¡Carajo! ¿Nos pedís que nos tenemos que mover un poco más?. Así, con esa frase enfática y vehemente, un importante funcionario del Gobierno provincial me increpó, en medio de una charla que ambos manteníamos en un muy buen nivel de discusión, sobre la marcha de la gestión de Alfredo Cornejo.
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Nuevo gobierno: no han hecho poco; tienen que hacer más
Cuando intentaba explicarle que por los momentos que se viven, dolorosos, de angustia y de profundo ajuste de las cuentas, ya se empieza a notar el malhumor en buena parte de la sociedad por la falta de resultados concretos a medio año de marcha, junto a la presión visible y evidente para que aparezcan las señales de las medidas que han sido prometidas para mejorarle la situación a los que peor la están pasando, su respuesta fue esa, algo azorado por mi reclamo y sorprendido por interpretar que es injusto tener una visión crítica sobre el nuevo gobierno con tanto que han realizado en tan poco tiempo.
La charla siguió entre un te digo una cosa y vos me decís otra, como tantos intercambios, habituales y normales que los periodistas solemos tener, a menudo, con algunos de los funcionarios encaramados en lo más alto de la gestión provincial.
Luego de aquella respuesta, en la que el funcionario en cuestión mostró su molestia por exigir más acción, me ametralló con la siguiente enumeración de hechos: Tapamos el agujero fiscal; cerramos más fondos por un 15 por ciento más; pusimos en marcha las viviendas paralizadas; estamos reparando escuelas a dos manos; empezamos el túnel de Cacheuta; ya están trabajando en la ruta 40 a San Juan; la triple trocha (del acceso Sur) está en ejecución; conseguimos más equipamiento para seguridad; la purga; el debate con los sindicatos; el fondeo internacional; pusimos al día a los municipios para que puedan derramar fondos en sus territorios; destrabamos la cárcel para los presos federales que estaba paralizada; sacamos hoy (por ayer) el financiamiento para la cárcel nueva en Cacheuta, y te sigo con el tema de los casinos; más obras, etcétera, etcétera
Tengo una especial estima con el funcionario con el que discutía, aclaro. Lo respeto por su profesionalismo y su grado de capacitación absolutamente necesario para el cargo que ocupa. Y rescato tales características porque en la provincia hemos sufrido a hombres y mujeres en altos cargos del Estado que tuvieron un paso desastroso por la función pública. Este no es el caso.
Pero es bueno poder señalar algunas cosas. La debacle que dejaron doce años de kirchnerismo en la nación, y los ocho de la gestión altamente deficiente del peronismo en la provincia, no le dan derecho a la actual administración a pedir un trato preferencial o diferencial, si se quiere, de parte del periodismo o de algunos periodistas. Tampoco este equipo se merece padecer, por ahora, niveles de exigencia sin ningún tipo de miramientos o de tolerancia frente al desastre desde donde partieron.
Sin embargo la sociedad ha cambiado. Decidió cambiar de color político en la administración del Estado y ahora no parece estar dispuesta a dejar pasar su derecho de hacer advertencias enfáticas cuando lo cree conveniente. La luna de miel ya terminó y arranca el segundo semestre de gestión, un período clave que el mismo gobierno fijó para comenzar a ver resultados de las transformaciones y correcciones que le imprimió al rumbo de lo público.
La presión evidente se explica en lo anterior y en los medios de comunicación mucho más, a los que se les reclama constantemente ponerse a tono con los nuevos tiempos. Digo esto porque estos vientos que corren se perciben en las redacciones y en el cada vez más constante y habitual contacto con los lectores y los oyentes. Y está bueno que así sea. Porque cambiaron los paradigmas para relacionarse con lo público tras muchos años de confrontaciones ideológicas, años cargados de esa constante invocación a decir dónde se estaba, de qué lado y con qué intereses.
El elenco del gobierno que asumió lo hizo sin el beneficio de la duda y hasta con mucho menos margen al error que todo lo que se toleró y se dejó pasar por alto hacia fines del 2015. No hay voluntad para aceptar equívocos y si existen, se exige la corrección rápida. Tampoco ha caído bien, en especial por lo hecho en la nación, esto de apostar a la prueba y el error. Y desde ya que la gente no está dispuesta a tener que fumarse actitudes mesiánicas ni mucho menos prepotentes.
El crédito sigue abierto. Sin embargo allí están los datos de encuestas que confirman la nueva postura social ante los gobiernos. Macri descendió diez puntos en la consideración de la sociedad. De 60 por ciento de imagen positiva, hoy está en el orden del 50 por ciento de acuerdo con datos de la consultora de Raúl Aragón que el mismo Aragón pocos días atrás confió a Radio Andina. Con Cornejo sucede algo parecido: tiene un 40 por ciento de imagen positiva frente al 46 por ciento con el que accedió al gobierno. Lo dicen Santiago Alé y uno de los consultores preferidos del gobernador como Elbio Rodríguez.
Frente a tanto ajuste, son niveles de aceptación más que altos. Algunos opositores a las nuevas gestiones esperaban que a esta altura del efecto de las medidas antipopulares que se tomaron, como los aumentos de tarifas, y la suba de precios, determinara una caída abrupta de la aceptación hacia el gobierno. Lo que no ha sucedido.
Pero los funcionarios mendocinos y los nacionales ya debiesen comprender cuál es el estado de la nueva situación. La sociedad está alerta para evitar nuevas equivocaciones para corregir el rumbo si es necesario. Los cheques en blanco se están terminando en la política. Una sociedad más atenta parece emerger para cuidar sus intereses y poner en su administración a los mejores. Y reclamar y exigir más y mejor.