Hace una semana planteábamos el cambio de la Argentina que analizamos en algunos aspectos.
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La esperanza es lo último que se pierde
Esta sin dudas ese cambio se profundizó -después de algunos días de ansiedad- con varios de los anuncios económicos que se esperaban. No es menos cierto que anuncios de otras áreas, el más resonante el Decreto de necesidad y urgencia para nombrar nada menos que dos miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, generaron ruido fuerte y profundo.
Las medidas económicas anunciadas entre lunes y miércoles no son inocuas para Mendoza y hasta se podría decir que se puede discutir y mucho su alcance.
El lunes la eliminación de las retenciones mejoro en un cinco por ciento el tipo de cambio exportable de la vitivinicultura mendocina (tomando a esta como referente de la producción), el miércoles esa mejora se multiplico largamente con la liberación del mercado cambiario que se transformó en una devaluación cercana al 40 por ciento.
Según la fundación IDEAL, cercana a la vice gobernadora Laura Montero, la competitividad cambiaria mejoró un 50 por ciento para la producción mendocina. Número que no es real pero más adelante veremos por qué.
Lo cierto es que las decisiones tomadas en apenas 72 horas parecen necesarias para las economías regionales pero exceden largamente lo lógico para los sectores productivos de la pampa húmeda.
La transferencia de recursos desde el estado a ese sector se puede calcular entre los 70 mil y 80 mil millones de pesos, depende de cuánto se considere que tiene guardado en silos bolsa el sector. El número es escalofriante si se piensa que es un sector que no estaba en su mejor momento pero tampoco está mal. La realidad desmiente los discursos, ningún otro sector se puede dar el lujo de estar sentado sobre más de 10 mil millones de dólares esperando que el panorama mejore. El complejo sojero sumando trigo y maíz recibió su rodrigazo exclusivo.
Pero además la forma que han tomado las medidas dejan dudas de su utilidad a futuro. La eliminación lisa y llana de las retenciones y la mejora sustancial del tipo de cambio para trigo y maíz abren interrogantes sobre su precio y disponibilidad para el mercado interno. La soja es un caso distinto, pero si es posible preguntarse con este contexto cuáles son las posibilidades de desarrollar un complejo agroindustrial si exportar lisa y llanamente el cereal es tan beneficioso.
Si bien es obvio que economistas y fundaciones adoctrinados en la corriente tradicional presenten el combo retenciones/devaluación como una panacea aún queda mucho camino por recorrer para comprobar si algo cambio y el combo mil veces probado y fracasado genera algún éxito.
A nivel regional las certezas son aún menores. La complejidad de nuestra industria madre para tomarla de ejemplo- es grande y el combo presentado no soluciona las cosas por si solas. La incidencia de costos de los insumos importados (que sufren, de mínima, la misma variación del dólar), la variable salarios, los 200 millones de litros de sobre stock, la ausencia aún de definiciones sobre la próxima cosecha, la anunciada caída de subsidios energéticos, la variación de los costos de fletes a partir del ya también anunciado aumento de combustibles, la dificultad de los mercados internacionales y la ausencia de nuevos, no hacen otra cosa que reflexionar sobre si realmente se puede mejorar competitividad tanto como se presume. En el cortísimo plazo seguramente algunos ganaran, pero cuánto de eso se podrá trasladar a la parte más débil de la cadena; poco, muy poco
A las incidencias en la provincia de las medidas nacionales también se pueden sumar a la lista de interrogantes, las paritarias que se esperaban duras no se simplificaran con los aumentos de precios. A eso hay que sumar que Mendoza necesita imperiosamente financiamiento y no nos extenderemos mucho más en estos puntos que ya fueron abordados en extenso en la columna del viernes de Marcelo Torrez.
Todas las dudas que se generan podrán tener respuesta a partir de la política, de una presencia fuerte para contener los sectores en pugna y también de que se concrete la soñada lluvia de divisas para fortalecer reservas y cambiar los ánimos. Pero también a partir de la apertura se necesitaran reglas de juego claras y fuertes para la entrada de productos importados que puedan poner en peligro la industria argentina y los puestos de trabajo.
La historia argentina no es prodiga en ejemplos exitosos de este tipo de medidas, pero como se dice por allí, la esperanza es lo último que se pierde por el bien de todos.