La cuarentena se extiende, la sociedad sigue apoyando la política sanitaria del Gobierno. La sola comparación de lo que sucede en países cercanos y lejanos da como mínimo esperanza de que aquí las cosas pueden salir mejor. La economía es otra cosa.
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Las dos pandemias
No solo las panzas reclaman comida, a lo que el gobierno también respondió rápidamente en los sectores más vulnerables, sino que los bolsillos un poquito más desahogados también comenzaron a sentir el impacto con fuerza y allí flaquean las unanimidades del tema sanitario.
Nadie puede decir que el esfuerzo del gobierno no es enorme, pero tan cierto como eso es que en términos de PBI el sacrificio del Estado está aún muy lejos de lo que vienen invirtiendo otros Estados, incluso algunos vecinos.
Claro que Argentina tiene sus particularidades, le llegó la pandemia en medio de otra pandemia; la económica que dejó el Gobierno anterior. Una deuda histórica en todos los términos posibles del adjetivo, un aparato productivo paralizado, un Estado en fuga y un paquete de normas más apropiadas para una organización social donde el que más tiene más gana que para aspirar la tradicional movilidad social ascendente que llevó a la Argentina a desarrollar la famosa clase media que fue envidiada por el mundo.
Es posible que ese sea el peor de los cimentos para atacar una pandemia salvaje que empeora aún más la situación y la buena voluntad y honestidad de la enorme mayoría del gabinete no alcanza frente a un Estado acostumbrado a no atender urgencias de este tamaño.
El ejemplo de los fideos, el aceite o los barbijos de Larreta son la clara muestra que ni en la peor de las emergencias ese Estado lento de siempre y encima colonizado en los últimos años está en condiciones de responder. La reacción del Gobierno ante la compra escandalosa de los fideos fue la correcta y veloz; anular la compra y despedir a una docena de funcionarios. Pero el resultado fue el peor, hoy los encargados de hacer llegar el alimento a comedores y merenderos se ven en figurillas para poder satisfacer la demanda (que creció un 30% desde el comienzo de la pandemia) y ruegan que se concreten de una buena vez las compras paralizadas desde el escandalete para poner en marcha un sistema que permita entrar en el juego a los productores y elaboradores sin intermediarios en la cadena.
Pero no sólo de eso tiene que cuidarse el Gobierno, sino también de la ingenuidad de algunos de sus funcionarios porque nada por ahora hace creer en la mala fe. Un claro ejemplo es la labor del Banco Central que no solo genera críticas hacia afuera, sino que mismo dentro del Gabinete hay bronca contenida. Nadie entiende por qué el equipo que maneja el Banco Central creyó que de repente los bancos iban a dejar señores que prestan paraguas cuando hay sol para pasar a prestarlos cuando llueve.
Una clara muestra fue el mecanismo elegido para asistir a las PYMES en el comienzo de la pandemia con los créditos a tasas del 24%.
El Central les liberó cientos de miles de millones de pesos de Leliqs para que los prestarán a esas tasas a los empresarios (con el añadido de garantía estatal) para que pudieran pagar salarios y no cortar las cadenas de producción. Qué hicieron los bancos, inmediatamente fueron a buscar refugio en el dólar y en muchos casos girarla a sus casas matrices. Los números son contundentes y no admiten casi objeción.
Según la propia información del Banco Central, a fines de marzo los bancos habían prestado apenas $ 91.366,9 millones de esos 320 mil millones liberados.
Durante la primera semana de marzo el famoso contado con liquid cotizó muy cerca del dólar ahorro ( la cotización oficial más el 30%) o sea entre 82 y 84 pesos.
Transcurriendo la segunda semana de marzo cuando se empezó a sospechar la "eternidad" de la cuarentena y se comenzará a filtrar algunos detalles de la negociación de la deuda pegó el primer salto moviéndose entre los 86 y los 89 pesos.
Llego abril y la liberación de pesos, qué pasó el CCL voló y creció una semana el 16% y la otra el 10% llegando a los niveles de estos días. Los únicos con pesos contantes y sonantes para adentrarse en es esa aventura fueron los bancos, de por sí o través de los fondos de inversión que manejan. Una vez más negaron los paraguas cuando llueve ante la vista pasiva de quién debía controlar que se cumpliera la orden dada.
Quemado con fuego y sabiéndose con la lupa encima del propio presidente el viernes el Central emitió una circular ordenando a los bancos que en solo 48 hs deben tener acreditado en las tarjetas de crédito de los beneficiaros que lo soliciten el crédito a tasa cero dispuesto para monotributistas y autónomos y a quienes no posea tarjeta emitirles en tiempo récord un plástico. El único requisito que tendrán que cumplimentar los bancos es entrar a la página de la AFIP y consultar si el cliente es beneficiario o no del préstamo.
Otro de los frentes que el Gobierno debe velar, mientras Martín Guzmán pelea con los Fondos de Inversión la aceptación de la oferta de la deuda, es el de los precios en la Argentina indisolublemente atados a lo que productores y comercializadores cree que vale el dólar y no a lo que vale.
Si bien en mercado que marca el valor del dólar paralelo ( y más en esta ocasión que no hay movimiento minorista) apenas alcanza 3 o 4 por ciento de lo que mueve el oficial se sabe que en la Argentina con la ayuda de los generadores de opinión se toma como palabra santa maximizando las ganancias de los más poderosos. Ejemplo lo que está pasando con el único fabricante de hojalata para las latas de productos alimenticios que está cobrando, ante la pasividad del Estado, su materia prima a precio dólar de 100 mangos, aunque el importe su materia prima a 63.
No hace falta decir que lo mismo se repite en varios rubros poniendo en jaque los precios de los artículos básicos de consumo que siguen en aumento. El Ejecutivo tomo nota y anunció un pago suplementario para los beneficiarios de la Tarjeta Alimentar, pero lo ideal sería que se fuera con todo el peso de las leyes que hoy no se cumplen contra quienes siempre encuentran una manera de especular, algo que jamás podrían hacer en los países con los que sueñan parecerse esos personajes ya míticos de la economía argenta.
Las dos pandemias se ensañan por estas horas con el globo, si bien ponemos la mirada en la Argentina la realidad es que esta crisis no perdona a un mundo convulsionado y que aún no encuentra una respuesta cierta a cómo combatirlas ni cómo rearmar un futuro que no se parecerá en nada a los tiempos en los que nos tocó vivir.