Apenas iniciada la transición hacia el traspaso de mando, que se producirá el 10 de diciembre, y luego de que desde el radicalismo se advirtiera que tenían un panorama muy distinto de la situación provincial de la del oficialismo, el gobernador Francisco Pérez inició una ronda de contactos con algunos periodistas para refutar, de su propia boca y con sus propios dichos, los dichos de los radicales que responden a Alfredo Cornejo.
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El drama de los pagos a municipios ricos de una provincia pobre
Pérez, por aquellos días, explicaba que la derrota del peronismo se había producido porque por primera vez el tercer partido tradicional en discordia, el PD, no había participado en la elección de junio y que al sumarse a las filas del poderoso frente electoral opositor de Cornejo, los votos gansos se sumaron al ganador de la contienda cuando, históricamente, habían sido utilizado, si se admite el término, para dividir y permitir con ello el triunfo del peronismo.
Así me ocurrió a mi en el 2011, dijo Pérez poniéndose como ejemplo sobre algunas de las circunstancias que le permitieron ganar las elecciones para la gobernación sin advertir, entre ellas, la extraordinaria incidencia de Cristina, la presidenta que en aquella elección general alcanzaría un histórico 54 por ciento de los votos llevando al trono de la gloria y el triunfo a quien estuviese colgado de su boleta. Como sucedió en Mendoza y en otros distritos del país.
Pérez también dijo, recordemos, que el problema central de la caja de recursos del Estado mendocino radica, especialmente, en los ingresos y no en el gasto. Es un problema de ingresos, estúpido, pareció decir el gobernador en aquellas declaraciones a los medios, intentando rebatir las quejas de Cornejo y de su gente sobre la mala administración que se ha hecho en la provincia de los recursos con que ha contado en los últimos años, aludiendo a que no sólo se habría gastado mal, sino que se gastó de más y de forma irresponsable.
Pérez, para justificar y fortalecer lo que dijo, mostraba a quien lo quisiera ver una hoja de papel tamaño A4 del primer día del mes de julio en donde figuraban los ingresos de la Tesorería por un lado y los gastos por el otro: 35 millones de recaudación, contra 110 millones de pesos de gastos, en un solo día. Con el tiempo, se advirtió que el gobernador mostraba una planilla de un momento del mes en donde los ingresos son de los más bajos, lejos de las fechas de vencimiento del pago de impuestos que suelen operar del medio mes en adelante y donde la ecuación se va invirtiendo. Pero ese detalle puede quedar sólo en una anécdota.
Desde aquellos días de comienzo de julio a estos, la marcha de la transición no ha variado. Nada por el lado del gobierno, nada por el lado de quien ganó el derecho a conducir la provincia desde diciembre. Pero sí está claro que la marcha de los números de la Tesorería no es nada buena y así lo indican los reclamos de aquellos proveedores que no cobran. Tampoco los municipios. Y que las comunas no estén recibiendo lo que les corresponde por participación municipal es una muestra de los tiempos que corren.
En julio, el mismo gobierno se ufanaba en señalar que pese a que tiene que lidiar con menos ingresos porque entre otras cosas una modificación en el sistema de reparto de fondos, que operó durante la gestión de Celso Jaque, dejó a la provincia con un 35 por ciento menos de recursos, llevaba al día el pago de las transferencias.
Ya en el mes de agosto la situación descrita por el Ejecutivo es desmentida de manera abrumadora por los mismos intendentes. A coro manifiestan que los atrasos en los pagos son los causantes, entre otros males, de las demoras en la liquidación de los haberes de sus empleados en los casos más graves.
Son cerca de 230 millones de pesos los adeudados por el Ejecutivo a los departamentos. Y junto con la falta de plata, a lo que el gobierno central aduce que se trata sólo de un problema de caja, le suma la queja de que muchos intendentes cuentan con dos o tres partidas de sueldos depositadas en los bancos producto de aquella modificación de Jaque, la que elevó en un 35 por ciento los recursos para las 18 comunas. Tenemos una provincia pobre con municipios ricos, se ha quejado el gobernador. Pero no todos son tratados de la misma forma. A excepción de Luján, Santa Rosa y Guaymallén, a quienes se les habría pagado algunos anticipos, al resto de los departamentos no se les envió las partidas y la falta de respuesta oficial resultó ser la nota distintiva del arranque de semana.
El panorama es desalentador: según el Ministerio de Hacienda, Mendoza ha recibido desde el 1 de agosto hasta hoy unos 280 millones de pesos en concepto de recaudación, sumando la provincial con la nacional. Ayer llegaron 20 millones y para hoy se esperaban alrededor de 100 millones de acuerdo con los datos adelantados desde la nación al ministro Juan Antonio Gantus. Encima, los empresarios del transporte presionan por la falta de cumplimiento del acuerdo al que habían llegado la semana previa a las PASO nacionales. Con los 3 millones de pesos que Hacienda le remite todos los días al Ministerio de Transporte, es imposible cumplir el pago de los 4 millones de pesos diarios que se había prometido. Y ni hablar de los 30 millones de pesos que los empresarios pensaban tener depositados el lunes en sus cuentas y que, por supuesto, no aparecen.