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El pacto entre Cornejo y el massismo para evitar que la sangre llegara al río

Mucho antes de que el comunicado llegara a las redacciones de los diarios, el domingo después de las 20, solicitando suspender la sesión de diputados que tenía como fin darle fuerza de ley al decreto docente con el aumento salarial tras el fracaso de las negociaciones paritarias entre el Gobierno y el SUTE, Guillermo Pereyra, el diputado del Frente Renovador massista, aliado del radicalismo gobernante y secretario general del gremio de los Empleados de Comercio, le había adelantado al gobernador Alfredo Cornejo que rechazaría la aprobación en el recinto votando en contra del decreto.

En realidad Pereyra se movió de forma orgánica, a través del presidente de la cámara, el radical cornejista Néstor Parés. “Néstor, mirá, lo he pensado mucho y no puedo ir en contra de los principios gremiales”, le dijo con tono ceremonioso y serio, Pereyra a Parés. Y le agregó, rápidamente: “No se trata de una defensa corporativa ni nada en particular con el SUTE; se trata de que yo no puedo avalar, con mi formación sindical un aumento por decreto cuando la paritaria se dio por terminada con graves defectos técnicos y legales, porque antes del fracaso se debió haber llamado a una conciliación obligatoria y en eso ha fallado tanto el gobierno como el gremio. Y ese no llamado a seguir negociando por lo menos por quince días más puede traerle al decreto algún problema de legitimidad”, lanzó el diputado a un atónito Parés que escuchaba del otro lado de la línea telefónica. Y para cerrar la charla, Pereyra dejó un reclamo: “Decile esto que te estoy comentando al Alfredo, él tiene que saber que yo voto en contra”.

La cronología de los hechos indica que Parés, promediando la tarde del domingo, marcó el número del gobernador, de su jefe, para darle la noticia de cómo jugaría en el recinto el hombre que se estaba transformando en el personaje del lunes.

Al recibir el mensaje, Cornejo llamó directamente a Pereyra, pero no para convencerlo de votar a favor del decreto como muchos creyeron. Por el contrario, el gobernador evaluó rápidamente la situación, sacó cuentas y tanteó los pro y los contra de seguir adelante. Lo único que quiso garantizarse, Cornejo, fue que por su propia boca Pereyra le dijera si estaba dispuesto a dar quórum, a lo que el sindicalista le dijo que sí, con toda seguridad.

Trascendió que Pereyra le contestó a Cornejo que de ninguna manera haría caer la sesión, sino que por el contrario se sentaría a dar el número para habilitar la discusión pero que votaría por la negativa. Con ese panorama, al oficialismo de igual manera le daban los números para sacar el decreto porque quedarían empatados con la oposición y en ese caso el desequilibrio a favor del sí para el decreto lo impondría Parés como presidente de la Cámara.

Cornejo, con Parés y Pereyra al otro lado del teléfono, decidieron encontrarle una salida política al entuerto sin que el gobernador corriera con el costo de hacer imponer la mayoría oficialista y quedar como un intransigente a ultranza y autoritario. Y darle, por otro lado, el protagonismo que reclama, en medio de la escabrosa relación entre el gobierno y el SUTE, uno de los socios electorales y políticos del gobierno de Cornejo, el Frente Renovador de Sergio Massa el que se erigió en una suerte de árbitro funcional en la discusión legislativa.

Ayer pocos en el oficialismo conocían lo que Cornejo y Pereyra habían acordado, a excepción del presidente de la Cámara, el cornejista Parés. La incertidumbre ganó rápidamente las filas de Cambia Mendoza. Y la presencia temprano del intendente massista de San Carlos, Jorge Difonso, en la Legislatura levantaba interpretaciones de las más variadas entre ellas las especulaciones de un quiebre en el bloque oficialista. El llamado a una jornada de diálogo amplio, incluyendo a la iglesia, también alentó la posibilidad de poner en revisión el decreto firmado por Cornejo con el siguiente llamado a reanudar la paritaria con los docentes.

Sin embargo, con el correr de la horas, fue cobrando forma la maniobra política orquestada por el propio Cornejo para salvar su relación con Massa. Las advertencias de Pereyra, en el sentido de que el decreto tiene fisuras por no haberse agotado las instancias de la negociación (extrañamente ninguna de las partes solicitó un llamado a la conciliación obligatoria, un recurso que obliga a las partes cuando no hay acuerdo a seguir negociando por al menos quince días para después de ese período si persisten las diferencias declarar caída la paritaria), ha encendido luces de alarma en el propio gobierno. Porque se entiende que el SUTE, junto a los paros que puede seguir protagonizando, llegará a tribunales internacionales denunciando a Cornejo, a su gobierno y a la provincia, de violar normas emanadas desde la OIT, la Organización Internacional de Trabajo.

Como sea, Cornejo seguirá adelante con su plan. El cuarto intermedio de la sesión de Diputados hasta mañana confirma eso. Hasta ayer, Pereyra le había garantizado sentarse para dar el quórum aunque persistiría en su idea de votar en contra el decreto, con lo que el oficialismo haría uso del voto doble de Parés para aprobarlo.

En medio de todo este panorama, no fueron pocos en el propio oficialismo que en la intimidad se permitieron hacer una autocrítica de la forma en la que el gobierno fue llevando la discusión. Entre lo que se ha escuchado, es que Cornejo pudo haber flexibilizado su posición usando el polémico ítem Aula como un estímulo y ofreciendo un aumento del orden del 22 por ciento generalizado para todos. Algunos sondeos en el universo de los docentes dan cuenta que se pudo haber dejado pasar el año y dejar sentado en el acuerdo paritario que para el próximo año el ítem pasaría a formar parte del nuevo porcentaje y discutido integralmente.

Pero así como están las cosas, el gobierno ordenaría pagarles a todos el ítem y dejar en manos de las directoras de escuelas su aplicación, como una herramienta de sanción para los docentes incumplidores. Si es así, un nuevo problema se incorporaría a la ya complicada relación entre la cúpula del gremio y el gobierno. Pero eso ya será otra historia.

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