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opinión

Un gobierno de metas cortas

Que los chicos de séptimo grado salgan de la escuela primaria sabiendo leer y escribir. Que los del secundario terminen todos y que puedan ingresar a una universidad para capacitarse pudiendo ser alguien más adelante. Que los médicos cumplan con su horario y con sus obligaciones más simples. Que los maestros se capaciten cada día y puedan dar lo mejor para formar a los chicos. Que los policías hagan bien su trabajo respaldados por las leyes y auditados por los entes de control. Que los empleados públicos sean dignos de trabajar para todos, es decir para el Estado. Que los sueldos se paguen en tiempo y forma. Que los organismos de recaudación salgan a cobrar los impuestos. Que todos paguen los impuestos. Que los empresarios se quejen menos y aporten más para producir mejor y ganar mucho más de lo que nunca imaginaron. Que cualquier vecino en cualquier esquina de cualquiera ciudad o cualquier pueblito de la provincia se pueda tomar un colectivo sin temer a ser asaltado. Que el colectivo pase a la hora indicada. Que un habitante de Pata Mora en el más olvidado sur, u otro en aquel paraje perdido del desierto lavallino no se sienta nunca más olvidado por el Estado ni mucho menos discriminado. Que el productor pueda vivir de lo que planta y siembra a lo largo de todo un año de sacrificio enterrado en los surcos polvorientos y calcinantes. Que cualquiera pueda transitar con libertad por las calles sin que lo interrumpa un piquete de gomas ardiendo. Que un padre o una madre puedan llevar todos los días a la hora de comer un plato caliente para sus hijos ganado con el digno trabajo y sudor de sus frentes. Que todos vuelvan a sentir el orgullo de vivir en una tierra que se transformó de la mano de líderes que tenían metas corta. Que todo el mundo sienta que vive en una provincia en donde el que las hace las paga. Y que aquel que las hace bien no sienta que es un sapo de otro pozo. Que el corrupto devuelva lo que se robó y que no sienta que la sociedad lo premia por tratarse del más vivo del barrio. Que las cosas funcionen. Tan simple como eso. Señor gobernador, a usted se le habla, a usted que asume el control de una provincia desesperanzada, sepa que tendrá a los mendocinos de bien detrás de esas metas. Si no lo puede lograr, pida ayuda. Tiene el crédito abierto para ir por esas metas cortas. Puede acertar y también puede fracasar, como todo. Pero de lo que no volverá nunca es de la traición, de la desidia, de la negligencia, de la mentira, de la inacción y de la eventual mimetización en un sistema corrompido y en absoluta decadencia. Sepa, también, como usted lo dijo ayer, que quien la hace las debe pagar.

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