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La inexplicable y peligrosa caída de Macri en la misma prepotencia K

Dos pasos dados en falso por el gobierno de Mauricio Macri durante los primeros diez días de gobierno, nublan el panorama inmediato de una administración que vino –de acuerdo con lo que propuso a lo largo de la extensa campaña electoral– a adecentar la práctica de la política en la Argentina, que tras doce años de kirchnerismo como dominador absoluto de la escena no sólo agotó a la ciudadanía que cree en las buenas prácticas de la democracia, en sus modos y en sus formas, sino que fue guiando al país hacia el peligroso abismo de los totalitarismos basados en la prepotencia como método sujeción.

En pocos días, Macri logró lo que pocos creían: tomar el camino de la normalización de la economía con efectos dolorosos, pero sin traumas en los inmediato. Logró dominar el mito de la salida del cepo, levantó restricciones económicas a sectores que hacía años venían reclamando por medidas de similar naturaleza y hasta comenzó a normalizar, con la fuerza de la ley, mediando y siendo firme con los excesos, conflictos callejeros como el que desde meses vienen protagonizando los trabajadores de la fallida avícola Cresta Roja luego de ser abandonados a su suerte por la administración de Cristina Fernández.

Pero ha fallado burdamente en la designación por decreto de los dos integrantes de la Corte Suprema de Justicia y ahora con la determinación que tomó de intervenir la AFSCA y la AFSTIC, los dos organismos creados por ley –una ley que fue declarada constitucional por la Corte, lo que no es un hecho para nada menor– y que les dio a ambos organismos características autárquicas y que se ocupan de la implementación de las políticas vinculadas con los medios y servicios audiovisuales y de las nuevas tecnologías.

La Ley de Medios, la que alumbró la AFSCA, fue en su esencia, naturaleza y filosofía una buena ley que había llegado para democratizar las comunicaciones en el país. Esto es que las ONGs, las OSC, las iglesias, los sindicatos, las uniones vecinales y las comunidades pequeñas como las nativas postergadas por siglos en el país, pudiesen contar con medios de comunicación que se encargasen, entre otras cosas, de sus propios temas, asuntos y problemas y que el resto de la sociedad los tuviera en cuenta y que, por sobre todo, no hiciera invisible su situación.

Pero a poco de andar y con el empeño puesto por la administración K, la misma sociedad dedujo el verdadero y casi único fin de semejante movida: acorralar a las principales corporaciones mediáticas del país, como el Grupo Clarín, intentando su desguace. Al frente del organismo el kirchnerismo impulsó y logró entronizar a uno de sus más fieles adeptos, Martín Sabbatella, la cabeza visible del partido Nuevo Encuentro, el movimiento ultrakirchnerista que con su conductor hicieron de la guerra contra Clarín casi el único objetivo de su existencia. Es más, la AFSCA y la AFSTIC fueron pobladas por los militantes de la Cámpora y hasta se llegó a denunciar que sus empleados y funcionarios debían dejar un porcentaje de sus altos haberes al financiamiento del propio partido.

El resto de los postulados de la ley pasaron a un segundo plano. La mayoría de los medios que crecieron al amparo de la norma rápidamente se convirtieron en fervorosos militantes K y muchos de aquellos pertenecientes a las organizaciones sociales que lograron salir al aire quedaron rehenes de la pauta oficial, de municipios, gobiernos provinciales y la administración nacional. Incluso unos cuantos, con la salida del kirchnerismo del poder, corren el serio riesgo de desaparecer ante la falta absoluta de sustentabilidad. Para lamento de todos, de sus trabajadores y de la misma comunidad a la que sirven de buena fe, lejos de los fines de adoctrinamiento político K como asumieron otros tantos.

Pero tal panorama no habilita al nuevo gobierno a usar, para contrarrestar las absolutas diferencias que tiene con las autoridades de la AFSCA, los métodos más cuestionables –legales, sí, pero ilegítimos–, para separar a Sabbatella del organismo. Métodos que si los hubiera usado Cristina hubiesen sido motivo de durísimas críticas por parte de quien hoy los está utilizando.

Macri está a tiempo de corregir semejantes errores que dejan ver una forma de gobernar que se creyeron sepultados con su llegada al poder. La democracia es respeto institucional y seguridad jurídica y en la democracia, como ahora está visto, los métodos y las formas son el fondo, no la superficie. Los métodos y la formas, los usos, los modos y los estilos en democracia se transforman en su esencia, porque sobre esas bases, que incluyen desde ya el respeto y apego absoluto a la ley, se afianza la república. Macri ha sido siempre un hombre de poder. No sólo se ha codeado con el poder, sino que lo ha encarnado y hecho valer en muchas oportunidades a lo largo de su vida. Ahora, al sumar el poder político al puño en el que contuvo el poder económico, es de esperar que no lo transforme y lo convierta en lo que tanto criticó desde los discursos. Críticas que no fueron suyas, sino también de sus socios políticos con los que llegó a la Presidencia.


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