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COLUMNA

La lentitud de las reformas de Macri que fastidian, en silencio, a Cornejo

El gobernador ha alineado a sus funcionarios en el apoyo irrestricto al gobierno de Macri. Y lo ha hace todos los días cuando más arrecian las críticas a la gestión del porteño. Pero en reserva absoluta se cuestionan los tiempos de Buenos Aires para activar la obra pública, la fórmula desprovista de gradualidad por la que se eliminaron las retenciones a los granos lo que obligó a un ajuste feroz y la manera en que llegarán las inversiones tras la salida del default.

Así como el Fondo Monetario Internacional (FMI) vaticinara recientemente que Argentina no volverá a crecer hasta, por lo menos, bien entrado el 2017, a la economía mendocina, atada a los vaivenes de la macro nacional, le esperan varios meses de zozobras y penurias con el agravante de que un nuevo atraso en el tipo de cambio oficial agudice seriamente la marcha de los proyectos de inversión y afecte, como lo está haciendo, aún más el desarrollo del comercio.

Esa es la visión que tienen los funcionarios y expertos del gobierno de Alfredo Cornejo sobre el devenir de los acontecimientos próximos, esperanzados, sin embargo, en que la administración de Mauricio Macri logre administrar de manera correcta y equitativa de acuerdo con las realidades y urgencias de las economías regionales, los caudales de inversión y crédito extranjero que se esperan para la segunda mitad del año o bien sobre fines de este 2016.

El gobierno mendocino acompaña, como socio político de la coalición que llegó al poder en la nación, el rumbo diseñado en general por Macri para ordenar el descalabro dejado por la administración kirchnerista. Pero el apoyo y las coincidencias no son absolutas. Desde Mendoza se critica la demora y la lentitud en la activación oficial de los planes de obra pública e infraestructura en general y la falta de una mirada más fina y precisa sobre los problemas particulares que afectan su economía.

Algo de todo esto se discutirá a lo largo de este fin de semana, durante la Fiesta Nacional de la Ganadería de Zonas Áridas que se realiza en General Alvear a la que arribarán, confirmado, el ministro de Agricultura, Ricardo Buryaile y posiblemente el sábado el de la Producción, el mendocino Francisco Pancho Cabrera. Pocos días atrás, precisamente Cabrera, anunciaba en Buenos Aires una inversión cercana a los 60 millones de pesos con destino a la reactivación de las economías regionales, un poco bajo la forma de créditos blandos para reconversión y modernización y otro tanto distribuidos en obras de infraestructura para mejorar caminos y accesos hacia los puestos de distribución de la producción. Si Cabrera tiene el detalle y las precisiones de cómo se implementará el plan de inversiones, los funcionarios mendocinos intentará acceder a la información. Datos que todavía no se conocen con exactitud a nivel oficial.

El acompañamiento que hace Mendoza de la política fiscal y económica de Macri es crítico, pero silencioso. Cornejo ha ordenado a sus funcionario caminar en sintonía con la nación y que cuando sean consultados públicamente, no agiten las aguas para nada. Pera la paciencia de algunos de sus colaboradores se va agotando mientras más se demoran en llegar los anuncios del Ejecutivo nacional. El estilo de los hombres de Macri comienza a exasperar. Los tiempos desde Buenos Aires, no resultan ser los mismos que se manejan en Mendoza.

El gobierno mendocino está convencido de que el país reflejará niveles de inflación mucho más bajos que los que hoy registra hacia fin de año, pero a costa de una menor actividad económica que se traduce inequívocamente en empleos perdidos. Hacia el segundo semestre de este complejo 2016 puede que la inflación mensual sea del 1,2 por ciento sostienen algunos de los funcionarios de Cornejo, lo que significa una cifra incluso más baja que la que maneja uno de los economistas del gobierno nacional como Alfonso Prat Gay. Pero esa caída inflacionaria se alcanzará por un enfriamiento de la economía a un ritmo con el que no coinciden en la gobernación mendocina.

La preocupación local se manifiesta en varias áreas. Pero, por caso y como ejemplo, el Ejecutivo deja trascender que todavía a Mendoza no llegan las partidas acordadas y prometidas para la construcción de viviendas correspondientes al año pasado. Los bonos para pagarles a los proveedores, que ya se entregaron, han calmado en parte la impaciencia de las constructoras. Pero la presión ha vuelto a concentrarse en los despachos de los funcionarios de Cornejo. Y eso, afirman aquí, tiene que ver con las demoras nacionales.

Uno de los aspectos que más se le cuestionan a Macri fue la falta de gradualidad en las medidas que se tomaron para eliminar retenciones a los granos que dejaron sin recursos al Estado. Al ingresar menos fondos Macri debió avanzar en el ajuste del gasto fiscal de forma proporcional a las disponibilidades con las que ya no cuenta. En Mendoza afirman que el Estado se desfinanció a un ritmo demasiado vertiginoso, mucho más de lo tolerable. De ahí las penurias por las que se debe transitar.

El proceso de inversión al que apuesta el plan económico nacional demorará en llegar. Todo programa de inversión es lento, más cuando se parte de proyectos nuevos, que son a los que apunta la administración nacional. Ese plan, afirman en el Ejecutivo mendocino, puede que comience a verse en la provincia recién a mediados del 2017.

Mientras, las gestiones que se hacen tienen que ver con obras menores que se van destrabando en cuentagotas y otras para evitar que se duerman y mantener activos los envíos de la partidas que financian proyectos y planes que provienen de años anteriores, aquellos que tienen la marca de la gestión K, que el gobierno de Macri quiere reformular o cambiar por otras, pero con los tiempos que no son los de Mendoza y de sus urgencias.


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