La revolución que se viene gestando desde hace años en tierras europeas de sociedades cada vez más discriminatorias, cerrándose los países fronteras adentro en políticas económicas y de subsidios para aguantar sus crisis, llegó a tierras americanas.
- Sitio Andino >
- Opinión >
Contramano
El particular sistema electoral americano que proclamará a Donald Trump en pocos días como el presidente número 45, le dio más votos a Hillary Clinton. Sin embargo el magnate de New York será el sucesor de Barack Obama.
La llegada de Trump al poder no es aislada, se da en un contexto de economía mundial que se oculta obcecadamente en estas Pampas en pos de intereses particulares.
Ese contexto no es otro que el de marcados proteccionismos que se imponen a partir de crisis globales que ponen en juego liderazgos y también de sociedades que buscan cómo protegerse a sí mismas, muchas veces con marcados egoísmos clasistas y hasta racistas.
Hace ya varios años que el proceso de derechización europeo tiene como base el discurso de defensa de su trabajo, producción, fronteras y la supuesta recuperación de su prosperidad económica.
El Brexit británico hasta ahora había sido el mayor impacto, sin embargo la decisión de la sociedad norteamericana (a pesar de su debatible sistema) va en esa dirección. Incluso si Trump no hubiera llegado a la presidencia, está claro que ya había ganado. Su discurso cuestionable, revulsivo, xenófobo cambió la forma de mirar el mundo de una parte importantísima de ese universo que fija agenda global.
Nos esperan meses inquietantes a nivel mundial, de convulsión económica y prevención de mercados y capitales. La relación del Imperio con la globalización es toda una incógnita, hasta dónde el sistema norteamericano y su propio partido dejarán avanzar las ideas del nuevo mandatario, son interrogantes sin respuesta.
Lo que sí tiene respuesta es que las voluntades de las sociedades con más oportunidades económicas parecen avanzar en el sentido estrictamente contrario al encarado por el gobierno de nuestro país. El libre mercado mundial y las fronteras abiertas a la llegada de productos de cualquier latitud que pregona el macrismo, aparecen como ideas muy alejadas de las que hoy se imponen.
Por derecha y por izquierda el mundo parece avanzar a paso redoblado al proteccionismo, la defensa de las producciones locales y los subsidios desmedidos para garantizar mercados y competitividad. Mientras aquí, las importaciones se siguen disparando y la destrucción del mercado interno y el trabajo es ya inocultable.
El Ejecutivo Nacional sigue mostrando contradicciones insalvables entre el discurso y los hechos. Toma deuda con más velocidad que la del gobierno anterior para emitir, recurre a las cajas internas con una voracidad que ni el mismo kirchnerismo mostraba.
El proyecto de desfinanciar la ANSES para avanzar hacia la privatización del sistema jubilatorio es ya incuestionable, ni al más osado de los soldados kirchneristas se le hubiera ocurrido tomar mil millones de dólares de la ANSES a tasa cero -como lo hizo el ministro Prat Gay el jueves último- y apenas horas después, tomar otros 25 mil millones de pesos del Banco Nación.
La generación de un nuevo relato cada vez más alejado de la realidad es tan ostensible, que hasta a los medios más cercanos a la política oficial les es difícil escamotear la información.
La inflación no logra ser controlada, los compromisos asumidos en la interminable campaña de varios años de desprestigio hacia el Gobierno anterior, hoy son cumplidos contra viento y marea y no condicen con los asumidos en la campaña con los votantes. La sensación de que los títulos permanentes brindados por la alianza judicial mediática ya no alcanzan es inocultable.
El Gobierno de Mauricio Macri parece haber adoptado un camino que en el mundo de hoy aparece en retirada, el interrogante es si estará en condiciones y tiene la voluntad de corregir el rumbo. A juzgar por las acciones y omisiones se podría pensar que no, la voluntad ciudadana en una democracia, que a pesar de muchas imperfecciones es inmensamente superior a la de los guardianes del mundo, tiene la última palabra.