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opinión

Ceguera o planificación

Vale preguntarse qué más, cuando parece haberse cumplido todo, si también sumamos el claro avance contra el salario real vía pauperización de paritarias contra inflación. El qué más, quizás pueda ser dejar el condicionante a futuro.
Por Marcelo López Álvarez

La ñata contra el vidrio, como el pibe en la vidriera de la juguetería o como cada vez más argentinos frente a un plato de comida, así le toca mirar al Gobierno los números de la economía, que decididamente le dan la espalda.

Según definición gubernamental, el INDEC de Jorge Todesca y sus planillas de Excel y Power Point, serían una muestra de kirchnerismo explícito obstinados en terminar con el gobierno de Mauricio Macri.

La reflexión por el absurdo sirva para advertir - como lo explicitábamos la semana pasada- que esa parece seguir siendo la única respuesta política que tiene el Ejecutivo y sus seguidores, ante la catarata de "malas noticias" que deben enfrentar a diario. La etapa del discurso de la esperanza parece agotarse, solo el núcleo muy duro del macrismo, los que responden a la CEOpolítica, son los únicos que sostienen que la luz al final del túnel, anunciada alguna vez por la Vicepresidenta, es el sol y no el tren que viene de frente.

La industria, según los números oficiales del INDEC (ver gráfico) anotó su decimotercera caída consecutiva, 13 meses de absoluta recesión productiva que tapa con tierra el argumento oficial que las inversiones no llegan porque hay muchas protestas en las calles y temor por - otra vez - el kirchnerismo.

La verdad es que las inversiones no llegan fundamentalmente por dos razones absolutas. La primera: qué sentido tendría una inversión productiva en un mercado en retracción permanente, sin competitividad externa por la propia situación internacional y con ya casi la mitad de su capacidad productiva ociosa.

La segunda, es netamente capitalista y da el carácter a las únicas inversiones que llegan hoy a la Argentina: capitales especulativos. Cinco de cada nueve dólares que entran a la Argentina son golondrinas que aterrizan en la timba financiera que hoy otorga un rendimiento anual de más del 20 % en dólares. Quién pondría un verde en una maquina sin mercado cierto ni interno ni externo, si la timba financiera da sin esfuerzo jugosos dividendos.

En ese contexto la caída anotada por el INDEC no debe sorprender. Queda una esperanza y es que el sector alimentos y bebidas debería repuntar fuertemente en marzo, ya que según la versión oficial avalada por el propio Presidente del Banco de la Nación Argentina y varios legisladores, el más del millón de personas que se movilizaron estas semanas los hicieron por el choripán y la gaseosa, lo que garantiza ventas millonarias en el sector y frigoríficos trabajando a pleno.

Junto con los índices industriales, el INDEC también anunció esta semana que el brote verde de la construcción tan temerariamente afirmado por los funcionarios se secó tan rápido como los anteriores, se anotó una caída interanual del 3,4 %. No hay más obra pública que algunos asfaltos (único rubro que mejoró notablemente respecto a 2016, 104 %) aunque aquí también se debe hacer una aclaración, no es que el gobierno haya desatado de repente una locura por el asfalto, apenas comenzó con alguna obra más bien menor y algún impulso a provincias y municipios para que asfalten alguna calle o ruta y puedan mostrar algo. La explosión se da porque se compara con febrero de 2016 cuando el Gobierno, recién llegado, congeló toda la obra pública para revisar posibles actos de corrupción. El resto de las variables anotan caídas que para algunos sectores y fabricantes, comienzan a ser insostenibles.

La persistencia del Gobierno en defender los números y hasta mostrarlos como recuperación o comienzo de ella empieza a desatar en algunos círculos intelectuales y políticos un interesante debate sobre si es ceguera o planificación.

El debate plantea como eje básicamente si el núcleo fuerte del Gobierno, los CEOcratas que se sientan en la verdadera mesa de decisión, están interesados en conservar el poder más allá de 2019 e incluso, si están interesados en la elección de medio término.

La línea de pensamiento se completa con la certeza de que el objetivo de poder se puede desarrollar en dos o cuatro años y que la mayoría está ya realizado. Esto es consolidar y mejorar las posiciones dominantes y recuperar lo perdido.

Un rápido paneo por las decisiones tomadas en 15 meses parece darle la razón a quienes así lo plantean. Devaluación, vuelta descontrolada al endeudamiento y a los centros financieros internacionales, apertura de patentes a laboratorios estadounidenses, fin y baja de las retenciones, junto con ampliación del plazo de liquidación de divisas, devolución del negocio del fútbol, destrucción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, entrega del espectro 4G, desarticulación de la política aeroespacial y satelital y alquiler de la órbita, apertura de cielos en la aeronavegación, desarticulación de los programas oficiales de salud y medicamentos, ataque a la educación pública, libre disponibilidad de utilidades de las multinacionales, aumento de tarifas, liberación indiscriminada de las importaciones, destrucción del Mercosur, realineamiento inmediato con Estados Unidos, remilitarización con hipótesis de conflictos internos basados en el narcotráfico y el terrorismo internacional, entrega del ProCreAr a la banca privada y cientos de etcéteras, que harían este párrafo interminable.

Vale preguntarse qué más, cuando parece haberse cumplido todo, si también sumamos el claro avance contra el salario real vía pauperización de paritarias contra inflación. El qué más, quizás pueda ser dejar el condicionante a futuro.

A quien le toque en suerte gobernar el país después de este periodo, deberá enfrentarse a un conglomerado de factores de poder concentrados que manejarán pocas cabezas y que, sin dudas, condicionarán a los futuros poderes institucionales por largo tiempo.

El cómo manejar esas tensiones inevitables que se producirán en el futuro, es el gran desafío que tienen quienes estén dispuestos a dar la batalla por el poder en los próximos tiempos.

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