David Ezequiel Oviedo tenía 35 años cuando el 18 de noviembre del 2014 desapareció misteriosamente tras llevar a su hija a la escuela.
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La confesión de un acusado por un sangriento homicidio en Guaymallén
El caso fue una verdadera incógnita durante un año, pero de a poco su paradero se fue esclareciendo.
A fines del 2015, los investigadores encontraron los restos del hombre, que había sido enterrado y centraron la investigación sobre dos primos, uno de ellos un ex amigo de la víctima fatal.
Ahora, cuando el fiscal Tomás Guevara preparaba el requerimiento de prisión preventiva para los acusados, uno de estos sorprendió y decidió contar todo.
Admitió su culpabilidad, dio detalles del crimen y hasta explicó cómo enterró a la víctima. Acto seguido desligó a su primo, sobre quien aseguró que no tuvo nada que ver con el hecho. Ahora la Justicia intenta confirmar esos dichos.
El testimonio
Acorralado y sabiendo que su futuro estaba en una cárcel, Darío Soto se quebró. Días atrás pidió declarar y ante la sorpresa de los investigadores admitió haber asesinado a Oviedo.
Ratificó que trabajó años con la víctima en la compra y venta de autos algo que los investigadores sabían- y sostuvo que a fines del 2014 Oviedo le debía un monto importante de dinero.
Explicó que el 18 de noviembre fue a un taller de chapería ubicado en calle Bandera de Los Andes al 11.200 de Guaymallén, donde estaba la víctima.
Que le exigió la plata adeudada y que comenzaron a discutir. Agregó que en ese momento Oviedo sacó un cuchillo y que ante esto comenzaron a agredirse.
En ese momento, Soto tomó una herramienta y golpeó en la cabeza al hombre, que quedó tendido en el suelo. Las agresiones continuaron hasta que la víctima falleció en ese mismo lugar.
Ante esto explicó que llevó el cuerpo al descampado ubicado detrás del taller y que durante horas cavó un pozo donde enterró el cadáver.
De esa forma intentó desligar su primo, José Pucherón Luna (32), quien también está detenido e imputado por el crimen.
La investigación
El crimen de Oviedo se mantuvo en silencio durante un año. Pero la Justicia comenzó a sospechar de Soto y Luna cuando ambos fueron encontrados con el auto de la víctima, un Renault Megane, 20 días después de la desaparición.
El coche había sido adulterado y Soto intentó desligarse asegurando que Oviedo le había vendido el rodado. La policía detuvo a estos individuos pero luego la Justicia, ante la falta de pruebas, liberó a ambos.
En ese sentido, la labor de la hermana de la víctima fatal, Yanina, fue clave para volver a la carga contra los sospechosos.
La joven encontró a una mujer, conocida de Soto, quien le aseguró haber sido testigo del crimen y quien le aseguró que su hermano había sido asesinado y enterrado en el taller.
Con ese relato, el fiscal Tomas Guevara lideró una serie de medidas que dieron su fruto el 28 de diciembre del 2015 cuando Científica halló el cadáver.
Fue tras una requisa en ese descampado, donde los peritos encontraron restos del cadáver y prendas de vestir de Oviedo. Esa ropa era justamente la que vestía el hombre al momento de desaparecer.
Meses después, un cotejo de ADN confirmó que los huesos eran de Oviedo. Gracias al testimonio de testigos Guevara imputó a los dos sospechosos por homicidio simple, aunque estos siempre se declararon inocente.
Ahora uno de ellos prefirió cambiar su versión, tal vez, para intentar desligar a su primo. Lo que provocó que Guevara detenga el pedido de prisión preventiva para analizar el relato y definir los pasos a seguir.
¿Creés que el otro detenido tuvo participación en el caso?