Domingo ya... La niña que camina conmigo esta larga-corta-extraña vida siente mariposas en el estómago por la vuelta a clases.
- Sitio Andino >
- Opinión >
La esperanza puesta en la escuela, abigarrado mundo de tizas, juegos y enseñanza
Se levantó temprano, un día antes, como antaño para preparar absolutamente todo. Para no dejar ningún detalle al azar. Alineó los lápices de colores sobre la mesa, y con esmero les sacó punta. Como le ocurrió otras veces, admiró las singularidades que el uso -y la preferencia de su dueña, por supuesto- fue marcando en ellos. El color negro tan poco usado, al igual que el blanco; ese púrpura tan raro del que apenas quedan un par de centímetros de crayón y que compite en preferencia con el verde profundo. El naranja, que casi desprende aroma a cítricos, descansa en la hermosa caja de metal junto al rojo fuego, al celeste cielo y junto al marrón de madera sin barnizar.
Por supuesto, también está en la cartuchera (¿te acordás las cartucheras que hacían las mamis, de tela de jean o con dibujitos?) el lápiz 0 km, precioso, punzante, aún sin usar. ¡Al lado de la goma, claro! A estas siempre las prefirió blancas, pequeñitas, deformadas por el uso y las iba guardando en un gran frasco de vidrio. ¡Cuántas historias podrían contar esas gomas! ¡Tantos sueños borrados y corregidos para acotarse a la "normalidad" de un cuaderno!
¿Dije cuaderno? De tapas duras, obvio... ¿Hay algo en tu vida que iguale la tremenda esperanza, las múltiples posibilidades de un cuaderno en blanco? Cuaderno que cuando lo abrís por primera vez... cruje, de tanta expectativa.
¿Hay algo en tu vida más claro, más brillante en el recuerdo que ir a la escuela?
¿Habrá alguna vez otra emoción que se equipare a esa zambullida inicial, ese salto al vacío que es el primer día de clases? ...cuando llegabas con el guardapolvo exquisitamente blanco, lavado, pulcro -maleta o mochila en mano- e ingresabas a tu querido colegio de la mano de papá o de mamá.
Tantos mundos por descubrir, tantos amigos aún desconocidos. Tantas cuentas que sacar; mapas por explorar; oraciones esperándote allí con sus sujetos y predicados preparados para increpar a tu inteligencia, para que las desmenuces a fondo sobre el querido pupitre.
No hay nada, a mi entender, que iguale a la Escuela en la preparación de los niños para la vida. Ese pequeño mundo abigarrado entre cuatro paredes y un pizarrón; esa multitud de personas distintas que te abrazan con su sinceridad o que te ahuyentan con su egoísmo. Esa heterogeneidad.
Maravillosa escuela; indescriptible sensación de pertenencia. Difícilmente podamos, en este 2021, ver al cole como un peligro, como si escondiera un riesgo latente en su interior. ¿Deberíamos hacerlo?
Las escuelas -con sus puertas abiertas a la enseñanza; con sus maestros y maestras de sonrisas grandes (bueno, sí, tapadas por barbijos); con sus timbres y campanas convocándote al recreo- son la promesa más grande, brillante, sana... de este año que recién comienza y en el cual todos deberemos aprender, una vez más, a ser felices.