Según el catolicismo, Dios existe y además de infinitamente bueno e infinitamente poderoso es omnisciente: ve y conoce absolutamente todo, hasta el más ínfimo detalle, tanto las cosas pasadas como las presentes y futuras.
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¿Dios perdona a los curas pederastas? La Doctrina de la Salvación y el caso Próvolo
¿No debería ser tal convencimiento estímulo suficiente para que los cristianos transcurran por la vida sin hacer ninguna maldad? Es decir: ¿cómo puede tener ganas de portarse mal alguien convencido que cada ínfimo detalle de su vida (desde ir al baño hasta lo que sueña por la noche) está siendo monitoreado por una inteligencia superior infinitamente buena e infinitamente poderosa y de cuyo juicio y castigo es, por definición, imposible librarse?
El "padre" Horacio Corbacho, imputado en la causa en que se investiga abuso sexual de niños sordomudos en el Próvolo de Mendoza.
Leé lo que ocurrió esta semana en el Caso Próvolo, en Sitio Andino: "Duras declaraciones del abogado de las víctimas contra la Iglesia", en este link.
Contrariamente a lo que cabría esperar, sin embargo, la creencia en un Dios súperpoderoso (que ve y sabe todo y a quién el mal repugna sobremanera) no parece surtir en las cabezas católicas ese efecto disuasorio. Y un ejemplo bastante elocuente de este fenómeno podría ser que las sociedades más devotamente católicas del mundo (como las latinoamericanas o africanas) son precisamente las que tienen mayor nivel de criminalidad, corrupción y promiscuidad en el mundo.
Hay un ejemplo todavía más elocuente en la Iglesia católica -y que lamentablemente a los mendocinos nos ha tocado muy de cerca a raíz del caso Próvolo- como es la gran cantidad de sacerdotes católicos que practican la pederastía. Con casos probados en todo el mundo.
Leé más en SITIO ANDINO, aquí: Caso Próvolo, pese a los pedidos de libertad los acusados seguirán detenidos hasta el juicio
¿Alguna vez se preguntaron cómo es posible que estas personas no vean una contradicción entre su dedicación completa a Dios y la práctica de un crimen tan aberrante como es la violación constante y sistemática de niños inocentes? La respuesta es muy simple: en el universo católico, tal contradicción directamente no existe.
De acuerdo a la Doctrina de la Salvación no importa que tan abyecto y ruin haya sido un católico a lo largo de su vida, basta que aunque sea un minuto antes de morir se arrepienta sinceramente de sus malas acciones para quedar reconciliado automáticamente con Dios y recibir su perdón absoluto (Catecismo nº 1033 y Compendio 395).
El Instituto Próvolo, para niños sordomudos, está ubicado en Luján. Dos curas, una monja y al menos tres civiles están imputados por abuso de menores.
Efectivamente: hagan lo que hagan, y lo hagan las veces que lo hagan, el catecismo dice que las puertas del Cielo esperan abiertas de par en par a los curas pederastas a condición que sientan remordimiento. ¿Por qué habrían de tener entonces ganas de contener sus inclinaciones perversas en esta vida si la religión a la que se dedican por completo les proporciona una salida fácil para zafar en la próxima vida (la que realmente cuenta para ellos) de la consecuencia de sus acciones?
Una cosa tiene que quedar claro, pues, sobre el universo católico: la más fundamental de sus doctrinas (la de la Salvación) ofrece una excusa perfecta para portarse mal. O, por lo menos, no ofrece excusas serias y sólidas para portarse cada vez mejor. Si no empezamos por entender esto, no entenderemos nada sobre las aberraciones que pasaron puertas adentro en el Instituto Próvolo de Mendoza y del flagelo de la pederastía sistemática en el seno de la Iglesia.
*El autor es historiador y analista religioso