ver más
°

El segundo semestre, el positivismo y las espadas que penden sobre la cabeza del gobierno

Macri devela el plan para silenciar aquellos que agitan un clima de inminente inestabilidad social. Sobre él se basará la estrategia para salir del angustiante ajuste que el gobierno entiende como el sinceramiento necesario de todas las variables económicas. No hay plan B. Son las cartas con las que jugará, incluso, la primera y clave batalla electoral de medio término del 2017.

La inminente entrada al segundo semestre del año y el horizonte electoral del 2017 cada vez más cercano, impulsan al gobierno de Mauricio Macri a lanzar hoy un paquete de leyes de corte social que incluyen la intención oficial de saldar las deudas contraídas con los jubilados, tengan sentencia firme o no; un plan de obras de infraestructura focalizado en las castigadas economías regionales; fondos públicos para asistir a la pequeña y mediana empresa y la confirmación de los acuerdos alcanzados con las provincias para devolverles gradualmente el 15 por ciento de la coparticipación que la nación les detrajo para financiar la Anses y en un porcentaje mejor el funcionamiento de la AFIP.

En la nación entienden que ya están dadas las condiciones para comenzar a salir de a poco del ajuste forzoso y no menos doloroso que produjo en los sectores medios el brutal aumento de las tarifas de la luz y del gas, básicamente, al eliminarse los subsidios que pesaban sobre ellas y aquella decisión política que operó durante buena parte del kirchnerismo de mantener estrangulada la actualización de las mismas mientras la calidad de los servicios caía, a su vez, estrepitosamente por la nula inversión de las concesionarias.

Más allá de la preocupación evidente en el entorno del gobierno nacional por las elecciones de medio término del próximo año y la elección de la estrategia correcta para enfrentar hoy, al menos, a un peronismo fragmentado, lo que ha incidido en verdad es la demanda social de que ha llegado el momento de las concreciones. O dicho de otra manera, que ya no aguantan las explicaciones que apuntaron durante cinco meses a la herencia recibida y que la presión se ha vuelto, legítimamente, hacia el propio gobierno a quien se le pide acción y hechos concretos más que verbalizaciones de tinte político en algún caso y referencias en otras a mirar con optimismo lo que viene, pese al dolor y la pesadumbre del momento.

El contexto logrado por el país empuja a los nuevos gobiernos, a la nación y a las provincias, a subir un escalón en la larga marcha hacia la recuperación económica del país y a la normalización de los sistemas fiscales.

Si el gobierno de Néstor y buena parte de la primera administración de Cristina Kirchner fueron empujados por un contexto internacional favorable a los países productores de materias primas beneficiando a toda América Latina mientras las crisis europea y de los países centrales hacía estragos en sus estados más débiles, el motor de empuje del país en el postkirchnerismo está dado por haber avanzado en un sinceramiento económico merced a un costo altísimo que está pagando la administración Macri desde el comienzo mismo de la gestión.

El escenario que se ha abierto tras las reformas internas como la salida del cepo, la eliminación de las retenciones y el sinceramiento tarifario sobre la base, está dicho, de una notable pérdida de la confianza en el nuevo gobierno que muestran las encuestas, y las medidas que se ordenaron con impacto externo que han operado como señales fuertes de la normalización que se busca con el pago a los fondos buitre, ha vuelto la mirada sobre el país.

Esto se evidencia en la vuelta al crédito, para el país y las provincias, y de las inversiones prometidas que deben comenzar a cristalizarse sobre el fin de año. Estas semanas han sido promisorias en ese sentido por lo que algunos economistas llaman una lluvia de dólares tras la liquidación de la cosecha de soja, un producto que vuelve a ganar terreno en el precio que experimenta a nivel internacional. La otra boca por donde están ingresando los dólares viene por el lado de los bonos argentinos que se están adquiriendo en el mercado externo. Mendoza, por caso, ya recibió un poco menos de 500 millones de dólares que salió a buscar para financiar el déficit de unos 10 mil millones de pesos. La provincia recibió ofertas por 2.300 millones de dólares cuando buscaba 500 millones. Lo propio le había pasado a Neuquén unas semanas antes que Mendoza cuando buscó 230 millones de dólares en el mercado internacional y le ofrecieron 1.200 millones de la misma moneda. Y antes de todo eso, la recordada colocación de bonos que hizo el país para hacerse de los dólares necesarios para pagarles a los buitre: pidió 16.500 millones y le ofrecieron 68 mil millones.

Las circunstancias animan al gobierno a jugarse por el paquete de leyes que hoy anuncia Macri. Pero también por la obligación de buscar sus propios antídotos ante las amenazas que lo acechan: un peronismo que comienza a dar indicios, pese al optimismo que muestran en el propio gobierno descreyendo de lo que puede ser capaz de hacer el principal movimiento de la oposición, de liderar el fastidio social por el tremendo ajuste agitando focos inestables, desesperados y a la vez sin ánimo ni voluntad de esperar con paciencia los efectos de las medidas que el gobierno promete llevar adelante para mitigar las consecuencias del sinceramiento fiscal y económico.

Por caso, el veterano líder peronista sanjuanino, José Luis Gioja, advierte en sus últimas declaraciones públicas el advenimiento de posibles estallidos: “Me parece que nos están corriendo el arco. Todo era el segundo semestre, en 35 días más, y que yo sepa no veo ningún signo de que esto se va a reactivar” y agregó, más adelante: “No quiero que digan, porque siempre dicen, que los peronistas conspiramos y no es así. Siempre nos ponemos al lado de la gente que no le va bien, que ha sido afectada directamente con estas medidas. Creo que la olla va tomando temperatura. Quiera Dios que la cosa cambie, que vaya bien”.

En Mendoza, supeditada ciento por ciento como todas las provincias a lo bueno o malo que se haga desde la nación, poco puede hacer el gobierno para mejorar la situación. Sin embargo, Cornejo tiene por delante sus propias conflictividades que no son menores y comienza a sentir los golpes que reciben algunos de los miembros de su equipo de gobierno que demuestran no estar preparados para resistir de pie el desafío de los cambios y transformaciones que él mismo se ha convencido de encarar.

Parecen cuestiones menores, pero para Mendoza ese tipo de desajustes no sólo hacen ruido, sino que mueven y amenazan la estructura del poder político como si de terremotos se tratase. El descalabro en el que se ha convertido la situación pavorosa del zoológico, un ámbito descontrolado, sin conducción, tomado por mafias sindicales cuya permanente y constante agitación sorprende por la continuidad que logra en el tiempo, en una administración que se ha ganado fama de no dejarse doblegar por los caprichos de comunidades enquistadas en el Estado acostumbradas a hacer y deshacer como si fueran dueñas del espacio público. No hay ojos para ver la falta de quicio con la que se mueve el grupo ecologista en el que confió Cornejo para poner orden en el zoológico.

Pero lo que ocurre en esa área de Ambiente se traslada en menor medida a otras menos visibles y menos, también, ardorosas. Pero menos ardorosas porque influyen en sectores no propensos a los escándalos públicos. Se sabe que el ámbito de la producción agrícola, como otros tantos, deambulan en la cornisa del colapso. Y no aparecen para él medidas o gestiones convincentes que al menos den la idea de que se sabe lo que pasa y dónde golpear las puertas en la nación para que la ayuda, cuando aparezca, llegue como corresponda a una provincia que casi siempre queda a la cola de los programas nacionales.

El momento es crítico, en general. La paciencia que demuestra la sociedad, en general, parece darle la razón a los gurúes de Macri, Alejandro Rozitchner y Jaime Durán Barba, quienes afirman que el país se ha encaminado, por medio de medidas angustiantes, hacia una revolución que lo normalizará en poco tiempo más. Pero el entusiasmo y el positivismo del elenco gobernante tiene que ser acompañado de realizaciones. Con paciencia, la sociedad las espera. Pero la paciencia no es infinita.

Te Puede Interesar