La nueva administración de gobierno, además de tener que lidiar con un Estado desfinanciado, sin recursos y con muy pocas herramientas para acudir en auxilio de los sectores de la economía que la están pasando realmente mal todas cuestiones objetivas que forman parte de una herencia maldita que le fue traspasada, se enfrenta ante un temor propio: que sea en verdad un equipo liderado por un hombre capaz, inteligente y audaz políticamente, como es Alfredo Cornejo, pero que puede resultar ineficiente a la hora de administrar un Estado a escala provincial con el mismo método por demás exitoso que aplicó en el plano municipal. El no estar a la altura es el fantasma que ha comenzado a merodear al Ejecutivo.
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Nuevo Gobierno: el fantasma de no estar a la altura
Cornejo ha desembarcado en la conducción de la provincia cumpliendo a pie juntillas lo que le dicta el protocolo con el que gobernó Godoy Cruz, basado en la centralización de todas y cada una de las medidas del gobierno, desde las más nimias a las más sensibles y estructurales y desde ya marcando el ritmo del gasto con rienda corta. Los primeros indicios de que el modelo puede que no aplique en la liga provincial se está manifestando en la quietud, en cierta inmovilidad y en la falta de resolución en muchas de las áreas del Ejecutivo que no dependen del ámbito macro del Estado nacional.
Los intendentes exitosos, como lo fue Cornejo, están a tiro de las necesidades de los vecinos. El gobernador, en su época de cacique territorial, auscultaba cada movimiento de los camiones que salían a limpiar su ciudad y conocía, al instante, las demandas de los barrios más bravos gracias a los constantes informes de situación que le hacían llegar en tiempo real sus directores y punteros embebidos en el corazón de las alertas.
Pero la proporción de la provincia, ya no sólo por las dificultades extremas del Estado, ha sorprendido al Ejecutivo. Es habitual el desconcierto y el desorden en áreas que sólo se entienden y se explican sobre la base de respuestas rápidas y ejecutivas y que al día de hoy no las tienen. Nada se hace sin el conocimiento del gobernador, que es quien aprueba o desaprueba cada movimiento con obsesivo celo de control. Pero no está en todos los lados al mismo momento.
Cornejo gobierna en soledad y se debe a un alto grado de desconfianza y a la imposibilidad de haber podido conformar un equipo, al menos en esta primera etapa de gobierno, que reúna vuelo propio en sus filas y capacidad suficiente como para acercarle al Jefe soluciones, ideas, alternativas, miradas diferentes que puedan enriquecer la que él tiene sobre el conjunto de conflictos.
La Legislatura, histórico centro de discusión política que muchas veces contrapuso a los problemas de la provincia algún grado de razón cuando la misma se ausentó del Ejecutivo, hoy brilla de pálida y alarmante mediocridad. Como si allí no se hubiese tomado conciencia del crucial momento que se vive. Es cierto que Cornejo encontró en los primeros meses la aprobación de leyes que ha considerado claves para el primer año de gestión, como las de Emergencia Financiera y de Seguridad, pero sin que se le haya incorporado, a ambas, aspectos suficientemente sustanciales como para levantar la vara de lo que fue propuesto. Tampoco hay debates sobre asuntos de profundo valor.
Al igual que Mauricio Macri, que ha tendido puentes de unión con los gobernadores buscando el apoyo para sus proyectos enviados al Congreso, Cornejo comienza a mirar a los intendentes, a quienes conoce sobremanera, para cotejar con ellos las que serán las primeras medidas de acción sobre las que piensa poner en movimiento al Estado.
A los caciques, la nueva administración les ha asegurado que antes de que termine el año puede que aparezcan los primeros indicios de recuperación de la provincia basados en el orden fiscal que se está aplicando. Cornejo sabe que los municipios, tomados incluso de manera individual, en su inmensa mayoría se encuentran en una situación más holgada que la provincia.
A los intendentes, el Ejecutivo les ha pedido comprensión y paciencia por la ausencia de resultados de gestión. Cornejo tiene la concepción de que fue producto de las últimas políticas que se implementaron en Mendoza y en el país ese fenómeno que se ha dado de que se está ante municipios ricos en medio de una provincia pobre con dificultades hasta para pagar los sueldos. Por lo que está convencido de que la fuerza para mejorar la situación tiene que venir desde las comunas hacia la provincia para después comenzar a equilibrar los recursos en función de las necesidades de cada región.