Por más que no se lo propone, Argentina termina siendo siempre noticia. Hasta hace escasas horas el mundo se convulsionó por la decisión británica de alejarse de la Unión Europea. Los mercados internacionales acusaron el golpe, los gobiernos comenzaron a medir las consecuencias, las empresas y economistas hablaron del impacto que la decisión podría tener sobre sus intereses propios y ajenos. El Brexit ocupó todos los titulares durante el fin de semana pero sólo y hasta que Messi lo quizo.
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El día que el mundo olvidó el Brexit por el "Messixt"
El domingo por la noche, los titulares de todos los diarios del mundo mudaron del Brexit al Messixt. La renuncia del 10 argentino, luego del partido en que Argentina perdió la Copa América Centenario a manos de Chile, fue un cimbronazo que se sintió en el mundo entero y los mensajes no se hicieron esperar.
Messi es un nombre que, como Maradona, hace que Argentina sea conocida en los lugares más apartados del mundo: desde el desierto del Sahara a los de Lejano Oriente, y desde las montañas del Tibet hasta las cadenas cordilleranas de sur, centro y Norteamérica; de Oeste a Este y de Sur a Norte, Lionel Messi es un ídolo para millones de personas. Ni qué hablar de los argentinos.
Aquí, en nuestro país, el domingo se sufrió. Al perder una vez más, en algo que parece ser ya una maldición, la final de la Copa América muchos lloraron. Y el enojo, la bronca, de ver a un jugador que erraba un penal (¡un penal, Dios, si le pagan para eso! Diríamos en nuestras casas con la nariz pegada al televisor) se transformó al ver la pena de Messi y su decisión de dejar la selección.
Los argentinos somos pasionales. Un jugador y un deporte nos traspasa la vida diaria y va más allá de todo. Hace que olvidemos los problemas del día a día, los aciertos y errores de los gobiernos. Nos saca de donde estamos parados, del torbellino histérico de las horas, del trabajo, de los negocios. Nos saca de los problemas de la falta de dinero y de la suba de los precios. Nos arranca de la realidad y nos lleva lejos de cosas mundanas, como si falta una semana para llegar a fin de mes y aun dos para cobrar.
Y nos hace pensar y pelear por la selección y el fútbol. Hablamos de si Messi se tiene que ir o no, de Mascherano, de si Martino tendría que ser el que renuncie o si tal o cual jugada estuvo bien o mal. Mesas completas discutiendo sobre esto, redacciones enredadas en el fútbol.
Tantas cosas pasan a nuestro alrededor, cerquita tuyo no tenés que ir muy lejos y descubrirás cosas buenas, malas, crueles, solidarias. Cosas para mejorar, otras para cambiar, otras para olvidar. Pero nosotros nos enfrascamos en discusiones inútiles en el papel de jurados, como si fuésemos parte de la ficción que es Tinelli hoy.
Diego Latorre, en su columna de este martes en La Nación dice que ahora se abre un tiempo de complicada gestión, sobre todo porque faltan los valores esenciales para empezar la reconstrucción. Nos debemos un muy serio análisis como sociedad para esclarecer qué lugar pretendemos darle al fútbol. Las derrotas y los triunfos deberían ser sólo parte del camino en un proyecto bien estructurado. Pero en el marco actual reina el dramatismo, en la caída y en el éxito, y en la medida en que no se privilegien esos valores básicos todo seguirá por esta senda.
La Argentina es hoy un país confuso. Y en ese estado, ni la selección ni Messi son islas. Por eso estamos como estamos, tristes, aturdidos y condenados a vivir siempre en la cornisa del último resultado, finaliza Latorre en algo que comparto profundamente.
Lo invalorable no es el fútbol ni levantar la Copa. Lo invalorable es que mi gente, mi país, sigue conmoviéndose ante cosas tan simples como que un jugador llore en la cancha.
Por eso, como en ese querido tango, sabemos que Messi puede dejar o no la Selección pero ya es parte indisoluble de nuestra historia. Messi es Argentina, y Argentina, que tiene tanto que recuperar de valores perdidos, es Messi también: "Bajo tu amparo no hay desengaños, vuelan los años, se olvida el dolor. En caravana los recuerdos pasan, con una estela dulce de emoción. Quiero que sepas que al evocarte, se van las penas de mi corazón.
Y si... ya no habrá más penas, ni olvidos.-