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Nuevo gobierno

En Brasil no descartan "medidas duras" y suba de impuestos

"La prioridad es equilibrar las finanzas públicas", dijo el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles.
Por Sección Economía

El nuevo equipo económico de Brasil planea anunciar pronto medidas duras, aunque necesarias, pero primero se encargará de la situación presupuestaria, dijo el viernes el flamante ministro de Hacienda en una entrevista con Globo TV.

Henrique Meirelles afirmó que su principal prioridad es aclarar las finanzas públicas. El déficit presupuestario del sector público antes del pago de intereses podría ser mayor a 96.000 millones de reales (27.720 millones de dólares) en 2016, sostuvo el ministro.

"Preferentemente, no debería haber alzas de impuestos. Pero la prioridad es equilibrar las finanzas públicas", afirmó Meirelles, agregando que no se iba a tomar ninguna decisión de forma apresurada y que primero el Gobierno trataría de bajar el gasto público.

El ministro reiteró que el nuevo Gobierno quiere realizar una reforma al sistema de pensiones adoptando una edad de jubilación mínima. Sobre los bancos estatales, afirmó que debían ser dirigidos por profesionales, sin interferencia política.

Meirelles lideró el Banco Central de Brasil entre 2003 y 2010. Ahora, el presidente interino de Brasil, Michel Temer, le encomendó la tarea de restablecer la confianza de los mercados en la economía brasileña y encontrar una salida de la peor recesión en el país desde la década de 1930.

Temer, que el jueves asumió la presidencia en sustitución de Dilma Rousseff -apartada horas antes del poder para enfrentar un juicio político por presuntamente violar leyes presupuestarias-, le pidió a los brasileños que tengan confianza en que el país saldrá de su grave crisis.

Era Temer

El presidente interino Michel Temer inició su gobierno en Brasil con la promesa de llevar a cabo "reformas" para rescatar al país de la crisis e intentar sobrevivir al escándalo de corrupción que precipitó la salida de Dilma Rousseff.

Temer, considerado un traidor por Rousseff, inició la reunión con su gabinete de ministros, una mesa redonda conformada solo por hombres blancos.

"Tenemos poco tiempo", dijo Temer, del partido de centro derecha PMDB, al asumir el jueves la presidencia en el Palacio de Planalto, sede del Ejecutivo.

"Pero nos esforzaremos por implementar las reformas que Brasil necesita", aseguró el exvicepresidente de Rousseff devenido uno de sus principales enemigos.

Tras meses de agitación política, el Senado decidió el jueves abrir un juicio contra Rousseff y apartarla de su cargo durante seis meses como máximo, mientras evalúa si merece ser definitivamente alejada del poder por maquillar las cuentas públicas.

Temer se comprometió no sólo a mantener, sino también a "mejorar" las ayudas sociales, entre ellos Bolsa Familia, una de los programas estrella del gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

"Hay que mejorar la eficiencia de los programas, no se puede decir que Brasil redujo 10% la pobreza cuando tienes 50 millones de brasileños necesitando Bolsa Familia", señaló Osmar Terra, el flamante ministro de Desarrollo social.

Aplausos y críticas

"Es preciso recuperar la credibilidad de Brasil en el escenario nacional e internacional" con medidas que corten el gasto público y atraigan inversiones, dijo Temer, un astuto y discreto abogado constitucionalista de 75 años, rodeado de su flamante gabinete.

Entre ellos se encontraban el expresidente del Banco Central Henrique Meirelles, quien será el nuevo ministro de Hacienda; y el economista José Serra, exgobernador de Sao Paulo, que estará al frente de Itamaraty, el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Pero su equipo ya recibió críticas y fue cuestionado, en particular por la ausencia total de mujeres y negros.

Los mercados ven con buenos ojos a Meirelles, presidente del Banco Central durante la presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), recordado por la ortodoxia con la que logró controlar la inflación y sanar la economía de Brasil.

Meirelles busca sacar a Brasil de la peor recesión de los últimos 25 años con un plan conocido como "Un puente para el futuro" de Temer.

No será nada fácil. Temer puede enfrentarse a una feroz resistencia de la izquierda, que pasó a la oposición tras más de 13 años en el poder, y muchos de los problemas que acosaron a Rousseff, especialmente una economía destrozada (registró una fuerte contracción del 3,8% del PIB en 2015), demasiado dependiente de un precio elevado del petróleo, el mineral de hierro y otras materias primas.

Además, muchos de sus ministros y aliados políticos están en la mira de los fiscales que investigan el megafraude a la estatal Petrobras, lo que le resta credibilidad.

Sobre todo porque llegó al poder sin la legitimidad que dan las urnas y con un bajísimo apoyo popular: apenas entre el 1% y el 2% de los brasileños votarían por él para presidente, según un sondeo reciente.

Temer aseguró el jueves que no obstaculizará la investigación del mayor escándalo de corrupción en la historia del país, bautizada "Lava Jato".

"Nunca dejaré de luchar"

La suspensión de Rousseff, una exguerrillera de 68 años que se convirtió en la primera mujer en asumir el poder del gigante sudamericano en 2011, marca el fin de una era de la izquierda en América Latina.

Rousseff dejó la presidencia de Brasil por acusaciones de que ocultó déficit y engrosó las arcas con préstamos de bancos estatales durante su campaña a la reelección de 2014. Pero ella minimiza los hechos y asegura que el "traidor" de Temer le asestó un "golpe parlamentario".

Combativa, antes de abandonar el Palacio de Planalto llamó a la población a movilizarse para defender la democracia.

"A los brasileños que se oponen al golpe, sean del partido que sean, les hago un llamado: manténganse movilizados, unidos y en paz", dijo Rousseff en su despedida.

"Pude haber hecho errores, pero no cometí ningún crimen", precisó y volvió a decir: "Nunca dejaré de luchar".

Rousseff se aleja del cargo con apenas un 10% de popularidad, en medio del megafraude en Petrobras, que ha manchado a buena parte de la élite del poder en Brasilia. Y se quedará sin inaugurar los Juegos Olímpicos que se celebran en agosto en Rio de Janeiro.

Para destituirla definitivamente, la oposición requiere dos tercios de los votos del Senado (54 del total de 81 miembros). Uno menos que los registrados el jueves, lo que hace muy difícil su retorno al poder.

Gran parte de su desgaste se debe a la trama de corrupción descubierta hace dos años en la estatal petrolera, que tiene en la mira a decenas de políticos de su PT, del PMDB de Temer, del Partido Progresista y a poderosos empresarios.

La exguerrillera no es blanco de ninguna investigación o acusación por corrupción. Fuente: Reuters y AFP


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