El resultado del primer round electoral en la carrera hacia al 25 de octubre, contra todas las previsiones, permitió establecer que la mentada polarización entre Daniel Scioli y Mauricio Macri lejos está de concretarse producto de la recuperación que evidenció Sergio Massa al lograr colarse entre los tres candidatos más votados en las primarias del domingo luego de que se adelantaran sobre su comportamiento los augurios más oscuros.
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La polarización que no se evidencia todavía
Quedó sellada también, y en especial para los mendocinos, la confirmación de que en esta provincia el electorado siguió el mismo comportamiento en términos generales que ya había demostrado en las primarias para gobernador, el 19 de abril pasado, cuando todo el arco opositor comandado por el gobernador electo Alfredo Cornejo no sólo se mostró como sólido y firme bajo la tutela y el amparo del radicalismo, sino blindado a las posibles fugas con las que algunos análisis especulaban.
Macri, tras los votos conseguidos el domingo, a 14 puntos porcentuales en el mano a mano o cara a cara con Scioli, se verá obligado a no sólo volver a variar su discurso el que ya lo había retocado luego del susto que se llevó su movimiento, el PRO, en la Ciudad de Buenos Aires con Martín Lousteau,, sino también a corregirlo y conducirlo hacia los electores de Sergio Massa, el tigrense a quien le rechazó y le cerró cualquier posibilidad de acuerdo previo a las PASO cuando varios dirigentes opositores se lo sugerían y a la vez le adelantaban que para enfrentar la poderosa maquinaria electoral del oficialismo necesitaría de todos quienes tenían y tienen algo para demostrar desde la vereda de enfrente al gobierno.
Macri siguió los consejos de su gurú Durán Barba y vio cómo se le abrió ante sus ojos la profunda complejidad del arco opositor obligado, en la Argentina de los últimos años, a elaborar una estrategia similar a la usada por quien gobierna el país de la actualidad, con hegemonía y fortaleza.
El problema opositor radica en que los frentes que ha podido alcanzar, la oposición, no gozan de la confianza del pueblo, el único dueño de los votos, un pueblo también, hay que decirlo, que le levanta la vara a los dirigentes no peronistas o peronistas desencantados y antiperonistas que se midieron o se medirán para enfrentar el estatus político imperante a quien no le impone demasiadas condiciones.
Scioli, en tanto, con su Frente para la Victoria ha comenzado a verse desde el último domingo como el incipiente nuevo y claro conductor llamado a continuar con el modelo y a protagonizar la vida por venir de un peronismo que tras los doce años entregado al estilo de los Kirchner, se someterá como así lo indica la experiencia y mandan los protocolos no escritos sobre su funcionamiento interno a un modo que en principio se presenta conciliador, apegado a los consensos y acuerdo amplios y con la complejísima misión de llevar a la Argentina otra vez a los primeros lugares del mundo para que lleguen las inversiones, la confianza externa e interna y las posibilidades de desarrollo y de crecimiento que se dieron a cuenta gotas en unos años en donde el viento de cola, que si bien se frenó sobre el fin del mandato K, dejó oportunidades invalorables para posicionar a la Argentina.
Mendoza, para el Frente para la Victoria, demostró ser un distrito difícil de dominar. Es cierto también que el comportamiento que tuvo Scioli y los candidatos del oficialismo nacional el domingo, les pudo haber dejado a los peronistas mendocinos la amarga evidencia de que el desdoblamiento les jugó en contra y que si hubieran jugado con la estrategia nacional quizás otra hubiese sido la historia en la disputa por la provincia. Pero hablar con los hechos puestos permite sacar esa conclusión. No menos cierto es que la sensación reinante de la ciudadanía provincial mandaba a tomar una decisión que les permitiese a los electores votar discriminadamente y atender los climas propios en los departamentos, en la provincia y en la nación. Eso ha sido, hay que decirlo, un aporte del peronismo a la claridad electoral en la provincia pese a que le jugó en contra y el tiempo hará que se le agradezca ese gesto político que nunca antes se había dado en Mendoza.
Otro análisis posterior a las PASO del domingo es el que se debe hacer con la situación del radicalismo, un partido tradicional de más de 120 años de historia que en el plano nacional no pudo dar en la tecla para alumbrar candidatos confiables, creíbles y referentes de los nuevos tiempos de la política nacional y de las demandas del momento.