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Por qué el Partido Demócrata de Mendoza le hace bien a la provincia

Por Aníbal Ríos.

Desde que Mendoza es Mendoza y su Constitución la de 1916, la mayoría de sus Gobernadores adoptaron la alternancia en el Cuarto piso de la Casa de Gobierno como una medida saludable de oxigenación, rotación y renovación en el estilo de administrar la cosa pública. Emilio Civit, Ricardo Cano, Rodolfo Corominas Segura, Adolfo Vicchi, Francisco Gabrielli.

Eso permitió, más allá de las diferencias de partido o facción, acordar una mínima y básica política de Estado dirigida a la obra pública, salud, educación y justicia, economía productiva. Al mendocino en general le interesa y preocupa la buena administración, rendición de cuentas del gasto, independencia de funciones y poderes, eficiencia en la acción de gobierno, dentro de un marco de ideas entre conservadoras y liberales.

La historia de sus enfrentamientos posteriores con el actual PJ, UCR, socialismo, etc. no impidió fotos como las de Illia -Gabrielli con motivo de la inauguración del Dique Valle Grande en San Rafael. Oposición constructiva, límite al abuso discrecional del poder, control de las finanzas públicas, su rol de equilibrio entre las otras fuerzas mayoritarias de Mendoza le dieron personalidad y necesaria participación en las grandes decisiones. Las oscilaciones de la dinámica política provincial lo movieron a distintos posicionamientos en la correlación de los partidos con representación parlamentaria, sin resignar el compromiso de la defensa prioritaria de los intereses de Mendoza para con los mendocinos.

A la vista de tal presencia histórica centenaria y permanente del Partido Demócrata necesaria en y para Mendoza, creo que la recuperación de su identidad política representativa y partidaria es necesaria, positiva, le da un valor agregado a la participación y opinión política mendocina, pues permite sumar voces inamovibles en su enfrentamiento a los populismos, promoviendo los valores de la libertad.

Tales notas esenciales aportan riqueza a la vida institucional y gobernabilidad de Mendoza, y ello le ha permitido sobrevivir a los costos de oportunistas que como aquel Antonio Salieri se valieron de músicas y letras ajenas, con mejores y peores resultados. El ADN Demócrata aflora en sus exponentes legítimos, las imitaciones se notan en los actos de sus plagiadores. 

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