Un día como hoy, pero de 1947, fue promulgada la Ley 13.010, que otorga a las mujeres el Derecho a ejercer el voto. Este reconocimiento tuvo una larga historia de lucha, que se anticipó en varios países europeos en los siglos XIX y XX. En Argentina, muchas mujeres dieron batalla por obtener derechos, como Elvira Rawson, Julieta Lanteri, Alicia Moreau de Justo, Carmela Horme, Haydeé Frizzi, Carolina Muzzilli, Salvadora Medina Onrubia, Alfonsina Storni.
- Sitio Andino >
- Sociedad >
- ▼ >
23 de septiembre, Día de los Derechos Políticos de las Mujeres en Argentina
Ellas fueron la fuerza y el espíritu, y dejaron el camino abierto para muchas que veníamos décadas atrás, buscando ampliar aquel derecho que nos relegaba solo a votar. Ellas pertenecieron al colectivo argentino delas llamadas sufragistas. Muchas, ni siquiera se reconocían feministas, pero se encontraron en la gran tarea de alcanzar esta primera igualdad.
La Argentina otorgó derechos políticos a los ciudadanos varones mediante la Ley Sáenz Peña de 1912. Esto significó un gran avance, sin embargo, las mujeres quedamos excluidas. Pasaron 35 años para lograr la igualdad en el ejercicio de lvoto.
A partir de 1947, las mujeres obtuvimos el derecho a votaren todas las elecciones, en igualdad de condiciones que los varones. Esta Leyes conocida también como Ley Evita, por el fuerte impulso y activismo que por entonces desplegó la primera dama en torno al sufragio. Fue, incluso, tema de campaña electoral de más de un candidato de aquel entonces. Eva militaba el tema desde distintos espacios a los que accedió, sin embargo, no hay aún hoy fuentes, que muestren referencias de Eva hacia al movimiento feminista ni sufragista. Tampoco pretendemos leer la historia con los lentes del presente, ni caer en la tentación de reescribir la historia forzando a que diga lo que nunca fue.
Este derecho político también es interpretado por muchos como una concesión que hizo Perón a las mujeres con el objetivo de lograr, con elvoto femenino, su reelección no permitida en 1947, habilitada por la Reforma Constitucional del 49 y hecha realidad en1951.
El voto femenino se estrenó eligiendo presidente y vice. Más de 3.500.000 mujeres votaron en aquella oportunidad. Estudios recientes muestran que Perón hubiera ganado igual las elecciones sin el voto femenino.
Esta bandera de muchas mujeres en nuestra historia argentina también era un reclamo de organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Mujeres, y luego de la Organización de Naciones Unidas.
Entre los años 30 y 40, la idea de los derechos políticos de las mujeres, y sobre todo la dimensión del sufragio, se convirtió en un indicador de modernización política. Para fines de los 40, el abono estaba echado.
El Estado aquí demostró que se puede cambiar la legislación, pero el recorrido que hicimos hasta la reciente sancionada Ley de Paridad, nos muestra que, de la transformación de las prácticas cotidianas a la igualdad real, todavía hay una distancia enorme. Ese voto femenino generó temores al interior de los hogares y las implicancias que la participación de las mujeres pudiera conllevar en la vida política.
Y así, las mujeres logramos abrirnos camino en el poder público, nos insertarnos en una esfera que nos hace visibles y aquí nos surge un nuevo inconveniente: no hay estructura más enquistada de poder de caballeros que los partidos políticos.
Hasta que no logremos articular visiones y el reconocimiento de nuestras necesidades, seguiremos siendo solo el relleno, por más cupos y paridad que existan. Ese relleno que es un sinsentido con las serviles del poder de turno, las que fingen representarnos y las que continúan reproduciendo patrones de violencia machista.
Siempre que se llenen los lugares de privilegio con privilegiadas de turno, con esposas, con amigas, con las que no militan, con lasque no se ganaron su lugar, seguiremos siendo lo mismo, meras reproductoras de un sistema perverso que nos invisibiliza.
Si realmente tomáramos la relevancia de la organización de mujeres, el mundo tomaría otro rumbo. Lo importante será visible cuando seamos parte de las decisiones que nos permiten quitar carga a las compañeras, a esas que necesitamos dejarles crecer las alas, a las que están y a las que vienen. Acá nadie sobra, todas sirven.
A nosotras se nos cuestiona la posibilidad de llevar a dúo casa y política. Es tan irrisorio el lugar que nos plantean, que no nos queda más que indignarnos y organizarnos. Es esta la mirada que debemos dejar de lado, es la socialización de las tareas de cuidado lo que hace que se nos alivie la carga. Si la pandemia vino para algo, fue para hacer visible estas tareas extenuantes y agotadoras.
Una y otra vez escucho. "Yo incorporo mujeres por su capacidad". No hay frase más irritable para las capacitadas que me pongan el medidor de capacidad. Ya cuando esbozan esa palabra el correlato es el mismo. Algún amigo del poder ya tiene el lugar. Es esta la batalla invisible que damos a diario. Agota, pero lo estamos entendiendo, nos hicimos aliadas en el espanto, oficialistas y opositoras. Esto es algo que nos atraviesa el cuerpo a todas, no basta con ser inteligentes, también es necesario planear y planificar y por sobre todo ejecutar.
Es, en esta etapa del plan que estamos llevando a cabo, en la que tenemos que estar todas. Las cuotas fueron un piso, la paridad un techo, sueño con un estado administrado para la solución de las necesidades y para dar espacio a lo realmente importante. Lo vamos a lograr, lo estamos logrando.
Por Cecilia Páez
Presidenta MujeresPro Mendoza
Concejala deldepartamento de Luján de Cuyo
Ex senadoraprovincial