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Cuentos de Otoño

"Esperando la luz"

Por Beatriz Cano. "Habíamos esperado todo el día y papá no llegaba. Yo lo descubrí una noche, no quería o no podía dormir. No lo sé...".
Por Sección Cultura


ESPERANDO LA LUZ

“Sólo hay una fuerza motriz: el deseo”

ARISTÓTELES


Habíamos esperado todo el día y papá no llegaba.

Yo lo descubrí una noche, no quería o no podía dormir. No lo sé.

Mi padre se levantaba cuando la noche todavía no se despedía y se iba a trabajar sin decir una palabra.

Mi madre a la tarde nos preparaba la harina con azúcar tostada y nos decía a los dos hermanos: con esto se engaña al estómago, y estuvo rico.

Pero ya han pasado varias horas y nuestras barrigas parecen los tambores de la murga improvisada del pueblo.

La noche estaba fría. Todos dormían o fingían con los cuerpos caídos debajo de las cobijas.

Y papá todavía no llegaba. Me acerco a la cama de mi hermana. Está despierta. Le cuento al oído mi plan. Lo aprueba. Nos tomamos de las manos y salimos a la calle. La noche se adentra sigilosa en la negrura del callejón. Tendremos que caminar varias cuadras. Pero el ruido en el estómago y el temblor en nuestros cuerpos nos obligan a transitar, pisando piedras y no pensar en nada, sólo imaginar el exquisito pan en el paladar que disfrutaremos en unos minutos.

Llegamos al negocio. El dueño estaba acomodado en el mostrador, parecía como el queso derretido en una tostada. Se levantó. Se refriega con las manos los ojos y nos observó de pies a cabeza a ambos y con una mirada acusadora nos dice, no me ha sobrado nada para darles, retírense. Entonces mi hermana saca de un bolsillo un monedero en señal de que pagaremos, y de súbito le cambió la cara y con una forzada sonrisa nos preguntó, — ¿qué desean llevar? -Le pedimos el pan.

Cuando se retiró él hombrón, le dije a mi hermana —todo saldrá bien tengo pensado lo que ya te había dicho, cuando nos entregue la comida correremos rápido a la velocidad de la luz que no hay en este pueblo, él no podrá alcanzarnos, ya verás. Pasaron unos minutos y mis retinas se detienen en la sombra del chinazo que viene lentamente hacia nosotros, el temblor en el cuerpo y los latidos furiosos del corazón no me permitieron ver el manjar. La gigante sombra de él me paralizó.

De golpe la niña de arrebato le saca el pan al negociante y súbitamente me toma las manos y traspasamos la puerta del local.

Cuando llegamos con la cena a casa, mamá estaba en el umbral esperándonos vestida de negro, y de los ojos de ella caían gotas como perlas cristalinas. Mi hermana y yo sentimos estar suspendidos en la quietud de la noche, tan fría que hasta helaba los huesos. Y papá todavía no regresa.


Datos de la autora:

Beatriz Cano. Vivo en Mendoza. Participé en el libro: “Basta, cien mujeres contra la violencia de género” 2012 con la obra “Matecitos amargos”. Participé en la antología “Recorridos” de Editorial Dunken con la obra “Mala conveniencia”. Asisto al taller “La palabra”. Fui participe de la antología del primer libro “Taller la palabra” de Mercedes Fernández 2015.


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