origen hasta la actualidad". Quizá eso explique el apasionamiento en ese seguimiento facilitado por los restos fósiles que le dieron continuidad a su investigación.

Lo significativo de su trabajo es que "nos permite determinar el origen de un grupo de vertebrados muy singular, del que se tenían pocas noticias en los últimos años; pero gracias a los descubrimientos en La Rioja, San Juan y el sur mendocino, se pudo revelar la historia de estos reptiles tan peculiares; que han sobrevivido por más de 200 millones de años".

Además, se ha podido verificar que han tenido una distribución extensa, muy amplia, y además, es un grupo que permite establecer relaciones que los paleontólogas llaman filogenéticas y que no son otra que cosa que "genealógicas, que nos permiten determinar el por qué de su distribución a nivel mundial".

Lo globalizado del concepto está dado por el hecho de que, como lo recuerda De la Fuente, "los continentes, en el triásico (justamente hace 200 millones de años) existían la pangea, una masa continental que tenía la actual masa continental donde se ubica el bloque San Rafael, estaba conectada continentalmente con el sur de lo que hoy es África".

Por eso, se entiende que en este departamento del sur de Mendoza "tenemos rocas que conservan los fósiles de las mismas especies de reptiles que se encuentran en Sudáfrica; así, la historia antigua nos vincula con ese país y con Namibia, por ejemplo", relata el científica.

Ante la consulta de Eleonora Rischmüller, conductora del noticiero de Televisión Andina, acerca de cómo es dedicarse a la paleontología en nuestro país, De La Fuente contó que "tenemos un sistema científico muy importante que lo rige el Conicet, que a los profesionales recién graduados les ofrece becas doctorales para realizar una tesis en una universidad; posteriormente, se puede ingresar en la carrera de investigador".

Ahí fue cuando reveló el aspecto duro de su especialidad: "para ser paleontólogo, a uno le tiene que interesar mucho el trabajo de campo; nosotros invertimos mucho tiempo ahí porque es nuestro laboratorio; estudiamos las secuencias geológicas de distintos períodos, y con información vamos al campo y así podemos determinar qué áreas vamos a encontrar determinados fósiles que son de nuestro interés".

"Así que un paleontólogo tiene que estar muy interesado en hacer también importante tarea de gabinete; porque mucho de nuestro trabajo, como escribir los papers, nos permite revelar nuestras investigaciones mediante revistas internacionales", dijo. En cuanto a cómo están considerados mundialmente los especialistas argentinos, fue contundente en su respuesta:

"Argentina está muy bien parada; el primer investigador científico argentino, Florentino Ameghino, y fue un paleontólogo de vertebrados; desde entonces, nuestro país tuvo renombre mundial en esta especialidad, hemos tenido paleontólogos muy destacados aquí, algunos de los cuales se formaron en el exterior, en universidades como Harvard, como Rosendo Pascual, maestro de generaciones".

"Yo mismo me formé con una investigadora importante, Zulma Gasparini, quien trabajó en reptiles marinos en la cuenca neuquina que llega hasta Malargüe, que convivieron dinosaurios e ictiosaurios marinos que alcanzaban tamaños de hasta 9 metros; y tortugas que vivieron en lo que fue un golfo del Pacífico, hace 145 millones de años, cuando todavía no se había levantado Los Andes".

"Entones, teníamos un golfo de reptiles marinos que se vinculaban con formas de Sudamérica de y de Europa, que pudimos encontrar en las rocas neuquinas", cuenta Marcelo casi como una anécdota, que no por su simple relato, deja de sorprender.

"La ciencia es muy importante, porque si bien nosotros nos dedicamos a la ciencia básica; hay ciencia aplicada que tiene mucha importancia en nuestro país; fijémonos que actualmente en la ciudad de San Martín, investigadores del Conicet están desarrollando vacunas contra el Covid, y en el 2023, van a estar en producción; eso va a evitar seguir gastando fondos en la compra en el exterior; y esto es un avance de la ciencia argentina. Muchas veces no lo vemos, pero necesitamos hacer ciencia básica para después aplicarla", concluyó.

Te Puede Interesar