Muchos esperan, con ansiedad y expectativa, el discurso del gobernador Alfredo Cornejo este domingo 1 de Mayo ante la Asamblea Legislativa que se reunirá para escucharlo. Será el primero de los cuatro previstos por la Constitución para rendir cuentas en el ámbito esencial y puramente más político de la provincia.
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La encrucijada de Cornejo: ser uno más del montón o arriesgarse a tomar vuelo
Los gobernadores suelen ofrecer una parrafada llena de números y de listados de obras y de medidas de gestión a los que pocos, muy pocos, prestan atención. Cornejo se encuentra ante la oportunidad histórica de revertir esa tendencia bajando un discurso en el que estén las claves del rumbo que le quiere dar a su gobierno cuando recién lleva cuatro meses y fracción en el poder. Un discurso que marque tendencia y agenda de fuste; un discurso que invite a creer frente a la desolación que reina y que lejos de maquillar la situación que todos ya conocen al detalle, entusiasme con un rumbo que corrija un pasado plagado de desatinos por otro en donde el Estado facilite la acción de los privados y ponga de pie a una provincia que hace tiempo deambula como bola sin manija, cuando supo ser un faro que alumbró a sus vecinas y ser ejemplo de la creación de riqueza y prosperidad, pero en base al sacrificio y al esfuerzo generalmente de gente a quien nadie le ha regalado nada.
Precisamente la acción política es lo que está ausente en lo visto y mostrado por la nueva administración hasta ahora. Cornejo tomó las riendas de la provincia advirtiendo que se transitarían momentos de penurias. Y no mintió, ni mucho menos defraudó a quienes esperaban que se pusieran las cosas en orden. Y allí está controlando día por día el gasto y cómo bajan o suben las partidas; qué se paga y qué no; quién reclama y quién no. Él, como sus ministros, cuando deciden salir a la luz para explicar en qué andan, recitan de memoria lo que los mendocinos ya saben, también de memoria: el peso de la herencia maldita que no deja pensar ni concentrarse en otra cosa. El domingo, el gobernador sorprendería para bien si decidiera darle una vuelta de tuerca a la estrategia describiendo un plan de gobierno distinto a lo mostrado y que fuese en sintonía con aquellos que ven en su administración el inicio del despegue; del despegue, porque todavía se anda en pleno carreteo y por los pozos.
Todo esto viene a cuento de la existencia de un mar de fondo en el gobierno. En especial por el clima que envuelve a los actores de la gestión. Los resultados demoran en aparecer, en el medio del bache entre las medidas de corrección que se han tomado y la llegada de las buenas nuevas o de los indicios que demuestren un freno a los niveles de caída y decrepitud que rodea a todos.
El gabinete, en general, carece de brillo, nadie está descollando ni prevalece por sobre el resto. Y la estricta sintonía con el jefe del Ejecutivo, en todo sentido, en vez de haber sido una virtud y funcionado como tal, hoy acumula lastre a un gobernador que ha concentrado la toma de decisiones de todas y cada una de las medidas, pero que demanda de un equipo que arme un juego vistoso y creativo para, de tanto en tanto, meter un gol o que le creen las situaciones para ello.
Hasta los virtuosos y eximios en lo suyo como Messi necesitan de abastecedores, proveedores que planifiquen en función del genio. Y como ocurre con la Selección cuando deja gusto a poco, al equipo de Cornejo le está estando pasando algo por el estilo.
En la administración ya hay un dejo de desgaste y desilusión. Una carencia de ánimo propio de aquellos con años de achaques. La medianía y chatura pulula también en el partido gobernante con generales apagados y con falta de motivación por la ausencia de acción. Falta plata para hacer política y Cornejo, que no sólo no ha distribuido cargos entre los capitostes sino que ha descabezado una buena cantidad de puestos para amanuenses y arrimados útiles para mantener el agite de las aguas, les contesta que la política también se hace sin plata. Y todo ese ejército deambula de brazos caídos generando poco y nada no sólo por obra y gracia de las decisiones del número Uno, sino también por la atonía de la oposición peronista perdida en un laberinto endemoniado, sin jefes, ni referentes, ni ideas, ni nada.
En algún momento, más temprano que tarde, el gobierno en manos de Cornejo y la UCR (también conducida por los brazos del gobernador), deberá abocarse a no descuidar la política. Por un lado para explicar que existe la luz al final del túnel a una sociedad inquieta, abrumada por el ajuste y la economía en reversa y por otro para ocuparse de cuidar la quinta ganada en las elecciones del 2015.
En no más de diez meses, los argentinos estaremos envueltos otra vez en la campaña para las elecciones de medio término. A nivel nacional el macrismo, dentro del gobernante Cambiemos, concentrará toda la fuerza que tenga disponible para evitar que el peronismo se organice en la provincia de Buenos Aires, el territorio en donde siempre se libra la madre de todas las batallas. Y el radicalismo tendrá que definir qué hacer, si seguir a jefe de Estado como apéndice del PRO, o bien pasar a protagonizar batallas internas, dentro de Cambiemos, para intentar ganar espacios de cara al 2019. De la estrategia que decida dependerá en gran parte la supervivencia del partido.
A nivel nacional hay visiones encontradas sobre el accionar del gobernador mendocino. Unos, los más macristas entre los macristas, lo ven como el duro que se animó a terminar con los desaguisados kirchneristas. Aplauden la batalla ganada al gremio docente de la mano del ítem Aula y enloquecen de beneplácito con el intento por poner en orden las cuentas de la provincia.
Pero el ala radical del elenco del gobierno nacional, los socios dentro de Cambiemos, así como a Macri lo empujan sin éxito a buscar un acuerdo de gobernabilidad con los peronistas no K para llegar bien parados a la batalla electoral de medio término, de Cornejo exigen lo mismo: un protagonismo político de vuelo y alcance nacional como el que prometía al llegar a la gobernación mendocina y que todavía no se insinúa. Esta ala se sorprende de verlo tan ensimismado con el día a día de la provincia. No hay frustración con Cornejo, lo que hay es un poco de desilusión, dicen en clave política los radicales que influyen cerca de la Rosada.
Como sea, en poco tiempo la rosca arrastrará a Cornejo a definir su futuro. Por un lado necesita mostrar una provincia recuperada desde lo administrativo y desde sus cuentas, como dijo ayer en La Paz: No se ha premiado a quien hace bien las cosas y tampoco se ha castigado al que las ha hecho mal; y por otro decidir cómo juega en el escenario nacional y si en verdad decide protagonizar el proceso de su partido. Un partido que se retorcerá entre los que perseguirán la renovación de todas sus filas, desplazando a los Rozas y a los Negri por nombrar históricos, y competir por legisladores nacionales en la interna de Cambiemos contra el propio Macri, o seguir siendo lo que hoy es, con los Rozas, con los Negri, un mero apéndice de la administración nacional que destronó al kirchnerismo.