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Querido Rey: los argentinos estarían angustiados nuevamente

Luego del discurso de Macri en lo que debía ser un histórico Bicentenario de la Independencia, los argentinos salieron a las calles. Cacerolas contra el tarifazo y la plata que no alcanza.

Uno de los gestos que impactó, tanto entre argentinos como a nivel internacional ya que durante la semana distintos medios y columnistas de todo el mundo lo reflejaron, fue la casi "disculpas" del presidente Mauricio Macri ante el rey emérito de España, Juan Carlos I, en los festejos por el Bicentenario de la Independencia Argentina. "Querido Rey -dijo ese día Macri- los próceres de la Independencia deben haber sentido angustia de separarse de España".

Increíble. Increíble porque el momento histórico y político era único e irrepetible; porque los presidentes latinoamericanos, hermanos en esa Gesta Libertadora debían haber estado ese día y no estuvieron; y también porque el Presidente de la Nación tomó ese discurso "histórico" para hablar de las tarifas, para hablarle al rey Juan Carlos y para decir, una vez más, que con "esperanza y amor, todos unidos, saldremos adelante".

Por supuesto que los famosos "memes" no se hicieron esperar, pero tampoco se hizo esperar el enojo de la gente a algo que Macri, invariablemente en estos seis meses, ha ido dejando pasar: el golpe del tarifazo sobre la calidad de vida de la gente, sobre la realidad de las empresas y la caída de la economía en sí.

Esta semana, gran parte de los argentinos enojados con las medidas económicas tomadas por el gobierno nacional, salieron a la calle a batir -una vez más y muy fuerte- sus cacerolas.

El cacerolazo, o #ruidazo, como se lo llamó en las redes sociales se hizo oir y fueron muchos los que se reunieron en las calles de las ciudades más importantes del país, pero también en pueblos y departamentos. Aquí, en Mendoza, la peatonal y el km 0 se llenó de gente al ruido de las cacerolas. En Buenos Aires, la concentración fue mayor.

La "angustia" de los argentinos, a esta altura del año y cuando el invierno "realmente se está haciendo difícil de pasar" tiene que ver con aumentos de todo tipo y color, en todos los rubros de las economías, tanto familiares como empresarias o industriales.

Los precios ya venían subiendo desde el 2015 pero la idea de "sinceramiento" del gobierno de Macri, que decidió poner al día las tarifas de los servicios públicos de una sola pincelada, terminó por tirar abajo todas las expectativas de cambio.

El aumento en la energía eléctrica llegó en febrero apenas llevaba dos meses el nuevo gobierno y con ello marcó, sobre todo, a la industria y a los productores. La luz tenía agendados cinco aumentos más en el año, pero fue tal el impacto en la economía que el propio Mauricio Macri decidió en marzo congelar la medida. Así y todo, en los hogares la suba fue de entre el 50 al 150%, pero en comercios, empresas, industrias y en riego agrícola los aumentos fueron del 250 al 380% de un solo saque.

El gas no se hizo esperar y, por lejos, apenas empezaban los primeros fríos que este año fueron muy intensos en el otoño, el aumento del 400% como piso repercutió en todas las economías hogareñas.

Ni qué hablar de aquellos casos, aún sin explicación, que han recibido aumentos del 800, 1000 y hasta 1200%. El gobierno nacional comenzó a reaccionar cuando los gobernadores, apurados por quienes no podían pagar las boletas, presionaron directamente al Presidente. Una región completa, la Patagonia, donde calefaccionarse siempre es caro porque se utiliza tanto en invierno como en verano debido al clima gélido, pasó de tener un gas subsidiado a aumentos del 1400% promedio.

Como argentinos que venimos viviendo y padeciendo las numerosas crisis por las que ha pasado nuestro país, no podemos detenernos a pensar si el sinceramiento económico de Macri fue ingenuo o perfectamente pensado. Uno esperaba, con toda la "esperanza" amarilla que se podía poner en este caso, que al menos el nuevo gobierno daría el oxígeno suficiente como para cambiar el freno económico en el que se venía cayendo y comenzar a crecer. Pero eso, aún, no ocurre.

Argentina, oficialmente, está en recesión. Y peor aún, las cifras de caída del empleo, que tanto se hicieron esperan, en tan solo el primer trimestre no son alentadoras. En Mendoza, el empleo cayó ya en el primer trimestre del año.

Es así, Querido Rey, los argentinos realmente hemos vuelto a angustias que por largo tiempo no nos habían asediado. Para la gente, común y corriente, que trabaja y aspira a dar lo mejor a su familia -comida, vestimenta, alquiler, educación, obra social- este 2016 se está haciendo difícil de tragar.

Los precios en alimentos y productos de la canasta básica como los de limpieza personal, superan el 45% de inflación que se está marcando para el año. La nafta siguió aumentando y el GNC, que podía ser una escapatoria, se le unió en la suba. Los 2 pesos del año pasado se transformaron en 10 en pocos meses: saque usted la cuenta de cuánto significa eso en porcentaje.

Mauricio Macri, que subió al poder el 10 de diciembre del 2015 con un altísimo índice de imagen positiva, ha ido perdiendo ese inapreciable regalo que le otorgó la gente, por malas decisiones que no se pueden atribuir a ningún ministro. En este inicio de su gobierno, es el Presidente quien marca las estrategias y acciones políticas, no puede ser de otra manera.

Este viernes, luego del cacerolazo, dijo no entender el por qué de la protesta. "Si aquí hay diálogo", dijo.

No hay diálogo, Señor Presidente, cuando la gente habla y el gobierno no escucha. No hay diálogo cuando quienes tienen el poder de tomar decisiones lo hacen, unilateralmente, sin detenerse a tomar en cuenta las consecuencias sociales que puede tener todo eso en el pueblo.

Hasta el momento, el gobierno argentino ha liberado el cepo cambiario sin que eso trajera la movilidad económica y la explosión exportadora que se dijo iba a ocurrir; tampoco llegó la "lluvia de inversiones" que el Presidente auguró.

Y el resto de las medidas, como fue cerrar el pago con los Holdouts, tampoco nos ha convertido en un país más creíble. A las dos semanas del acuerdo, las principales calificadoras de riesgo bajaron la nota a la Argentina, debido al mal momento económico que se empezaba a visualizar.

Una vez más, "la angustia ES argentina". Políticamente, la oposición pudo haberse alegrado que la gente salga a las calles a protestar. En lo personal, creo que no hay ningún bien en lo que está pasando. Macri debe encontrar un camino para solucionar los problemas competitivos y económicos, para pensar realmente en crecimiento y mejores condiciones de vida.

Así como vamos, con una caída estrepitosa en el consumo que ha redundado en que empresas y comercios echen personal y no piensen en tomar gente por el momento; en una caída en la producción industrial en todos los rubros; en una casi extinción de los pequeños productores, tanto de chacras como de frutales, luego de años de caída en los precios. Con subas mensuales en alimentos, remedios, obras sociales, educación privada, universidades, telefonía, transporte, etc, etc, etc... Pues, realmente será un invierno distinto, demasiado crudo.

Un Gobierno no tiene la obligación de sostener a todos los sectores, con subsidios o asignaciones. Un Gobierno tiene la obligación de tomar las riendas de un país y llevarlo por el mejor camino posible, sorteando los baches que se presentan o que le hayan dejado, y mirando siempre que la preciosa carga (los argentinos todos, en especial las generaciones jóvenes) estén mejor que antes.

El discurso de ¡Viva el amor! puede haber servido para la campaña. El verdadero amor por la Patria se ve en los hechos. Esperemos que el gobierno de Mauricio Macri no haya dado por perdido aún ese manoseado "segundo semestre" y que lo utilice para armar toda la nueva estrategia que los argentinos necesitamos para, ahora, llegar a fin de año.

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