A pesar de contar con buenas condiciones para el cultivo de la vid -como suelos arenosos, algo de ripio y con un clima continental seco- hasta hace poco tiempo, en la ciudad de Tinogasta (Catamarca) sólo se obtenían productos de baja calidad. Pero mediante el aporte del INTA y sus técnicos, los vitivinicultores lograron duplicar su producción y rentabilidad.
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El INTA logró duplicar la producción de vid con nuevos varietales
El organismo impulsó una reconversión en los viñedos que permitió mejorar los rendimientos y calidad de sus vinos y pasas. Se utilizó una nueva cepa desarrollada en Mendoza.
Un cambio significativo
Para 1988, el 90 por ciento de la producción vitivinícola en Catamarca correspondía a la variedad cereza, una cepa que generaba mostos y vinos de mesa de calidad regular. Si bien se trataba de una uva destacada por su productividad, sus características enológicas disminuían la calidad de los vinos y las pasas obtenidas.
"Había que revertir esta situación", aseguró Casas. Para ello los técnicos del instituto en Rama Caída generaron una nueva tecnología biológica: una variedad de vid obtenida por hibridación, cuya implementación se extendió por más de veinte años.
