Los mendocinos sabemos mucho de elogios presidenciales. El mendocino, que suele dudar de antemano, que suele inclinarse, a veces, por el prejuicio antes de esperar los hechos concretos, también suele ver aquello, ayudado por la realidad antes que nadie, que cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía.
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Cuando las limosnas y las palmadas han significado disgustos
Algunos años atrás -los suficientes como para tener el acontecimiento bien fresco en la memoria de casi todos-, la por entonces presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, se deshizo en elogios hacia el gobernador Francisco Pérez. Ambos venían de asumir sus mandatos, en la nación y en la provincia. La presidenta lo hacía por segunda vez y Pérez estrenaba el traje de primer magistrado provincial y todo a su alrededor eran sonrisas y felicidad.
Cristina, que alcanzó la reelección en el 2011 con índices de adhesión insuperables e históricos, había reunido a los gobernadores frente a su trono y en ese contexto, en el de un acto mezcla de formal protocolo con el de los festejos folclóricos típicos de victorias electorales holgadas y soberbias, monologó unos cuántos minutos hasta que lanzó ese recordado: "Paco, ese joven gobernador brillante que hoy nos acompaña". Aquellas palabras tuvieron impacto nacional, pero en Mendoza estremecieron. La reina había mencionado a uno de los tantos príncipes que danzaban a su alrededor. Ese único, entre todos, era el mendocino, a quien rescató entre tanta fauna de viejos caudillos que la cortejaban. Luego no volvería jamás a mencionar, al menos en público, a Pérez por el más familiar e íntimo "Paco".
Un año después, Cristina destinaría otro elogio al mandatario mendocino en ocasión de una reunión con su par chileno Sebastián Piñera. Y el mimo a Pérez, en aquella ocasión resultó ser indirecto. José Luis Gioja, por entonces gobernador de San Juan, reclamaba en esa cumbre el llamado a licitación del túnel de Agua Negra. Y lo hacía enfáticamente en cuanta ocasión tuviera. Fue tanto el ruido del caudillo sanjuanino que Cristina, en público, le tiró un dardo con un "no te pongás nervioso, José Luis", al mismo estilo de Néstor cuando le dijo "¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso?". Tras esa intervención, la presidenta se inclinó por reclamarle a Piñera prioridad sobre el paso Cristo Redentor, más que por la alternativa sanjuanina. Hoy, el túnel de Agua Negra camina con la vertiginosidad de un rayo.
La historia de lo que siguió es más conocida. Cristina tomaría distancia de Mendoza y humillaría a Pérez en todo cuanto pudiera y donde fuera hasta el final de su mandato en el 2015.
Ayer, Mauricio Macri, en su visita a Mendoza por quinta vez siendo presidente, mimó tanto al gobernador Alfredo Cornejo que le sugirió a la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner, al frente de una provincia que se cae a pedazos, quebrada y con una constante agitación social en las calles, que si quería ver un ejemplo de buena gestión se fijara en Mendoza y en lo que hace Cornejo en la provincia. El mendocino infló el pecho y sonrió, mientras Macri le pasaba un brazo por atrás, a la altura del hombro, como palmeándolo.
Claro que Pérez no es Cornejo, ni mucho menos a la inversa. Claro que Cornejo, en 16 meses de gestión ha demostrado ser propietario de otro estilo de gobierno y de conducción. Claro que ni por asomo se puede asimilar el poder construido por el gobernador mendocino con lo que hizo desde la gobernación su antecesor. Claro que no son la misma cosa, pero bien vale el esfuerzo por traer aquellas anécdotas que, en su momento, como quizás ahora, pueden volver a despertar en algunos incautos que entre la nación y la provincia ha comenzado a gestarse una relación de la que Mendoza saldrá, inevitablemente beneficiada por donde se la mire.
Si esta suerte de relación estrecha, de profunda sintonía política y empática, entre Macri y Cornejo se traduce con el tiempo en algún tipo de beneficio extra hacia Mendoza, se verá con el tiempo. Pero nadie puede abrigar, en su sano juicio, que la peste ha terminado para Mendoza o que ha comenzado a sacarse la mufa, si es que ha existido sobre la provincia durante los últimos años.
Cornejo puede caer, también, en un microclima complicado que muchas veces impide ver lo que pasa en realidad a su alrededor. Ayer mismo, resultó muy curiosa y llamativa la columna editorial del diario La Nación, íntegramente dedicada a los resultados que el diario califica como muy positivos de la gestión de Cornejo en Mendoza. Lo que ocurre aquí -compara el diario-, no pasa en ningún distrito provincial a los que cuestiona por incrementar sus plantas de personal, el alto déficit y el escaso apego al orden que sí tiene Cornejo al frente de Mendoza, se señala en una columna notablemente crítica contra los populismos que gobernaron el país y a muchas provincias hasta el 2015.
Mendoza tiene serias dificultades y no hay reestructuración del gasto y ni un reordenamiento administrativo del Estado que alcance para aliviar las penurias de ciento de miles de personas que hoy la habitan y que no han sido beneficiadas con el plan económico impulsado por Macri a nivel nacional.
En poco tiempo más no alcanzará con que Cornejo, ni el propio Macri, sigan afirmando que reconocen los sinsabores y dificultades por las que pasan muchos mendocinos, como otros argentinos que les ha caído en suerte habitar las economías regionales no alcanzadas por las reformas. Se reclamarán resultados y hechos contantes y sonantes.
Tener los pies sobre la tierra es lo mejor que le puede pasar a Cornejo. Y a quienes, luego del gesto de ayer de Macri y de la editorial del diario La Nación, creen ver que se han terminado los años de miseria para la provincia y que de ahora en más se despega mágicamente, sugerirles -con respeto-, que el desarrollo no lo decreta una palmada en el hombro del presidente hacia el gobernador, ni mucho menos unas líneas edulcoradas en un diario influyente. Porque muchas veces esos gestos han terminado significando lo contrario.