No creo en el periodismo militante. Mi frase puede causar malestar, sobre todo viniendo de alguien que ha pasado por la política, pero voy a ser más cruda aún: "el periodista que milita por una bandera política, no está haciendo el papel de periodista, sino de político".
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El nuevo relato vs El periodismo crítico
El periodismo militante nació en los últimos años de gobierno kirchnerista como una manera de "hacer oír otra voz" que no fuera la de los medios concentradores de la información y de la opinión pública. Terminó convirtiéndose en una voz política, guiada desde un oficialismo que transformó la realidad argentina en un Boca-River: estás de un lado o del otro, mientras la tribuna se dividía también.
Así fue generándose la verdadera grieta en la opinión pública de la sociedad argentina. Sabido es que todos consumimos información, en mayor o menor medida, y en el envase que sea: quien no ve noticieros, lee diarios o páginas web, o es bombardeado en su mail por decenas de empresas que le envían la información que necesita... y la que no necesita también. Pero si hasta los programas de show, que pueblan las tardes en todos los canales de alcance nacional, se han llenado de comentaristas de lujo que, lejos de hablar del mundo del espectáculo, terminan opinando de las noticias más resonantes y, para sorpresa de muchos, convirtiéndose en verdaderos expertos en criminología, ciencia forense, corrupción del Estado, o lo que fuera que ocupa la primera plana de los diarios de ese día.
Mientras todo esto ocurre, un gobierno nacional bastante golpeado apenas a 8 meses de iniciar su gestión por las malas decisiones tomadas en materia de tarifas y en nulas decisiones económicas, construye un nuevo relato. Un contrarelato, podríamos llamarlo, donde todo lo que se hizo antes estuvo mal, donde no se puede avanzar un paso porque "dejaron" el camino lleno de minas de explosión tardía... donde hasta el tarifazo "no podía hacerse de otra manera" y "lo hicimos de la manera más progresiva que se podía", según las palabras del propio Presidente.
Entonces... ¿Qué papel le cabe al periodismo en esta vorágine de información y desinformación que vivimos desde hace años? ¿Y cuál al periodista?
Pues... volver a hacer periodismo, lisa y llanamente. Volver a lo que nos enseñaron los viejos maestros: redactar notas, contar la verdad, tornar entendible para la gente una noticia y hacerse las preguntas que cualquier vecino se hace cada día de su vida y que, a mi entender, son mucho más crudas que cualquier análisis hecho desde un escritorio.
El periodista debe internarse en los vericuetos de la realidad buscando aquellas cosas que no se dicen, lo que está oculto porque al poder -gobierno, oposición, partido político, gremios, poder económico- le conviene que siga silenciado. Y una vez hallada la información, entenderla, hacerla suya y luego contarla, de la forma más simple posible, para que se conozca y se haga visible. El periodista debe conocer la calle.
Vivimos en libertad. No importa lo que digan ni cuantas veces el gobierno saque de nuevo la receta de la "herencia recibida" o que desde el viejo gobierno salgan con que "esta gestión está improvisando y no sabe gobernar". Vivimos en libertad. Cualquiera de nosotros, todos nosotros, podemos pensar y opinar libremente. El periodista, además de pensar libremente, debe ser capaz de transmitir esa amplitud de pensamiento a quien lo lee o lo escucha.
Qué pequeños seríamos, como provincia, nación o como medio de comunicación, si transmitiéramos un pensamiento guiado, soslayado para que la gente escuche tan sólo una campana. Una campana tan pequeña que su sonido no hace mella en el silencio.
Qué mediocres seríamos si, como periodistas, nos pusiéramos la camiseta del color de turno o del color opositor para pararnos en uno u otro bando y agitar a la gente, con noticias que tienen colores, banderas, que responden a ideologías.
La propuesta, en Sitio Andino, es hacer periodismo. Lisa y llanamente. Periodismo a secas. Entrevistar a ambas partes, porque siempre hay dos voces en toda discusión o en todo diálogo. Bucear en las conferencias de prensa, donde todo aparece pre-escrito, pre-cocinado, pre-entendido, prejuzgado. Bucear para quitar el pre, y quedarnos con lo no entendido, lo no cocinado y, por sobre todas las cosas, lo no juzgado.
Hay muchas vallas que saltar en esta carrera. Los "conos del silencio" en que los equipos de prensa meten a los funcionarios públicos hoy en día, son uno de los obstáculos. Como nuevo gobierno, tanto el nacional como el provincial tuvieron un hándicap. Ese tiempo de descuento ya terminó, ahora hay que demostrar que se están haciendo cosas y no hay otra manera que comunicando bien, y exhaustivamente, las obras y políticas.
No habrá relato, viejo o nuevo, si no hay quien lo haga masivo. El periodismo crítico, aquel que tiene la mente y el espíritu libres de lecturas ideológicas, será capaz de entender esto.
Ver la necesidad; entenderla y convertirla en preguntas; buscar respuestas y posibles soluciones en una, dos, tres, mil fuentes... es el trabajo mínimo, lógico, inicial, minimalista del Periodista.
Entender lo que encuentre; convertirlo en un mensaje claro; darlo a conocer a través de medios simples y creíbles; dar una respuesta a esa pregunta inicial de la gente... es el trabajo amplio, el entendimiento, la virtud de ese periodista que lo hace especial.
El periodismo no debe dejar de pelear una guerra, debe ser parte de ella. Pero la parte que siempre está del lado de la gente, con la mirada crítica, la pregunta profunda.