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Una mirada sobre la política cultural mendocina en pandemia

Por Walter Gazzo
Por Walter Gazzo

Con la misma seguridad de saber que en la primera línea están los trabajadores de la salud batallando y velando por nosotros, los que pertenecen al sector de la cultura ocupan, definitivamente, el último lugar. Nadie es culpable y aceptamos, con tristeza, el lugar que les (nos) toca.

Esta pandemia nos enseñó que lo primero que se cierra y, tal vez, uno de los últimos sectores que se normalicen son los que pertenecen al entretenimiento.

Nadie avisó que esto iba a ocurrir pero ya ha pasado tiempo suficiente (un año pandémico) para aprender. Y esta experiencia, que la adquirimos todos juntos y a la vez, nos hizo fuertes, socialmente responsables aunque más distanciados y con la certeza que hay mucho por hacer y -peor aún- que ese trabajo nadie lo hará por nosotros.

Somos conscientes que la situación es grave, vulnerable y delicada.

Bueno, nada de esto pareciera que les sucedió a los funcionarios públicos que trabajan por la cultura en Mendoza. Su papel es fundamental para hacer "funcionar" la música, los teatros, las artes plásticas, las letras y mucho más.Claramente esta crisis nos marca dos ejes fundamentales: primero, nos pide ser creativos para enfrentar lo nuevo y promover una transformación necesaria. Y en segundo lugar que el trabajo entre lo público y lo privado sea consecuente y de manera conjunta.

Manotazos de ahogado

La olvidada y ahora reflotada plataforma www.Mendozaencasa.com (creada a mediados del 2020) fue una propuesta de poco sustento que ofrecieron a los artistas (que podía hacer ese mismo show solo y desde su casa).

También hubo: una Feria de Libro que pasó sin pena ni gloria; algunos concursos (con sus respectivos cuestionamientos); una intervención en un paisaje de montaña que enojó; el MendoRock por streaming y alguna que otra cosa más, siempre carentes de difusión.

Lógicamente, fue necesario hacer la Vendimia, y poco se aprendió de esa valiosa experiencia que fue una tarea en conjunto, con opiniones externas e internas, que abría las puertas a una nueva forma de trabajo en las políticas culturales.

La incertidumbre es otro de los sentimientos que nos marcan estos tiempos y desde el Ministerio de Cultura y Turismo se esfuerzan por homenajear tan odioso sentir. Acciones equívocas, comunicación selectiva y un poco de temor en emprender políticas culturales concretas, creativas, distintas, que hagan sentir útil al artista. Si hay presupuesto para alguna actividad proviene de Nación y sino aparecen casos excepcionales como el concurso audiovisual que acaban de anunciar junto al ministerio de Economía y Energía.

Mozo, un café por favor

Hace unos días atrás se inauguró en el museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel un espacio gastronómico que -además de poner sillas y mesas- puso en vilo a los artistas plásticos de Mendoza, quienes se quejaron del acontecimiento. Si la idea es buena no lo sabremos porque empezó mal. La forma de comunicar hizo que se hablara más del café que del museo. Fue la discusión la que marcó la agenda y reveló las falencias y quejas de los artistas plásticos.

Es la primera vez que vivimos una crisis tan grande, aunque cultura siempre ha sido tierra fértil para recibir las peores sentencias. El sentido común nos dice qué si no sabemos, preguntamos; qué si necesitamos ayuda, la pedimos. Como sociedad estamos creciendo en esta tormenta. Nos arremangamos y salimos.

Nada de esto parece generarse desde el edificio ubicado en las calles España y Gutiérrez.

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