Escarbar con sensibilidad y sutileza en lo profundo de la condición humana, quizás sea el impulso que mejor define a Adriana Kozub como artista visual.
Adriana Kozub: el arte como exploración de la condición humana
El pueblo que la inició en esta búsqueda se remonta a La Escandinava, localidad de General Alvear, donde pasó sus primeros años de vida jugando y recolectando todo lo que abandonaba el agua de los surcos. Así su imaginación de niña se daba maña para construir creativas instalaciones. Más tarde descubriría dentro del circuito institucional del arte la pintura al óleo, el arte objeto y el cabello humano como canal expresivo para seguir rascando en los cuestionamientos de la existencia. En este derrotero por la construcción de identidad también se soñó actriz y estudió para ello, aunque no fue algo que perduró en el tiempo. Volvería a la plástica. En este camino Buenos Aires fue una parada importante en su formación, Europa una meta trunca y México, finalmente su destino. Su hogar.
La muestra de la artista visual Adriana Kosub se puede recorrer en el ECA hasta el 10 de agosto. Foto: Axel Lloret.
El paisaje lejano de aquella chacra en la que creció y que recordará como el momento en que más libre se sintió vuelve ahora como una imagen vívida. Hace varios días que Adriana está de regreso en su provincia natal presentando en el Espacio Contemporáneo de Arte (ECA) su última producción artística Corte Carré y la conexión con el origen se revela ante la pregunta: ¿Hay algo de Mendoza en tu arte? Ella responde: Fue una época de mi vida que si no le tendría que poner la edad que tenía, yo quisiera traspasar esa sensación a hoy y al resto de mi vida. Ahí tenía un cuerpecito chiquito, ahora mi cuerpo creció, pero esa sensación de libertad, de espacio, de introspección, de una especie de quietud de movimiento está acá en la obra y en casi todo de lo que me gustaría hacer.
De apariencia delicada, voz dulce y mirada clara. Así se delinean los trazos de la artista que se atreve a trabajar con pelo humano. La calidez se percibe desde el primer momento cuando recibe a Sitio Andino en la planta baja del espacio cultural que hoy exhibe las 22 piezas de su muestra. Habla del mate, de marcas de yerbas, como lo haría cualquier argentino radicado en el exterior, pero mientras esto sucede, resulta imposible no maravillarse por los lienzos colgados en los muros.
La exposición culmina en Mendoza un gira por varios espacios culturales de la Argentina. Foto: Axel Lloret.
Puente, Multitud, Voluntad colectiva, Éxodo, Somos, Cazadores de un mañana, Porvenir, Éxodo interior, Laberinto compartido, Resiliencia perpetua, Los carceleros de la humanidad no te atraparán, Santuario interior, son algunos de los subtítulos de esta película que propone la exposición. Son cuadros que encierran belleza y despojo al mismo tiempo, y que invitan a pensarse individual y colectivamente. En este trayecto también hay algo que no puede obviarse y es justamente el material con el que están elaborados.
La elección no es al azar y tiene que ver con la carga simbólica atribuida al cabello. El pelo como industria, el pelo como sinónimo de belleza, status. El pelo como resistencia, afectividad, revolución o contracultura. El pelo también como elemento repugnante cuando no cumple su función capilar vital.
No es poner el material por ponerlo y nada más, por lo menos para mí tiene que tener un significado, cuenta quien para llegar al resultado atravesó investigaciones y experiencias personales.
En esta entrevista Kozub nos habla de la técnica y de cómo una vez atravesada la barrera del pensamiento surge el hecho artístico y su concepto. Además, generosamente nos deja ingresar en su mundo personal y nos regala más líneas del retrato de una artista que se dibuja como un ser perceptivo a los problemas de su tiempo.
-¿Cómo surgió la idea de reconstruir identidades a partir de la carga simbólica atribuida al cabello?
- Digamos que primero surgió del cabello. Mis procesos son al revés. No suelo pensar desde el inicio (risas), soy muy impulsiva. Hay una especie de reposo posterior a este impulso en donde empiezan ciertos planteos y la investigación. Así nació lo del cabello y nació hace varios años cuando me corté mi propio cabello y cayó una trenza al piso de varios centímetros y hasta fue estruendosa la caída y dije me la llevo, es una señal. Después de dos años le di un sentido a ese material, porque no es trabajar un material distinto, al menos para mí, porque sí. Tiene que tener un por qué y lo descubrí dos años después, en una serie anterior (Sin pelos en la lengua). En realidad quería deshacerme del cabello y volver al óleo y a hacer arte objeto que me encanta y no pude. Del cabello en sí, va brotando una especie de personalidad que a veces me pregunto: "¿Tendrá algo qué ver con el propietario con el quien alguna vez convivió?". Independientemete de lo que yo crea, manifestó en mí no poder dejarlo y cada vez empecé a no a someterlo ni controlarlo sino a comunicarle al material qué era lo que yo quería, porque es muy fácil irte con este tipo de material a lo escatológico, a algo muy burdo, como que lo sutil no está muy cerca del material. Y a mí lo que resultaban de los primeros intentos no me gustaba, pero sí había algo que me gustaba que es cómo caía el material, el triturado, por ejemplo, que lo fui descubriendo después. Incluso lo he trabajado con agua. La sensación que provoca estéticamente es otra, entonces fui decidiendo qué era lo que quería y qué era lo que no quería y descartando estas pruebas.
MUESTRA CORTE CARRÉ EN EL ECA. La propuesta artística de Adriana Kozub se puede apreciar en la sala que se encuentra en el subsuelo del Espacio Contemporáneo de Arte de Mendoza. Visitas hasta el 10 de agosto. Días: de lunes a sábado de 9 a 21. Gutiérrez y Av. España de Ciudad.
"En construcción", 2013-2015, cabello encapsulado sobre tela. Foto: web de Adriana Kozub.
-Darle al pelo una función plástica
-Sí, darle una función plástica pero desde el concepto que yo quería, por esto que te decía que el cabello te lleva a vos. Por el material en sí. Por las propiedades que tiene, por el elemento en sí. Puede causar mucho rechazo, asco.
-Al cabello se le atribuyen muchos significados, pero acá hay un planteo artístico, persigue un concepto.
-Sí, hay un concepto y hay un tratamiento también. Y hay un concepto estético también, dentro de una plataforma de arte y entonces ahí hay ciertas libertades que uno se puede tomar. No es poner el material por ponerlo y nada más, por lo menos para mí tiene que tener un significado. Empecé una investigación sobre el pelo, en otras culturas y sus significados. Por ejemplo, en la época victoriana, se empezaron a usar los brazaletes con cabello, los guarda pelos, anteriormente se usaban pero en esa época eran sofisticados. Ya el brazalete era una obra de arte y era precisamente para transmitir afecto. ¿De qué manera puedo tener un poquito del otro? No era una gota de sangre, ni las uñas o un trozo de piel o tus pestañas. No, era el cabello. Entonces ya el cabello en sí tiene una connotación social muy importante que se dispara para todos lados. Es también símbolo de resistencia. Pero ahí se puede hacer una bifurcación en el sentido, porque puede ser resistencia hacia otro. Por ejemplo Las rapadas de París, que estaban acusadas de colaboracionismo nazi, bueno, las raparon públicamente y fueron humilladas. Por eso, también es símbolo de humillación, de anular esa resistencia, que implícitamente está en el material.
Poder recordar cierta condición que tiene el ser humano, que es uno de los temas que a mí más me gusta tratar en el arte, a través de este material, me dio la posibilidad de hacer esta obra, sino no la hubiera hecho con cabello. Si no le hubiera encontrado ese porqué del cabello, lo hubiese hecho con arroz. Tiene que haber un lazo, una unión. Más allá de mi estilo que es bastante clásico y unir los tiempos también, porque el cabello usado de esta manera, es de estos tiempos. Algo contemporáneo y mi forma es más académica.
"Puente", 2013-2015, cabello encapsulado sobre tela. Foto: web Adriana Kozub.
-¿Cómo fue el proceso de lograr el material?
-Lo trabajé de distintas maneras y longitudes. Algunos cuadros tienen hebras de cabello largo y muy largo, que me sirven para ciertas partes del cuadro y el resto es cabello triturado de distintas longitudes, para jugar un poco con esta perspectiva. Muy leve es lo que me puede dar el cabello hasta dónde logré descubrir qué puedo hacer. Lo corto con tijeras, lo trituro con tijeras y lo trabajo sin pegar. Es un cuadro que se puede desarmar en cualquier momento antes de que lo termine. Es todo un proceso, de replanteo de muchas cuestiones personales como artista. Yo creo que el arte y la vida van de la mano. Te podría decir que es una obra indirecta o sutil, pero hay temas que a mí me interesan y que tienen que ver con relaciones directas como las familias, el lado femenino, la cuestión de género.
-También la sociedad, hay un cuadro que tiene un pasaje de una canción de Charly García. (La obra se denomina Los carceleros de la humanidad no te atraparán", del tema No soy un extraño).
-¡Sí, sí, sí! Sos la primera que lo descubre. Te estaba esperando te diré...
*"Los carceleros de la humanidad no te atraparán". Foto: web Adriana Kozub.
-¿Por qué lo elegiste?, ¿por qué esa obra?
-A mí me gusta el contrapunto en todas las cosas, en la vida. Esa obra quise plantear la resistencia, pero de lo femenino y lo masculino. Te estoy explicando el cuadro, cosa que no me gusta, pero te lo explico. Todo ese manto de flores, donde pareciera que se asoma un cuerpo masculino que son conceptos que estamos acostumbrados a ver- como que la fortaleza es masculina, la delicadeza es femenina y yo diría, que pertenece a ambos y ambos se unen en un mismo cuerpo. Tanto el hombre cuando está en contacto con esa parte femenina, se convierte en un hombre superior y la mujer cuando no se pelea con esa parte masculina pasa lo mismo. Y hoy en día con todo este pleito de géneros, hay un problema humano, no de género, entonces ahí quise unir toda esa delicadeza y toda esa fortaleza y que no fueran atrapados. Ese era el punto más importante, que eran capaces de resistir, pero en unidad. Pero, ¿qué pasa cuando viene un tercero y bloquea todas estas energías masculinas y femeninas?, se generan pleitos de todo tipo. En la casa, escuela, entre naciones. Nos estamos matando hoy en día y todo tiene un origen. Todo lo que estamos viendo en los periódicos es consecuencia de algo, pero si empezás a tirar de la cuerda hubo algo que lo origina. Y es una decisión. Estás acá o acá. Y de cada una de las personas, entonces imaginate la inmensidad. Este cuadro tiene que ver con eso.
- En el recorrido de la muestra se refleja mucha introspección. Hay mucho despojo y la posibilidad de pensarnos como seres por fuera de los condicionamientos internos.
- Esa es la idea. Como seres originadores, acá no son seres que están en espera de. Tenemos la capacidad de originar y a veces nos lo tenemos que recordar porque estamos institucionalizados, con pensamientos institucionalizados que te dicen lo contrario y son barreras tan sutiles que no las vemos. Dicen que la manera de ocultar una verdad es hacerla increíble, cosa que te la digan algo así y no la creas y como no tenemos tiempo de observar tampoco
- ¿Qué reacciones has tenido por parte de la gente que vio la muestra?
-Pasan dos cosas. Primero está la barrera del material y cuando ya pasan ese prejuicio o esa sensación entran en la obra en sí. Me ha tocado ver en el Centro Cultural Borges una persona que venía con su familia y estaba su papá leyendo el texto y ella estaba viendo una obra Éxodo interior, que tiene una gran cantidad de materia. Era una mujer de unos 30 años y le dice: ¡Papá vení, mirá qué hermosura!, y el papá estaba leyendo el texto algo que casi nadie hace- le dice-: Sí mirá, es cabello encapsulado. Entonces ella dijo: ¿Pelo?, ¡qué asco!, y dio un salto hacia atrás y dice: ¡pero qué hermoso!, y volvió. Entonces hay como distintas etapas de acercamiento. Una es la observación, la admiración de la forma de lejos, la curiosidad y el prejuicio. Cuando salís de ahí te queda la curiosidad y la admiración. Lo de atrás vuelve hacia adelante, lo invertís. Y que es lo que hacemos nosotros en la vida. Esta obra tiene que ver con el recorrido de la persona que se acerca. A mí me tocó ver esta situación, pero hay gente que me ha escrito que han sentido asco, pero que les ha gustado. Es una cuestión de pensamiento. Cuando rompés la barrera del pensamiento entrás en el espacio del arte y ahí hay un concepto estético que va por encima de lo mental y que recorre más rápido las fibras del ser humano, entonces, yo abogo a eso.
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"ESTA OBRA TIENE QUE VER CON EL RECORRIDO DE LA PERSONA QUE SE ACERCA. HAY GENTE QUE ME HA ESCRITO QUE HAN SENTIDO ASCO, PERO QUE LES HA GUSTADO. ES UNA CUESTIÓN DE PENSAMIENTO. CUANDO ROMPÉS LA BARRERA DEL PENSAMIENTO ENTRÁS EN EL ESPACIO DEL ARTE..."
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-¿Cómo empieza tu camino con el arte?
Bueno, mis primeras instalaciones las hacía a los tres, cuatro años, nada más que no lo sabía. Yo siempre fui una recolectora. Nací en General Alvear y me crié en La Escandinava y me encantaba andar por los surcos levantando todos los materiales que dejaba el agua de riego. Chapitas, tapitas, latitas de picadillo, todo; y me los llevaba al patio de la casa de mi abuela y ahí armaba cositas. Después fui creciendo y empecé a juntar otro tipos de cosas como parte de tractores y autos viejos. Mi abuelo tenía un montón de porquerías acumuladas y yo me metía a buscar cosas oxidadas y así me entretenía. Después crecí y tuve una tendencia a ir a la escuela a aprender y fui y empecé a pintar y después a hacer arte objeto y después dejé todo y me dediqué al teatro y después volví. Y ya me di cuenta que no soy actriz, soy artista plástica, y que me gusta la figura humana, y que me gusta explorar esta posibilidad de renovar voluntades y que es a través del arte. Me voy mucho a lo filosófico aunque si hay una investigación a las situaciones de mi tiempo, actuales. Me gusta trabajar en ellas de una manera que no se note tanto que están, que hay un lazo directo, sino sobre el lazo indirecto.
Adriana señala el políptico "Éxodo exterior" que alude metafóricamente a la problemática de los refugiados. Lo relaciona con otra obra, "Éxodo interior", para adentrarse en la reflexión sobre las conductas humanas y las decisiones que están detrás y que determinan consecuencias.
"Es complicado porque no es directo y creo que hoy en día estamos acostumbrados a ver cosas más directas. Yo no sé si lo logro o no, pero es lo que intento hacer y lo voy a seguir haciendo porque es el espacio donde yo puedo vivir. Si no existiera esto yo no tendría un sentido en mi vida. Entonces lo descubrí con este tipo de temáticas. Son situaciones sociopolíticas trastocadas o abordadas de otra manera (...) Es seguir el camino de esta conducta humana, que no sabemos muy bien qué es pero que nos lleva a determinadas acciones, pero que en definitiva es la acción lo que provoca una realidad, una memoria posterior, una necesidad de resistir en grupo y una necesidad de afecto", dice.
-Generar con esto un espacio de reflexión
-Sí. Es que el arte es un espacio de reflexión y cada artistas lo hace como puede y cómo siente en un determinado momento, porque uno va cambiando de acuerdo a sus necesidades.
-¿Cómo es abrirse camino en el mundo del arte siendo mujer?
-¡Ay qué pregunta! (risas). Siendo mujer y trabajando la figuración, le agregaría. Y lo de la figuración aplicaría también a los artistas masculinos.
No me gusta el conflicto con el lado masculino, me gusta siempre agotar todas las posibilidades de un encuentro. Y cuando no se da, porque a veces no se da, soy yo la que dejo el espacio. Puede haber una denuncia de la situación, un cambio de actitud posterior, puede haber enojo, puede haber una sensación de impotencia. Yo no sé si es por el género, por el tipo de trabajo o el concepto que manejo, el mensaje que hay detrás. No me gusta la violencia explícita y hay espacios que están abiertos para una obra que se acerque más a ese tipo de temáticas, por ejemplo, y es donde yo no entiendo porque los espacios no están matizados también. Yo me quiero poner en esa postura, no es porque soy mujer, hay muchísimas otras razones que en conjunto hacen que suceda esto ¿Qué si me gusta?, no. Que es una integración de cosas y una problemática, sí. Que a veces no puedo hacer nada, también. No puedo hacer nada porque no estoy en una situación de poder. Los espacios están bajo las manos de otras personas y las puertas se abren o se cierran. A veces siento que es duro y lo siento injusto, pero no me quedo en la sensación de injusticia, sigo.
-¿Crees que el género femenino le aporta al arte otra sensibilidad?
-Sí, yo creo que cada uno tiene su propia naturaleza y eso es el espacio agradable de compartir: el género, el punto de vista del otro. Que si vos estás abierto, te enriquece el propio y viceversa, por esos se crean vínculos. También hay otro tipo de vínculos que tiene que ver con la falta de acuerdo con el otro o el respeto a la opinión del otro y quizás una parte minúscula de su opinión encaja con la mía y me enriquece. Entonces es rascar a diario, a ver qué le saco de bueno a esto, porque lo malo está por todos lados. Y como artista yo creo que hay que buscar el otro lado de la moneda o las otras posibilidades y, ¿por qué?, porque el artista tiene tiempo para hacerlo, a eso se dedica. Rascá porque debajo hay mucha información. A veces los artistas somos intermitentes o no llegamos a darle la vuelta a los conceptos y nos quedamos a mitad de camino, pero hay marcas. Si seguimos esas huellas y marcas, podemos encontrar más. El otro día leía en un artículo que hay más de dos géneros.
"Éxodo interior". Foto: web Adriana Kozub.
-Adriana,¿hay algo de Mendoza en tu arte?
-¡Yo! (risas), porque estoy detrás.
-Lo digo a la hora de concebir una obra
-Hay algo muy esencial, no sé si primitivo o muy básico y que justamente estos días estuve hablando con mucha gente sobre eso y es sobre una edad temprana en mi vida, que es cuando me tocó vivir en Mendoza. En Mendoza y en la chacra, aparte, con toda esa inmensidad, donde yo recuerdo hasta mi posición en el espacio, todas las sensaciones cinéticas. Tenía tres o cuatro años. Entonces fue una época de mi vida, que si no le tendría que poner la edad que tenía, yo quisiera traspasar esa sensación a hoy y al resto de mi vida. Ahí tenía un cuerpecito chiquito, ahora mi cuerpo creció, pero esa sensación de libertad, de espacio, de introspección, de una especia de quietud de movimiento está acá en la obra y en casi todo de lo que me gustaría hacer.
-¿Significó algo especial poder traer la muestra al lugar donde naciste?
-Sí, además coincidió que es el último lugar de la gira. Una especie de balance que une esta niña de tres años con esta mujer que tiene muchos más (risas). Empieza un nuevo ciclo. Dicen que las águilas a los 40 años regresan a la cueva y se quitan las garras y les vuelve a crecer. Es una especie de sensación así.