La frase de Alfredo Cornejo en los salones del Senado de la Nación O Mendoza se endeuda o debe despedir 15 mil empleados sonó más fuerte que cualquier otra; no solo en la provincia sino también a nivel nacional.
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¿Ajustar, endeudarse o crecer?
Avanzando por sobre la situación coyuntural discutible de la provincia, la frase del Gobernador dispara una discusión de la cuál rehuyeron los políticos, empresarios, sindicalistas, organizaciones sociales los últimos 20 años.
La frase del gobernador no fue distinta, no se apartó de lo que viene proponiendo la política mendocina en las últimas dos décadas, endeudarse o achicar. No se escucha proponer un camino definitivo y amplio de cómo crecemos, qué hacemos con este desierto cultivado y sus casi dos millones de habitantes y creciendo.
Ese gran debate que se debe Mendoza fue cercenado por la dirigencia política de cualquier color. Avalados, por acción u omisión, por la mayoría de un empresariado que quiere insertarse en el Mundo pero no entrar en competencia con este o perder sus privilegios.
El Estado creció en personal, se necesitan cada día más maestros, más médicos, más policías, más reparticiones descentralizadas. También es cierto que la Mendoza económica activa no creció acorde de las necesidades y las crisis transformaron al Estado en una salida de empleo vía programas sociales o semi productivos que vinieron en auxilio de sociedades devastadas y aclaremos que la incidencia en la planta total del Estado de los acomodos es mínima aunque se quiera contar lo contrario.
Podríamos preguntarnos por qué, las respuestas pueden ser muchas pero cruzadas por la misma lógica; falta de voluntad política, pero sobre todo de grandeza para mirar el futuro.
Mendoza necesita imperiosamente dejar de hablar de ajustes o endeudamiento y para eso debe repensar su matriz productiva, en un trabajo que no solamente económico o político, debe tener un amplio contenido cultural y social.
Mendoza sigue enseñando en sus escuelas que la vitivinicultura es nuestro maná, negando a sí misma que hace muchos años no vivimos de ella sino que, más bien, ella vive de Mendoza. Un Estado/Sociedad que nunca se preocupó por agrandarse, tomó el camino de subsidiar las actividades agropecuarias con recursos públicos de forma directa o indirecta, sin pensar a futuro.
La dirigencia prefirió concentrarse en sus necesidades; la política en ganar elecciones; los empresarios en la diaria de sus negocios; las organizaciones intermedias en sus reclamos puntuales y egocéntricos; mientras los ciudadanos de a pie esperaban alguna solución a sus problemas diarios.
Esos problemas diarios se transformaron en permanentes. Mendoza creció aupando una imagen de provincia rica, riqueza que perdió el mismo día que decidió pensar en el presente y no en el futuro. Es el momento de por convicción o necesidad tirar del paño y dar las cartas de nuevo pero pensando en el futuro real de una sociedad y una provincia en crisis permanente.
Se siguió pensando como una provincia chica con vida de pueblo, pero un día llego a los dos millones de habitantes y creciendo, se transformó en lugar de destino de miles de compatriotas y hermanos latinoamericanos y su matriz cambió para siempre.
Hoy el desafío se multiplicó porque lo que no se hizo hay que recuperarlo pero las condiciones no son las mismas. La matriz productiva y económica de Mendoza entró en una especie de etapa de agotamiento y de la cual hay que salir lo más pronto posible para recuperar el futuro.
La dirigencia debe pensar estratégicamente cómo se producen nuevos recursos, cómo logramos que nuestra economía marche hacia una explotación racional, controlada y beneficiosa de nuestros recursos naturales, combinada con nuestra tradición y una potente economía de servicios capaz de aprovechar la ubicación estratégica.
La discusión de la Mendoza del futuro también debe ser inteligente agrupando los recursos económicos, productivos, sociales, culturales, naturales que tenemos y que deben valorizarse en conjunto.
Decisiones políticas y sociales pueden ser también importantes generadoras de recursos a mediano plazo. Solo hay que entender que así el modelo está lleno, el camino es poner en marcha una nueva era de la provincia, el desafío de todos es sumarse sin egoísmo a pensar una Mendoza capaz de tener futuro.