Como si no alcanzará la realidad nacional y las acciones y decisiones tomadas en la última semana por el presidente Mauricio Macri, el diablo metió la cola. El dictamen de la Suprema Corte de Mendoza ante una acción de amparo colectiva aportó lo que faltaba.
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Política versus Justicia: La batalla de nunca acabar
La presentación mediática y política del tema parece a primera vista por lo menos desproporcionada. Nada siempre es lo que parece, más aún en estos ámbitos.
Es cierto que el dictamen de los supremos mendocinos, no es de lo más acorde a los tiempos políticos que corren, donde cualquier decisión que suene cercana al mal llamado garantismo parece un pecado.
La Corte en las 81 carillas del escrito no hace otra cosa que recordar una y otra vez lo ya dictaminado más de una vez por el propio tribunal y organismos nacionales e internacionales y solo pide cumplir con la ley.
Es cierto que no aparece una pizca de autocrítica a su propia acción.
La dignidad de las condiciones de encierro deben ser garantizadas por el Ejecutivo mediante obra y recursos. Ahora es inaplicable cuestionar al Ejecutivo por la progresión constante de procesados sin condena en las cárceles de Mendoza. En algo está fallando la Justicia sin dudas y es en su eficiencia. Sus horarios, sus tiempos distan mucho de ser lo que necesita una sociedad moderna que reclama soluciones.
Los supremos mendocinos planean emitir un comunicado en las próximas horas, probablemente antes de la reunión con el gobernador mañana al mediodía (sino lo hicieron entre el cierre de esta columna y su publicación).
En los pasillos de Tribunales miran con cierta preocupación la reacción política del oficialismo y mediática, esperan el lunes para explicarle al gobernador que es un dictamen más para adentro que para afuera y que al contrario de lo que cree esto lo ayudará más que complicarlo, sobre todo en la imagen internacional del sistema judicial y carcelario de Mendoza. Pero seguramente también le reclamaran al Ejecutivo compromiso para obras y recursos para los tribunales y las cárceles.
El gobierno por su parte vio claramente que podía profundizar su discurso sobre la seguridad y continuar la batalla contra lo que consideran una justicia por lo menos poco eficiente. Pérez perdió esa batalla por goleada, jamás pudo hacerlos trabajar de tarde, desde el balcón del cuarto piso solía mirar hacía el Palacio de Tribunales y mascullar bronca por el vacío y las luces apagadas. Cornejo recoge el guante en un escenario más favorable; en el imaginario está instalado que jueces y abogados se complotan para que los presos salgan más rápido de lo que entran. Los números y la realidad muestran que no es así pero se sabe que por estos días en la Argentina es más fuerte lo mediático y la realidad publicada que lo que verdaderamente pasa.
Mañana se sabrá cómo continua la historia.
A nivel nacional cada día aparece un acontecimiento que parece tapar el anterior, las terribles inundaciones del Litoral, la reacción del presidente y las declaraciones de sus colaboradores dieron mucha tela para cortar, pero también dejaron en segundo plano decisiones como la intervención del AFSCA, la continuidad de las medidas económicas o hasta cuándo se seguirá apelando a los DNU para la gestión de estos primeros meses de gobierno.
En cualquiera de los planos local o nacional la semana que se inicia parece que tendrá poco de esos tradicionales días de fin de año en los que poco pasa.
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