La imperiosa necesidad política de mantener ese clima de que no se puede ceder un tranco de pollo y de que es necesario aferrarse a los preceptos grabados a fuego con los que se asumió, eso de que no hay más de lo que hay en la caja y que no se puede hacer magia por más que se quiera, volvió a instalarse fuertemente a comienzo de semana cuando el responsable de la Hacienda pública, Martín Kerchner, reunió a la tropa legislativa del oficialismo para anoticiarlos de una caída abrupta en las expectativas de recaudación para lo que va del año. Continuó el miércoles, en un evento privado muy exclusivo al que había sido invitado Alfredo Cornejo en el Valle de Uco, en donde el jefe del Ejecutivo pidió ayuda a los privados por las batallas, así dijo, que libra con los gremios estatales para sostener el gasto público y terminó por coronarse ayer jueves cuando, reunido con todos los intendentes de la provincia, Cornejo volvió a arrancarles la promesa a los caciques de que no autorizarán aumentos a sus empleados por arriba del 22 por ciento.
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La cruda realidad, el peor enemigo de la batalla cultural de Cornejo
Quizás no fue una sucesión de hechos premeditados. Pero si no fue así, el gobierno supo encadenarlos para refrendar el único plan de gobierno que se ha mostrado hasta del momento: ajustar el cinturón del Estado a más no poder y apretar los dientes esperando el seguro golpe que intentarán dar los gremios en cuanto tengan la oportunidad, empezando por la semana que viene, indignados por la política administrativa de mano dura desplegada por la gestión del radical.
El no contar con más plan que el concentrarse en un ajuste de todas y cada una de las cuentas de gastos del gobierno es mostrado por Cornejo como una muestra de responsabilidad cívica de parte de su gestión ante el desbande de los años anteriores. Pero para muchos se trata, en verdad, de pura exclusivamente de un acto de teatralización y de exagerada dramatización de la situación. Y lo que emerge, inmediatamente, tras esa visión crítica de lo que viene demostrando en la conducción del Ejecutivo es que no hay más plan que lo que se está viendo. Es una visión que al gobierno ha comenzado a hacerle ruido y que le molesta sobremanera.
Pero también es una consecuencia lógica frente al actual estado de depresión económica, independientemente del mal humor de los estatales y de su preocupación frente a los constantes despidos que se siguen dando por goteo en la mayoría de las reparticiones. El gran temor de la administración Cornejo es el contagio, que la pesadumbre se extienda hacia la base misma de sustentación de su proyecto, que no haya paciencia y que el freno a la caída que se padece previsto para la segunda mitad del año no constituya un motivo de fuste para escaparle a un fastidio social generalizado.
El gobierno ha advertido tales amenazas hace esfuerzos por ganar aliados. El sector político es quizás el ámbito más favorable para Cornejo. Sin fisuras internas, más allá de algunos esbozos tímidos lanzados por su compañera en el Ejecutivo, Laura Montero, quien se ha animado a plantear sutiles diferencias no con el plan de ajuste, sino más bien con los tiempos y la dureza con la que se implementa, Cornejo no tiene por ahora de qué preocuparse. Incluso cuando volvió a reunir a los intendentes en el mediodía del jueves para recordarles que no hay fondos suficientes para garantizar subas salariales de más del 22 por ciento, contó con el inestimable apoyo de los caciques peronistas que, al menos en público, se mostraron alineados con la misma posición del gobierno provincial.
El frente a atender es el de los privados. Porque así como los empresarios se enrojecen las manos aplaudiendo la marcha del plan que Cornejo ejecuta en el ámbito de lo público ajustando el gasto y buscando enderezar la curva ascendente del déficit multimillonario que supera los 10 mil millones de pesos, en la intimidad demuestran fastidio por la presión fiscal que para el año seguirá siendo exageradamente alta y porque todavía no se ven resultados en el cambio de condiciones que esperaban para darle aire a sus inversiones y a la marcha de los negocios. Por el contrario, la quita de subsidios que afectó a todos por igual, a muchos de los emprendedores rurales los partió al medio, sumado a que el precio de los productos primarios en función de los costos tampoco se ha equilibrado.
Quizás el discurso de mayor impacto en la estrategia por fidelizar socios en su objetivo, fue el que dio en su natal San Carlos. Invitado por la familia Zuccardi a los dominios de Altamira donde el grupo vitivinícola inauguró la extraordinaria bodega Piedra Infinita, Cornejo aprovechó para pedir ayuda para la batalla.
Allí Cornejo volvió a destacar que llegó para terminar con los populismos vendehumo que gastaron dispendiosamente los fondos públicos para sostener ejércitos de militantes rentados por el Estado y también para aumentar de manera lujuriosa los salarios de los estatales cuando ya no había plata genuina para sostenerlos, mientras los hospitales públicos no prestaban el servicio que debían, según Cornejo, en función de la cada vez mayor participación del gasto público en el Producto Bruto Geográfico de la provincia.
Diez años atrás, de acuerdo con los datos que difundió Cornejo en el coqueto almuerzo de Altamira, el Estado se valía del 11 por ciento del PBG para sostenerse, mientras que en la actualidad el Estado se queda con el 22 por ciento del PBG. Pido al sector privado que me acompañe en las batallas que estoy dando en el sector público, lanzó el gobernador ubicando una vez más a su enemigo predilecto, el grupo de los gremios del Estado, en las antípodas de su plan de gestión.
Luego, con los intendentes, Cornejo ampliaría su diagnóstico cuando dijo que se ha cansado de demostrarles a los dirigentes gremiales que no hay plata en el Estado y sin embargo ellos siguen pidiendo subas del 40 por ciento.
La extrema dureza que ha demostrado Cornejo con los gremios y en el manejo de las cuentas, en verdad, choca en verdad, con la nula especulación política que hace el grueso de la comunidad o a la que quizás no le interese mucho ese discurso de que estamos mal pero vamos bien y que para ver los alivios que espera haya que esperar un año.
A Cornejo no lo acompañan los anuncios, drásticos, del gobierno nacional que viene de autorizar subas generalizadas en los servicios y en los productos de consumo masivo. Porque los argumentos a favor del ajuste puede que sean atendibles y absolutamente bien fundamentados, pero se desmoronan abruptamente ante la ausencia de señales claras que mitiguen el tremendo impacto al bolsillo del ciudadano común que se le está dando día tras día.