La industria vitivinícola se pinta la cara para una guerra anunciada. Solo la ilusión política de quienes creyeron que realmente el Gobierno se iba a ocupar de las economías regionales y la producción nacional puede justificar cierta sorpresa que mostraron algunos actores esta semana.
- Sitio Andino >
- Opinión >
A pintarse la cara...
Fin de año es demasiado pronto y precisamente con el brindis se acaba la "exención" de impuestos internos a los espumantes, una virtuosa decisión consensuada por la Industria y la administración anterior que fue la bandera de largada para el crecimiento y explosión de eses mercado que era casi inexistente en la Argentina y creció en varios cientos porcientos y fue caballo de tiro en momentos difíciles de la industria.
Pero no solo el Gobierno Nacional no hace nada porque el Parlamento de características definitivas al canje de impuestos por inversión de los espumantes, ya es un secreto a voces que sectores importantes del Ejecutivo amarillo se preguntan por qué el vino no paga impuestos internos cuando otras bebidas sí.
La movida para que el vino comience a pagar ya tiene un estimativo -4 por ciento- y es liderada por el mismísimo ministro de Economía Alfonso Prat Gay y el presidente de la Comisión de Presupuesto de Diputados Luciano Laspina, un joven economista santafesino de dudosos conocimientos sobre la producción del país y que llegó a la banca cuando el PRO prefirió despachar al cómico Miguel Del Sel a realizar los trámites bancarios del presidente y gran parte de sus funcionarios y amigos a Panamá.
Más allá de que esta sobrado en justificaciones el por qué el vino no debe pagar impuestos internos desde lo alimentario, la ley de Bebida Nacional o el gran valor agregado que posee por sobre cualquier otra industria de las bebidas, está claro que no alcanza. El poder de lobby de otras bebidas y provincias es muy fuerte, sumado a la inmovilidad del Gobierno mendocino y legisladores que salvo Luis Borsani, algo Anabel Fernández Sagasti y Alejandro Abraham, parecen adormecidos con el tema.
Representantes de la industria han paseado por varios despachos porteños en los últimos días, el objetivo es que Diputados de sanción definitiva a los beneficios de trastocar impuestos en inversiones que se vienen prorrogando anualmente por decreto y poner al Ejecutivo entre la espada y la pared para ver si veta o reglamenta la ley. Lo cierto es que si bien los enviados escuchan voces a favor la ley no se vota y los días pasan.
Como si fuera poco hay una batalla que parece perdida; la de la comunicación, el discurso que este es el gobierno de ricos que saca el impuesto al champagne hace ruido en los políticos que prefieren no sufrir ese "escrache". La irresponsabilidad absoluta del Gobierno Provincial y casi todos los legisladores que se desentendieron del tema, sumado al pésimo manejo comunicacional que viene trayendo la vitivinicultura desde hace años, completan la bomba.
Y la verdad que este es un gobierno para los ricos pero no por canjear impuesto por inversión en una industria que genera altísimo valor agregado, sino por la lapicera fácil para eliminar impuestos como retenciones a mineras y agroexportadores primarios y abrir rápidamente la importaciones. Allí es dónde se ve que este es un gobierno de ypara ricos que desde 1880 para aquí siempre apostaron a una reprimarización de la economía y toma de deuda para suplir la falta de generación de divisas propias.
Ese es el modelo que queda bien explícito en las medidas que viene tomando el Ejecutivo desde el 10 de diciembre y que hay que decirlo con todas las letras la industria vitivinícola que hoy protesta aplaudió a rabiar.
Ingenuamente a pesar de las advertencias que se realizaron desde varios sectores (incluido este espacio) creyeron que con devaluación y algunos puntitos de quita de retenciones solucionaban el problema. Nunca entendieron, o no quisieron ver, que las medidas profundas tomadas iban en dirección a terminar de destruir las economías regionales y cualquier desarrollo que no sea el de productos primarios.
Lo dicen permanentemente en los pasillos del Ministerio de la Producción y el de Economía, los que no sean competitivos que cierren o se reconviertan, si no nos despertamos ese será el destino y nos tendremos que acostumbrar a tomar vino chileno, español o francés, países que no tienen problema en subsidiar para ganar mercados.