Un nuevo fantasma asoma en la economía argentina, las Leliq. La "solución" que encontró el gobierno tiene más de palabras de aliento para un enfermo terminal, que de medicina para recuperarlo.
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La caída comienza a extenderse
La carrera de tasas terminó el viernes en 74%, generándole un increíble negocio a los bancos de plaza que toman depósitos al 50 %, e inmediatamente se los colocan al BCRA a 25 puntos más. En una semana pueden ganar lo que esos depósitos les darían en un año en cualquier país normal, de esos en que el gobierno admira.
Una cuenta que se difundió estos días asegura que ya el BCRA esta pagando más de 1.500 millones de pesos de intereses por semana, un número a todas luces insostenible ya no en el mediano plazo, sino en el cortísimo plazo.
Desde los mentideros oficiales aseguran que la situación es más manejable que con las LEBACs porque están en manos de los bancos y no de fondos de inversión y ahorristas y además es la mitad del monto de la masa de papelitos que había generado Sturzengger.
Pero olvidan dos datos fundamentales: primero, las Leliq pagan el doble de tasas que sus antecesoras. El segundo que la política de permitir remunerar los encajes mediante estos bonos hace que en realidad lo que está en los bonos sea la plata de los ahorristas y no "de los bancos".
Es lógico que estas "pequeñas" diferencias sean "olvidadas" por los relatores oficiales a la hora de querer defender la decisión político-económica del Gobierno de la Alianza Pro-UCR-FMI, de acompañar al cementerio al mercado interno y la producción industrial como forma de parar la inflación, controlando el dólar y secando la plaza.
Las consecuencias ya dejaron de ser una cuestión de análisis político, los números reflejan muy rápido una realidad incuestionable. La cantidad de cheques rechazados llegó al número más alto desde la crisis del 2001 multiplicado en un 100% desde fines del año pasado. Según el INDEC la actividad industrial cayó un 5,6% interanual, y en el periodo enero-septiembre acumula una caída de 0,8%. Desde la UIA aseguran que a fin de año acumulará una caída de 2,5%.
El Instituto del Trabajo y Economía informó su indicador mensual de consumo, que se desplomó un 5,6% interanual, en sintonía con lo que informaban desde el sector supermercadista donde midieron un desplome de las ventas en hipermercados de entre el 5% y el 6%, con un dato preocupante: también cayeron en el mismo rango las ventas en los mayoristas que hasta ahora venían refugiando el consumo, sobre todo familiar.
Tiene también una explicación esta profunda pérdida. La Universidad de Avellaneda dio a conocer su informe sobre el aumento de la canasta alimentaria básica y la conclusión es que su costo creció un 42,5% en los últimos 12 meses.
La política económica puesta en marcha a partir de la necesidad de reformular el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y acceder a dólares frescos para cumplimentar las obligaciones básicas del pago de deuda, garantizar la toma de ganancias de los capitales especulativos y no modificar un ápice la suicida política de divisas para todos, no tiene otro destino que el peor para la producción industrial y el futuro de las PyMEs y de los ciudadanos.
En la semana especulábamos en Radio Andina sobre que si al gobierno le salía bien este experimento de bajar el dólar e inflación vía secar la plaza, sería un desastre para los ciudadanos de a pie y para los pequeños y medianos empresarios, efectos que ya se comienzan a ver. Pero si salía mal, también sería un desastre porque el dólar se dispararía sin control y el camino a una super inflación no tendía retorno.
Sin embargo, también puede ser que, como pasó el último jueves, los dos escenarios empiecen a mostrar que pueden unirse y el resultado sea aún peor, ya que es el propio equipo de gobierno que apuesta a no cambiar una coma del guion y propicia él mismo la escalada inflacionaria con aumentos permanente (y ya injustificados) de servicios y energía.
Los efectos empiezan a hacer mella más fuerte en Mendoza, las noticias de esta semana de ALCO y Canale son apenas la muestra en los grandes medios nacionales de algo que los productores locales vienen denunciando desde hace meses, ante el silencio de los ejecutivos respectivos.
Un claro ejemplo es lo que pasa en el sector vitivinícola. Desde la última reunión con el Presidente de la Nación no hubo una sola comunicación por parte el Estado con el sector, ni una respuesta a los reclamos y sugerencias que el sector propuso.
Recién el jueves se vieron las caras por primera vez en un evento social (la inauguración de Vinos y Bodegas, en La Rural) el secretario de Agricultura Luis Etchevehere y el presidente de Bodegas de Argentina Walter Bressia. Después de la foto oficial, se quedaron en un apartado charlando largo y tendido los dos, junto al gerente de bodegas Juan Carlos Pina y algunos minutos después se sumó el presidente de la CoViAr, Angel Leotta.
Informalmente habrían acordado un pronto encuentro para buscar alguna respuesta ante una cosecha que se acerca en el peor de los escenarios respecto al consumo interno y la exportación.
La macroeconomía comienza a pegar fuerte en las provincias que además de apagar incendios, tendrán que hacerse cargo de los subsidios al transporte y la energía y encarar negociaciones salariales después de un año con 40 % de inflación y sectores productivos atravesando una crisis que ya algunos comparan en números con el 2001.