Durante las últimas dos semanas, desde este espacio, venimos siguiendo de cerca el proyecto de blanqueo y supuesta reparación historia a los jubilados, que en caso de aprobarse, poco tendrá de reparación histórica y solo será algo beneficioso para algunos jubilados, casualmente los de mayores ingresos.
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El caballo de Troya y los seis meses
Sin embargo, a medida que avanza el proyecto y se conocen pormenores de su largo texto, las dudas no se disminuyen sino que aumentan. No ya para el futuro cercano, sino para el largo plazo de la sustentabilidad del sistema jubilatorio.
Los especialistas del Instituto del Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala presentaron esta semana un importante trabajo acerca de cómo afecta el proyecto del Gobierno a la sustentabilidad, ya no solo del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, sino también de la ANSeS.
El trabajo de los economistas centra su objetivo en plantear si la ANSeS es sustentable a partir de un nuevo sistema jubilatorio que el Gobierno plantea poner en marcha en 2019, abriendo así un nuevo interrogante sobre las características de dicho sistema y sobre cuál es la idea del Ejecutivo a futuro.
Los especialistas del ITE auguran, cruzando los números del gobierno de supuestos beneficiarios de la reparación histórica con los financieros del organismo previsional, que aún en características macroeconómicas favorables, para el 2019 se habrá reducido en un 60% el FGS.
También advierten a su vez que producto de la ausencia, tanto de nuevas moratorias como de altas en la pensión universal, la reforma implica una fuerte caída en la cobertura previsional, revirtiendo entonces, uno de los principales logros en materia de justicia social que presenta el sistema actual.
Las advertencias también ponen blanco sobre negro el posible paso siguiente. En unos años la situación de la ANSeS alcanzaría tal deterioro que el Gobierno podría poner en la agenda política y pública la discusión sobre la edad jubilatoria, los años de aportes, el régimen de actualización de los haberes y hasta el carácter solidario y estatal del sistema.
Los autores del trabajo Juan Balasini y Bernardo Martino, aseveran que si el proyecto compromete seriamente la sostenibilidad financiera del sistema, se llegaría a la discusión de un nuevo régimen jubilatorio en un contexto en el que será muy difícil mantener conjuntamente una elevada cobertura y un elevado nivel de jubilaciones. Algo que adelantamos aquí ni bien se presentó el proyecto.
Los economistas sostienen además que, de profundizarse el modelo, la cobertura previsional dejaría de llegar al 95% de la población en condiciones de ser beneficiaria para bajar casi 10 puntos (al 85% de la población pasiva) en un período de 15 años, y en poco menos de 3 años el déficit de la ANSeS pasaría de 0,6% del PBI en 2015 al 2,8 en 2018, lo que muestra que el proyecto en realidad trae en sus entrañas, cual Caballo de Troya, la muerte a paso firme del sistema jubilatorio.
Los primeros seis meses de Mauricio Macri cumplidos el último viernes, fueron pródigos en decisiones de, por lo menos, discutible o dudoso fin de mejorar la calidad de vida de los sectores vulnerables. Que, además, comprometieron y comprometen seriamente la situación económica y social de la principal base de votantes de la nueva alianza gobernante.
La transferencia de recursos a los sectores más concentrados ha sido fortísima, como ya se explicó, y el costo político de decisiones tomadas con escasa cintura política aún mayor.
Ya se sabe que el segundo semestre es una fantasía sin plazo de concreción y que los sectores corporativos favorecidos y supuestos aliados, solo cuidan sus intereses. Un ejemplo claro es el campo que ante el primer síntoma de plancha o baja de la cotización del dólar, tiró el freno de mano en el ritmo de liquidación y ya reclama un nuevo reajuste que ponga la moneda norteamericana cerca de los 18 pesos.
Las economías regionales también comienzan a mostrar preocupación, la devaluación del arranque de gestión se transformó en un hecho aislado que no fue acompañado por medidas complementarias y la supuesta recuperación de la competitividad ya fue pulverizada por la inflación.
Los sondeos de opinión refuerzan la idea de que el desafío de aquí en adelante para el Ejecutivo Nacional es recuperar su base de sustentación en el electorado, tarea nada fácil si profundiza el camino que ya emprendió.