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Opinión

Salario e inflación, dos retos para los meses que vienen

Por Marcelo López. - @marcelopez2202

 Veníamos advirtiendo en las últimas columnas que los éxitos que cosechaba el equipo de gobierno contra el dólar y los factores de poder concentrados debían ser tomados con calma. El partido es día a día, y quedo claro sobre el fin de la semana. Si bien la presión sobre los dólares bursátiles parece contenida con las acciones del equipo económico, el mercado del dólar negro sigue siendo el escenario de las presiones devaluatorias y desgaste político

Este viernes, sin ir más lejos, un diario de papel dio por sentado que el ministro Guzmán había pedido la renuncia de Miguel Pesce, obvio la versión fue amplificada por las radios y comentaristas afines. No había mínimamente ningún dato o fuente que confirmará tal especie, pero se sabe que en estos tiempos el rigor periodístico es lo de menos.

Ambos funcionarios tuvieron que dedicar parte del día a desmentir la versión y por la tarde armar una reunión "para la foto" que fue difundida en las redes del propio ministro. La realidad es que desde el cortocircuito entre ambos hace un par de meses (contado también en este espacio) y desde que el presidente empodero al Ministro, la relación entró en una sintonía de consulta permanente para evitar rispideces y que sus visiones diferentes en algunos temas no alteren las políticas y decisiones que toma el Ejecutivo.

De la negociación con el FMI poco se sabe y las reuniones por ahora parecen más técnicas que políticas, no hay ninguna señal del organismo sobre qué piensa de la intención del Gobierno argentino de postergar los pagos al menos cuatro años.

Mientras las conversaciones por lo macro se encaminan, el Presidente y su equipo parecen recuperar la agenda planteada antes de la pandemia; la nueva formula jubilatoria, la ley de interrupción voluntaria del embarazo, las políticas de recuperación y mejora de las exportaciones, los planes de vivienda -que tomaran impulso a partir de los cambios ministeriales con la llegada de un hombre 100 por 100 ejecutivo y proactivo como Ferraresi, contra la intelectualidad bielsista- y un impulso al mercado interno que desde la campaña fue uno de las obsesiones presidenciales, vuelven a ganar espacio

Sin embargo siguen los problemas de comunicación con por lo menos una parte importante de la sociedad, la discusión acerca del no otorgamiento de un beneficio que nunca fue anunciado como el IFE 4 es un claro ejemplo. Mientras se debate hasta entre los propios, no hay ni un solo funcionario, legislador o militante que expliqué con claridad el tema y ponga en valor el anuncio real pero casi desapercibido que en diciembre se duplicara el valor que se carga en la Tarjeta Alimentar, un instrumento pre-pandemia que adquirió una importancia fundamental en esta.

Si el Ejecutivo logra recuperar la agenda de su asunción uno de los grandes desafíos será la recuperación del salario para sustentar la recuperación del mercado interno y apuntalar el suspiro de reactivación de la industria que se ve en los números de los dos últimos meses.

El otro reto sin dudas es controlar la inflación, si bien después del 3.8 de octubre, el año cerrará con un IPC casi 20 puntos menor respecto al 2019, las tensiones con los principales actores del mercado que no están dispuestos a resignar ganancias (como explicamos la pasada semana) están en su máxima expresión.

La recuperación del salario real, junto con la creación de empleo, es un punto clave si se pretende encender la economía como lo planteaba el presidente en su campaña electoral.

La economista Magdalena Rua en un artículo publicado días atrás recuerda que el consumo representa mas de dos tercios del PIB de nuestro país. No está mal recordar también que la destrucción del salario no es un efecto de la pandemia. Antes que esta empezara, como dice el diputado Carlos Heller, hubo otra pandemia que sufrió la economía y fue la gestión económica del Gobierno anterior

Rua en su trabajo explica que "Entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019, la evolución de la Remuneración imponible promedio de los trabajadores estables (RIPTE) fue de aproximadamente 214%, mientras que, en ese mismo periodo, la inflación según el Índice de Precios al Consumidor de INDEC fue del 299%. Esto significa que durante los cuatro años del gobierno de Cambiemos hubo un fuerte derrumbe del salario real de alrededor del 21,4%, lo que equivale a un desplome del poder de compra. Si se analiza la variación general del nivel de precios tomando el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM), la caída registrada de los salarios reales se torna más profunda. Considerando a este último índice, el incremento de los precios ronda un 340% entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019, lo que equivale a una caída del salario del 28,6%."

El deterioro del salario profundizo la desigualdad brecha que, obvio, creció en la pandemia, Rua señala que "En el segundo trimestre de 2016, la brecha de ingresos promedio entre el decil más rico (el 10% de la población con ingresos más elevados) y el decil más pobre (el 10% de la población con ingresos más bajos) era de 19 veces. En el tercer trimestre de 2019, era de 23 veces. A junio de 2020, la brecha es de 25 veces. El 10% de mayores ingresos obtiene el 33% de los ingresos totales, mientras que el 20% más rico obtiene alrededor del 50% de los ingresos totales, es decir, lo mismo que el restante 80%".

El presupuesto 2021, que esta semana obtendrá sanción definitiva, es una hoja de ruta dónde el Gobierno parece dejar claro que el sentido de su gestión esta orientado en recuperar la economía, al menos así lo expresa con las metas de crecimiento y un impulso a las políticas activas a partir de lo que significa reducir casi a cero los compromisos de pago de la deuda a partir de la exitosa renegociación con los acreedores privados.

Pero como expresa Rua; "Teniendo en cuenta que el mensaje del proyecto de ley del presupuesto del 2021 señala el rol central que debe jugar el Estado en pos de fomentar la recuperación económica, partiendo de una situación de profunda recesión, no puede perderse de vista que la recomposición del salario real es un elemento crucial para apuntalar la demanda y reactivar la economía. La recesión desencadenada por las políticas del gobierno de Cambiemos y profundizada por la crisis del Coronavirus provoca un aumento de los niveles de desempleo que erosiona el poder de negociación de los asalariados, en un contexto en el cual persiste la inflación y existen fuertes presiones por una devaluación, a partir del cual los sectores más favorecidos buscan reducir los salarios reales e incrementar su margen de ganancia. Deberá ser el Estado en este crítico contexto quien guíe e impulse la recuperación" y podríamos agregar que también debe ser el árbitro para que nadie- sobre todo los más fuertes- saquen ventaja violando el reglamento.

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