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Hartos de las consignas

El elenco de Gobierno parece no entender que no será evaluado por la corrupción K y las consignas golpistas que esa secta grita a todos los vientos, sino que será examinado por los resultados de un plan de gobierno que es difuso, indeleble, amorfo o informe y de resultados más que dudosos.

El inicio de semana tiene que renovarle al gobierno, especialmente al nacional, la necesidad imperiosa, obligación si se quiere, de abocarse a la gestión. La gestión es lo único que podrá acallar las críticas que se levantan en su contra por la falta de resultados económicos y mejoras, que tardan en aparecer, en la vida cotidiana de los argentinos.

"Muchos estamos cansados y hartos de las consignas. Este es un gobierno de consignas, como lo fue el kirchnerismo y por eso, entre otras cosas, la gente lo sacó del poder". La frase, más o menos en esos mismos términos, le corresponde a quien fuera el primer Jefe de Gabinete del kirchnerismo, Alberto Fernández, reporteado en la TV nacional cuando arrancaba el fin de semana. Nada más certero, independientemente de la opinión que se tenga sobre el autor de los dichos.

Salimos de una semana plagada de consignas. El consignismo ha vuelto a dominar la escena política de los argentinos. Unos abonando, con consignas antediluvianas, la desestabilización lisa y llana del gobierno; otros, desde el mismo gobierno, apelando a que la inflación descenderá tanto en agosto que se ubicará entre las más bajas de los últimos diez años. Si fuera así, y ojalá así sea, tampoco eso aliviará las penurias de un país que se mueve al ritmo de un zombi, sin más energía que la inercia de ir sin saber cuál es, en verdad, el destino ni el horizonte que nos espera más adelante.

El drama de la mayoría silenciosa es ver que quienes están gobernando parecen satisfechos con los resultados de las encuestas que les indican, supuestamente, que mientras más se mueve el sectarismo K, ganando las calles y las plazas de la capital del país, más crece el grado de satisfacción sobre la administración de Macri.

Aunque así fuera, no deja de ser pan para hoy y hambre para mañana, para un elenco de gobierno que será evaluado no por la corrupción K y las consignas golpistas que esa secta grita a todos los vientos, sino que será examinado por los resultados de un plan de gobierno que es difuso, amorfo o informe y de resultados más que dudosos.

Ambos, la secta K y el propio gobierno, parecen necesitarse como así lo han manifestado algunos analistas del fin de semana. Aunque si fuera así, en la coyuntura, en el diagnóstico del momento del día a día, es de esperar que la sociedad evolucione con el paso de las semanas y de los meses y obligue a dar un salto de calidad a la clase dirigente. Especialmente a la clase de dirigentes y funcionarios que componen los gobiernos. Hacia esos se deben dirigir las demandas.

Algunos critican y le apuntan con extrema dureza al Ejecutivo con el fin de sacar algún rédito particularmente político. La inmensa mayoría de la sociedad, en cambio, se le tiene que plantar a la administración, pero para que reaccione y comience a salir de un estado de cosas que están, para qué decirlo, extremadamente mal.

A nivel local, la semana arranca alterada desde el vamos. El gobierno de Alfredo Cornejo va hoy por una sesión especial en Diputados con la firme intención de modificar un convenio colectivo de trabajo, el de los empleados del Casino, que tiene un valor más simbólico que impacto financiero y administrativo. Y, como si fuera poco, buscará hoy mismo ampliar los efectos del ítem Aula, un hecho político de gran impacto para los docentes de la provincia, pero que el sindicato que los representa rechaza, aunque (el adicional) se amplíe ahora a casi todo el universo de docentes, porque se opuso a su origen. Otra vez aquí la consigna. El consignismo, le gana a la inteligencia y al pragmatismo lógico. Pero el gremio es tan previsible que ya se sabe cómo reaccionará.

Las reformas al convenio colectivo de trabajo de los empleados del Casino conforman una maniobra del oficialismo para confirmar que los tiempos en los que los gremios estatales manejaban la política de recursos humanos del Estado se han terminado.

En pocas medidas o políticas, como las que encara el gobierno a nivel administrativo, la oposición encontrará más resistencia del cornejismo que en estas últimas. Porque esa política es de las pocas, sino la única, que le da sustento al actual gobierno. En todo lo demás hay grises y si no, basta con ver en qué se ha avanzado para mejorar la situación de las Pymes, de los productores, de la industria o del comercio. En verdad, muy poco.


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