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opinión

Aguinaldos y el presupuesto, las metas de la semana de Cornejo

La semana más sensible del año arranca con algunas indefiniciones e incertidumbres para el gobierno de Alfredo Cornejo.

La semana más sensible del año arranca con algunas indefiniciones e incertidumbres para el novel gobierno de Alfredo Cornejo. Lo que supone, desde ya, un riesgo alto si no se logran las metas. El gobernador se planteó como objetivo que antes de la noche de Navidad pueda pagar los aguinaldos para luego ver cómo, cuándo y de qué forma comienzan a abonarse los sueldos de diciembre, con la esperanza de liquidarlos en los primeros días del nuevo año siempre y cuando consiga, para ambos objetivos ­–sueldos y aguinaldos–, la salvadora asistencia financiera del Banco Nación que viene de ayudar, dicho sea de paso de la misma manera que necesita Mendoza, a la provincia de Buenos Aires por más de 4 mil millones de pesos para lo mismo.

Además, Cornejo pensaba, una semana atrás, que hoy podría llegar con las leyes económicas listas para enviar a la Legislatura; esto es Presupuesto, Avalúo e Impositiva, las normas clave en donde se asienta toda la política y estructura de gestión de un gobierno cualquiera para el año que viene. Y este momento es particularmente importante, porque es el primero de la administración y porque se recibe una herencia penosa que ha obligado a Cornejo a planificar sólo y nada más que un plan para ordenar la estructura del Estado, con muy pocas posibilidades de incorporar al sueño gubernamental nuevas medidas para reactivar, siquiera, la obra pública o retomar viejos anhelos de toda la dirigencia y la sociedad en su conjunto.

De lo que se sabe y se puede intuir, los borradores de las leyes de las que han trascendido datos aislados y lo poco que se ha querido admitir públicamente, es que podrían estar listas para ser enviados este martes a la Legislatura, siempre y cuando se llegue con los tiempos. Se descarta lisa y llanamente un incremento de impuestos para el 2016, pero sí una actualización generalizada de los avalúos fiscales acompañando –según se ha dicho– el ritmo de la inflación, sin que se pueda sostener en ese sentido si será de un 25 o 30 por ciento más.

Otro de los aspectos que ya se dan por descontado, es que los legisladores de Cornejo arremeterán defendiendo un incremento del déficit que puede llegar a superar los 8 mil millones de pesos, cuando se creía que orillaría los 5 mil millones. Esto porque, entre otras nuevas decisiones, se sumará el pedido del Ejecutivo de un nuevo endeudamiento que casi duplicará el acordado durante la transición de 5.800 millones de pesos. Este punto, puede que desate una dura discusión política en las cámaras por el solo hecho de que el peronismo se parapetará detrás de una dura crítica al gobierno luego de que el radicalismo le negara, durante dos años continuos a Francisco Pérez, la autorización de la deuda que pidió durante los últimos dos años de su gestión.

Los números, en verdad, para lo que necesitará el Estado para funcionar en el 2016 van variando a medida que va apareciendo la información real de la situación. Se sabe que la respuesta radical ante la negativa de la oposición para aprobarle el nuevo endeudamiento se basará en el desastre generalizado y también en los 900 millones de pesos que se van a requerir para financiar los nuevos pases a planta que ordenó la administración de Pérez a pocas horas de dejar el poder, entre las urgencias conocidas que tienen a los proveedores golpeando la puerta del palacio del Barrio Cívico.

Serán, claro está, discusiones calientes y febriles, con teatralizaciones incluidas y mucho para la platea de medios que seguiremos las negociaciones, pero que tendrán que cerrar más temprano que tarde para que el nuevo gobierno tenga las herramientas que pide para comenzar a ordenar el descalabro.

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