La ola de violencia volvió a crecer este jueves entre Israel y Palestina con cuatro nuevos ataques con armas blancas contra israelíes, que dejaron ocho heridos y un atacante muerto, y la represión militar israelí contra un sinfín de protestas palestinas, que terminó con otro muerto y unos 80 heridos.
Al caer la noche, la tensión acumulada después de una jornada completa de ataques, redadas, protestas y represión se sentía de manera especialmente fuerte en Jerusalén, donde cientos de israelíes de extrema derecha marcharon hacia la Ciudad Vieja al grito de "¡el pueblo quiere venganza!".
Tras algunos empujones con la policía, los militantes lograron entrar a la Ciudad Vieja y llegar al Muro de los Lamentos, pegado a la Explanada de las Mezquitas, un complejo que alberga la mezquita de Al Aqsa, el lugar más sagrado para los musulmanes en Jerusalén y el disparador del actual conflicto en las últimos meses.
A sólo unas cuadras de ahí, una multitud de palestinos inundaba las callejuelas del único campo de refugiados de la ciudad, Shuafat, para participar del funeral de Wissam Jamal, el joven de 20 años que murió este jueves baleado en el pecho por la policía militarizada israelí cuando intentaba resistir una redada en la casa de un joven que protagonizó uno de los ataques de ayer en Jerusalén.
Una de las principales políticas de Tel Aviv en esta crisis es la demolición de las casas de los palestinos que ataquen a ciudadanos israelíes.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiteró este jueves en conferencia de prensa en Jerusalén que continuará respondiendo a la actual "ola de terror" con mano dura, declaró al país en "máxima alerta" y advirtió que no existe una "solución mágica" ni inmediata, informó la agencia de noticias EFE.
"Las acciones no son organizadas, pero siempre son resultado de la instigación de Hamas, de la Autoridad (Nacional) Palestina y varios países de la región", dijo el premier, quien sin embargo llamó al presidente palestino, Mahmud Abbas, a "colaborar" con él para detener la ola de violencia.
Netanyahu también acusó de la violencia a los árabes israelíes, a los que se refirió como el "movimiento islámico en Israel que inflama el terreno con difamaciones sobre nuestra política en el Monte del Templo", el nombre judío para la Explanada de las Mezquitas.
Tel Aviv llama árabes israelíes a aquellos palestinos que se quedaron en sus tierras dentro de Israel cuando se fundó el Estado judío, en 1948, y recibieron la ciudadanía israelí.
Netanyahu dio la orden este jueves de prohibir la entrada a todos los diputados israelíes, a los miembros de su gobierno y a todos los palestinos de menos de 50 años a la Explanada de las Mezquitas, una decisión que se sentirá mañana especialmente entre los fieles musulmanes ya que los viernes es su día sagrado.
Inmediatamente 13 diputados de origen palestino del Parlamento israelí desafiaron esa prohibición y se comprometieron a visitar ese lugar sagrado mañana, lo que abre un horizonte incontrolable de reacciones por ambos lados del conflicto y trae de vuelta el temor de que estalle una nueva intifada, como se conoce a los levantamientos palestinos de las últimas décadas.
"Ni Netanyahu ni nadie podrá impedirnos entrar en nuestra mezquita de Al Aqsa", sentenció uno de los diputados del grupo opositor, Ahmed Taibi, tras tachar la prohibición de "absurda e ilegal", según EFE.
Hoy, la policía israelí comenzó a instalar detectores de metales en los accesos a la Ciudad Vieja de Jerusalén, el lugar más turístico de la ciudad.
La decisión llegó poco después que un hombre palestino atacara con un cuchillo a un judío ortodoxo de 25 años que esperaba en una parada del tranvía que cruza el centro de Jerusalén.
La víctima resultó herida y el atacante fue detenido en el lugar por la policía.
Pero la tensión y la violencia no se limitó solamente a Jerusalén. Los ataques y las protestas palestinas también se extendieron a lo largo y ancho de Israel en los últimos días.
En Tel Aviv, el corazón comercial del país, tres personas sufrieron heridas leves y otras dos fueron atendidas por conmoción cuando un palestino los atacó este jeuves con un destornillador. Un soldado israelí que estaba presente lo mató de un tiro, según informó la policía local.
El diario Haaretz publicó que el atacante era un obrero de la construcción, aunque aún no se sabe si vivía legalmente dentro de Israel. Actualmente el gobierno de Netanyahu otorga permiso a 60.000 palestinos de Cisjordania para entrar al territorio a trabajar.
El tercer ataque palestino de la jornada dentro de Israel sucedió en el centro de Afula, una ciudad al sur de Nazareth y a pocos kilómetros de la frontera con el norte de Cisjordania. Un hombre hirió de gravedad a un soldado israelí y fue detenido en el acto, según informó la policía local, citada por el canal 10 de televisión.
Además, Haaretz denunció que la policía israelí detuvo a varios palestinos en la ciudad del norte de Haifa y en la del sur de Beersheva para interrogarlos.
El último ataque de un palestino de este jueves tuvo como objetivo un colono israelí en Kyriat Arba, una de las colonias más ultranacionalistas y violentas de la ocupada Cisjordania, ubicada al sur de la histórica ciudad de Hebrón.
El Ejército israelí informó que el colono resultó herido y el atacante logró escaparse.
Mientras los ataques palestinos dentro de Cisjordania se restringen a las colonias israelíes y las zonas aledañas, en el resto de este territorio ocupado la violencia se vive en la forma de la sistemática represión militar israelí a las protestas palestinas.
La Media Luna roja local informó que más de 80 palestinos fueron heridos durante este día por balas de fuego y de goma en varias protestas dentro de Cisjordania.
Desde el comienzo de esta última ola de violencia, los heridos palestinos ya suman más de 700.
La escalada diaria de violencia y tensión es tal que el líder del laborismo israelí y uno de los hombres que más criticó la política de mano dura de Netanyahu en la campaña electoral de principio de año, Isaac Herzog, llamó a "cerrar completamente" Cisjordania para "evitar posibles actos de terror".