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Lo inaceptable: en Mendoza prendieron fuego a un indigente

Un grupo de personas intentó quemar a un hombre que dormía en la calle. La violencia que nos duele como sociedad. Tal vez llegó el momento de preguntarnos qué nos está pasando.

En la noche del sábado, en pleno centro de Mendoza unos inadaptados prendieron fuego a un indigente. El aberrante ataque ocurrió en avenida Las Heras, entre 25 de Mayo y Chile, cuando una familia que pasaba en ese momento pudo ayudar al hombre y apagarlo con sus propias manos, lo cual les ocasionó quemaduras leves también.

El hombre, que estuvo internado un día y solicitó el alta voluntaria, dormía en la calle cuando un grupo de personas que pasaban por el lugar encendieron bolsas de basura y se las arrojaron. Luego se informó que los cartones sobre los que dormía la víctima se encendieron y también su ropa, con lo que la gente que lo socorrió le salvó la vida al ayudarlo a apagar las llamas.

Uno se pregunta qué le pasa por la mente a una persona, sea adolescente, joven o adulto, para hacer algo así. Y en qué tipo de sociedad nos estamos convirtiendo, que es capaz de engendrar esta violencia y maldad absoluta.

Porque esto, como tantas otras muestras de violencia, nos toca. Nos toca de lleno.

El femicidio de Marina Bedia, cuyo cuerpo fue hallado en partes en Corralitos, conmovió a la sociedad mendocina esta semana. Foto: Yemel Fil.

No nos hagamos a un lado, echando la culpa a la Policía, al Gobierno o a "los planes sociales que han engendrado vagos". No nos hagamos a un lado diciendo "en mi familia no pasa", porque todos somos parte de este gran pueblo que es Mendoza. Pueblo como conjunto de personas; como gente que vive en un mismo territorio y comparte cultura, costumbres, formas de pensar. Esto nos toca, como comunidad.

Por supuesto que no todos somos violentos. Tal vez ninguno de nosotros hubiera cometido jamás la aberración de prender fuego a otra persona. Pero no es sólo eso, es la gente que se baja de su automóvil y ataca a un desconocido por que tal vez lo rozó en un semáforo; son los chicos que van a la escuela armados con un cuchillo o una navaja con la cual infunden temor; el que atropella y se fuga; el que pasa semáforos en rojo hasta que en una esquina provoca un accidente; el que mata; el que hiere; el que abusa; el que le falta el respeto a sus padres, a sus abuelos, a sus maestros, a sus hijos...

Es eso, en definitiva. La falta de respeto por cosas que deberían ser sagradas y que para mucha gente ya no lo son. Los niños deben crecer en un ambiente sano, bien alimentados y aprender valores desde el hogar, para luego educarse en la escuela. Y sin embargo, como sociedad, nos acostumbramos a los titulares que hablan de niños que fueron víctimas de abuso en sus casas, en sus vecindarios o en lugares que se suponían seguros, como el Instituto Próvolo de Luján donde curas y laicos violaron durante años a niños sordomudos.

"Ni un abuso más". Las marchas por las aberraciones ocurridas en el Instituto Próvolo provocaron que los mendocinos también salieran a la calle pidiendo justicia. Foto: Cristian Lozano

Qué pasa con las mujeres que son maltratadas. Qué pasa con niñas como Johanna Chacón, aún desaparecida, o Trinidad, la pequeña de 8 años violada, asesinada y cuyo pequeño cuerpo fue quemado en Beltrán. O con las Janet, Julieta, Norma, Patricia, Florencia, Claudia, Marta, Vicenta, Marina, entre muchas otras, asesinadas por sus parejas, ex parejas o, como en el caso de Ayelén Arroyo, por su padre -abusador y asesino-.

Como sociedad no podemos permitirnos acostumbrarnos al horror. La indiferencia es un cáncer tanto o más peligroso que la violencia. El diálogo, la educación, el trabajo, la solidaridad, las buenas costumbres, tienen que volver a ser los pilares de crecimiento del pueblo mendocino, que fue reconocido dentro de la Argentina por la limpieza de sus calles, por la belleza de sus paisajes pero, por sobre todas las cosas, por la nobleza de su gente.

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