En el peronismo no son pocos los que, molestos, indignados e impotentes, decidieron tragarse el sapo del acuerdo alcanzado entre sus intendentes y el gobierno de Alfredo Cornejo por el presupuesto del año que viene.
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Más que aval para el gasto, Cornejo consigue gobernabilidad
Entre los que se sienten algo así como violentados en su dignidad y orgullo frente al avance arrollador de Cornejo, hay que contar a legisladores varios de las distintas corrientes que le dan vida al movimiento en la provincia y también dirigentes con más o menos protagonismo. Hay de todo. Claro que buena parte de la militancia tampoco entiende lo que considera una entrega en cuerpo y alma al político que hoy comanda los hilos de la provincia, el gobernador.
Para entender al menos en parte lo que ha ocurrido en la Legislatura, con los intendentes del peronismo prestándole apoyo al gobierno para la media sanción del presupuesto del 2017, hay observar la situación de la provincia, la de las comunas y, por supuesto, la necesidad de mantener un clima de gobernabilidad.
Eso es lo que los intendentes le han dado a Cornejo este miércoles: gobernabilidad, desde ya, para nada gratuita tampoco. Porque le arrancaron a la pauta de gastos la garantía de una serie de recursos que tenían un rumbo difuso y que en gran medida ahora irán hacia algunas de las comunas que administran.
Se trata también de supervivencia política cuando se navega en un mar embravecido y cuando se acerca la época de una nueva cosecha en Mendoza que no dejará mucho por repartir. Porque es probable que no haya un precio más o menos acomodado, ni tampoco producción. Y porque en las comunas, especialmente en la más alejadas, no habrá otra alternativa que ir a golpear las puertas de los despachos de los intendentes. Las heladas y el granizo han vuelto a ralear la producción. En ese contexto, como el que se avecina una vez más, ganan siempre los grandes, los de espaldas más anchas mientras que los chicos, productores de entre 5 y no más de 10 hectáreas, agravarán su incertidumbre, sumado a que el comercio también se verá afectado por la caída del consumo y la escasa cantidad de circulante por las calles.
Sin mayores márgenes de maniobra como para cambiar de plano el rumbo de la situación económica que se arrastra por varios años, Cornejo utiliza los recursos líquidos con que cuenta para sumar a los intendentes; a todos, no sólo a los opositores de los que ha conseguido el apoyo en la Legislatura para destrabar la discusión por el presupuesto. Y esa maniobra, junto a otras entre las que se destaca el envío de fondos directos a los intendentes para afrontar los gastos de la cosecha, el gobierno ha conseguido el aval de todos ellos garantizándose a sí mismo la gobernabilidad por lo menos hasta el año próximo.
En el peronismo las quejas que se han levantado frente a la actitud, que entienden sumisa de parte de sus intendentes, apuntan a que Cornejo está holgado con los recursos para administrar el Estado. Porque contaba con autorización para tomar deuda para este año y el que viene y que ahora suma más avales para incrementarla. Y creen ver en Cornejo la visión de un gobernador que se ha concentrado en los grandes centros urbanos, como el Gran Mendoza, que es donde se asienta la mayor proporción de votantes para los que está gobernando con más atención y a los que necesitará para las elecciones del próximo año. Pero eso hoy en el peronismo es una postura e interpretación carente de poder, porque si bien el poder dentro del movimiento hoy no lo tiene nadie en particular, al menos coquetea entre los que están gobernando. Y hacia allí apunta Cornejo.