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El peligro de transformarse en Hood Robin

“Si el Estado no interviene, el mercado se devora a la sociedad”. La sentencia le pertenece a Pablo Micheli, el líder de la CTA y uno de los promotores de la jornada “súper vacíos” que se protagoniza hoy en todo el país y que busca que los consumidores argentinos, al menos por un día, no asistan a las grandes cadenas de comercialización de los productos básicos apuntadas como las principales responsables de los aumentos desmedidos y descontrolados de los precios de los productos en general, pero esencialmente el de los alimentos.

No sólo la CTA ha buscado persuadir a los consumidores de que es necesario boicotear hoy a los supermercados. También lo han hecho Héctor Polino, de la organización Consumidores Libres, la organización política Libres del Sur (aliada en Mendoza del radicalismo gobernante) y hasta Eugenio Semino, el defensor de la Tercera Edad. Pero además adhieren la Federación Agraria Argentina, el GEN de Margarita Stolbizer y el Partido Socialista.

Los promotores de la medida son conscientes de que no lograrán hacer mella en la rentabilidad de estas grandes cadenas intermediarias de la comercialización de los alimentos en el país. Pero saben que la acción, política por demás, es un mensaje por elevación al gobierno de Mauricio Macri de quien esperan que de una buena vez, como muchos, anuncie un plan para recuperar el valor adquisitivo del salario, frene la escalada inflacionaria o ambas cosas juntas.

El gobierno insiste con que lo que más le preocupa del momento de suma estrechez en el que se está viviendo en el país es la inflación. Lo dicen a diario las principales espadas del gobierno y hasta el propio Macri, en un discurso que ofreció este martes en Córdoba. Pero en concreto el plan no aparece.

También es un claro mensaje a los propios intermediarios que han hecho caso omiso al pedido del gobierno de retrotraer los precios a los niveles que se tenían al momento de la devaluación. Pero los precios, que ya habían comenzado a subir sin motivo técnico alguno desde que se realizara el balotaje entre Macri y Scioli, en noviembre del año pasado, nunca, como sucede siempre, fueron ajustados hacia abajo. Por eso tampoco los representantes de los súper y de los híper lograron, cuando hablaron, sacarle la sensación que tiene la ciudadanía de que en verdad conforman grandes carteles blindados y que son, en realidad, los principales formadores de precios de los productos que comercializan.

Por eso es el Estado el que tiene que intervenir de manera enérgica e inteligente. Todavía hay quienes extrañan la presencia de Guillermo Moreno en la secretaría de Comercio de la era kirchnerista. Pero la presión de Moreno sobre los súper y los híper sólo se basaba en la ley del garrote y la prepotencia. Cuando estos grandes comercializadores le tomaron la mano al estilo del inefable funcionario y se aprovecharon del fastidio generalizado que ese modo de gobernar generaba en la ciudadanía, al extremo de cambiar el rumbo político en las urnas como finalmente sucedió, los empresarios optaron por seguir con sus propias estrategias absolutamente insensibles.

Cuando Micheli, entre otros, dice que si el Estado no interviene el mercado termina devorando al pueblo, lo que sostiene es la presencia fuerte, firme e inteligente de un Estado que debe velar por los que están más indefensos. Y lo que dice, entre otras cosas, es que se usen las herramientas que están a mano para este tipo de casos, como la Ley de la Competencia o la de Defensa del Consumidor. Moreno pateaba puertas, organizaba campañas de desprestigio, movilizaba matones y militantes rentados hacia las bocas de expendio. En el fondo terminaba por desestabilizar y generar un clima de inestabilidad e indignación social que se le terminó por volver en contra.

Macri tiene que tomar conciencia de una buena vez de lo que está sucediendo en la base de la sociedad. No puede, por su propia subsistencia y sustento político, perder sensibilidad y dejar que otras fuerzas lo desvinculen de los pobres de toda pobreza o si se quiere de la clase media.

Si hace oídos sordos a ese error político de envergadura, no sólo alimentará a quienes le achacan representar sólo a los grupos concentrados, al liberalismo más rancio o bien a los que hoy tienen una imagen de él similar a la de Hood Robin, aquel que les saca a los que menos poseen para seguir adornando a los que más.-

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