La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, empezará a alejarse de los mandos la semana próxima, cuando entregue la antorcha de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, llegada de Grecia.
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Brilla el fuego olímpico, se apaga el de Rousseff
La mandataria cederá el fuego simbólico a un deportista, que descenderá por la rampa del Palacio del Planalto -sede del Gobierno- para llevarla por toda Brasilia. Será un símbolo del epílogo de su periplo en la presidencia iniciado el 1ro de enero de 2011.
Cuando se realice esa ceremonia en la Presidencia, el 3 de mayo, a pocos metros de allí, en el Palacio Legislativo, se realizará una de las últimas sesiones de la Comisión Especial de Impeachment que el viernes 6 de mayo seguramente emitirá una recomendación para que se le inicie el juicio político a la presidenta. Ese día comenzará la cuenta regresiva hacia la salida de la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT) y su reemplazo, interino, por el vicepresidente Michel Temer, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).
Una vez votado el parecer de la Comisión Especial, de 21 miembros, éste será girado al Plenario, de 81 integrantes, que por simple mayoría decidirá si abre el enjuiciamiento, y en caso de que lo avale la Rousseff estará obligada a dejar el gobierno por hasta seis meses, durante los cuales continuará siendo presidenta. Período en el cual Michel Temer será un mandatario a medias pues sólo detentará el cargo por entero si Rousseff finalmente fuera condenada.
Esto causará un previsible doble vacío de poder: el de Dilma que es presidente y no ejerce, y el de Temer que lo detenta pero provisoriamente.
La semana pasada ya quedó demostrado cuáles son los planes de cada una de las partes.
Rousseff participó en encuentros con los pueblos originarios, el movimiento GLBT, los campesinos sin tierra y algunas centrales sindicales. Grupos que repitieron su consigna madre "no va a haber golpe, va a haber lucha" y prometieron desconocer a un gobierno como el de Temer, que juzgan ilegítimo.
Rousseff y su mentor político planificaron esa "estrategia de resistencia democrática", que, además de desconocer a Temer, impulsará elecciones anticipadas o el llamado a un plebiscito.
Ambos, Dilma y Lula, participarán mañana en San Pablo del acto del Día del Trabjador organizado por la oficialista Central Unica de los Trabajadores, ligada el PT.
También en San Pablo se realizará otra concentración, ésta convocada por Fuerza Sindical, que respalda al gobierno de Temer. No hay noticias sobre la eventual presencia del inminente presidente en ese evento, pero sí de varios dirigentes opositores.
Al igual que lo hizo en los últimos días el vicepresidente continuará coordinando reuniones con políticos, empresarios y economistas para formar un gobierno de "unión y reconciliación nacional", que permita encarrilar al país conmocionado por las disputas encarnizadas entre oficialismo y oposición.
El principal reto de Temer es materializar la alianza entre su agrupación, el PMDB, y el Partido de la Socialdemocracia Brasileña, del ex mandatario Fernando Henrique Cardoso. Es dable esperar que en los próximos días se confirme, aunque extraoficialmente, el nombramiento del socialdemócrata José Serra como un "súper ministro de Relaciones Exteriores" que tendrá a su cargo la Cancillería y el Comercio Exterior. Así como la nominación de Henrique Meirelles, ex presidente del Banco de Boston, como futuro ministro de Hacienda. Paulatinamente el Palacio del Planalto comenzará a eclipsarse como centro de las atenciones, con una Dilma de salida, y ganará más preeminencia el Palacio de Jaburú, residencia del vicepresidente, donde se ultimarán las negociaciones para la composición del gabinete y las nuevas políticas de gobierno. Fuente: ANSA
