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Por Marcelo Torrez

Lo que dice el papa y lo que dicen que dice el papa

“Pido al señor copiosas gracias que le permitan progresar en los valores humanos y espirituales, acrecentando el compromiso por la justicia y la paz”.

El papa Francisco volvió a sacudir el tablero político del país, tan sensible a las segundas lecturas y dobles intenciones, todo sobrevolado por un profundo sentimiento de visiones conspirativas y sacudido por campañas sucias.

Al cruzar el espacio aéreo de nuestro país, cuando se dirigía a Paraguay, su último destino de la visita latinoamericana, el papa argentino envió el famoso telegrama de salutación a Cristina, con la frase que mencionamos al principio.

El texto, no tenía ninguna particularidad especial del mismo que el Vaticano envía a cada presidente de cualquier país del mundo cuando el avión que lo transporta suela su espacio aéreo. Se trata de una salutación de cortesía y un mensaje de bendiciones a los ciudadanos de ese territorio. Con la excepción que el enviado a Cristina mencionaba, al comienzo del breve texto, una referencia a su país de origen, al que señaló como “la amada patria”.

En Argentina, tan adeptos a buscar segundas intenciones en todo lo que se dice, se escribe y se habla, de inmediato surgieron las interpretaciones de ese mensaje. No faltaron aquellos que vieron en esas líneas un pedido del santo padre a combatir la corrupción y a garantizar y custodiar la independencia de la justicia en la Argentina.

Un diario, La Nación, tituló su portada con el papa “pidió un mayor compromiso con la Justicia” en el país y desató, de inmediato, la reacción de la presidenta que, por medio de su cuenta en Twitter, se descargó con todo contra sus enemigos preferidos, los medios. Los acusó de mentir, de tergiversar la realidad, de contar y expresar cosas que no son. Para ello, fundamentó sus críticas al difundir los textos de los telegramas que el papa también enviara a los presidentes de Venezuela, Perú y Brasil. En todos, el papa casi calcó el mensaje en especial el pedido por acrecentar el compromiso por la paz y la justicia.

Varios fueron los políticos argentinos que se vieron movilizados a terciar en el contenido y significado de lo que quiso decir el jefe de la iglesia católica. Uno de ellos fue el precandidato presidencial por la UCR, el sanrafaelino Ernesto Sanz quien por medio de un comunicado enviado a las redacciones el sábado, sostuvo que al papa “hay que escucharlo más y usarlo menos”, para agregar, como remate, que además “pidió combatir la corrupción y defender la justicia. Quien quiera oír que oiga”, sentenció el titular del radicalismo.

La polémica seguirá, porque Cristina tiene previsto reunirse un par de veces más con el papa en el Vaticano y las dos veces antes de las elecciones generales del 25 de octubre, lo que ha provocado la inmediata reacción de políticos opositores manifestando el objetivo manipulador e interesado de esos encuentros por parte del Frente para la Victoria. Allí también está, velada y encubierta, una directa crítica a Bergoglio por permitir el uso político por parte de la presidenta de ese tipo de reuniones protocolares a las que el papa, aclaran en el Vaticano, no puede negarse por tratarse de reuniones entre líderes de Estado.

En verdad, todo lo que se diga en torno a interpretaciones de lo que dijo o quiso decir el papa Francisco en el contenido del telegrama, o lo que persigue al recibir a la presidenta, en apariencia todas las veces que Cristina lo quiera, siempre será relativo y desde ya, subjetivo ciento por ciento.

Que el papa incorpore en sus textos de salutación a los presidentes latinoamericanos las palabras justicia y paz, es porque indefectiblemente quizás para el papa, todo lo que esas profundas palabras encierran como significado no se esté cumpliendo como debiese.

De ahí a que los políticos argentinos quieran sacarle provecho llevando agua para su molino y arrogándose la interpretación de lo que ha querido decir el papa, no deja de ser otro de los disparates a los que estamos acostumbrados en el país. Disparates que se alimentan con las visiones e interpretaciones de la propia jefa de Estado nacional que no se da por aludida cuando el papa habla y también con las posturas de los referentes de la oposición que buscan en Bergoglio el medio que necesitan para darle fuerza y significado a un mensaje que no logran hacer llegar al resto de los ciudadanos.

El papa, mientras tanto, avanza sin pausa construyendo su figura como uno de los nuevos líderes indiscutidos a nivel político y espiritual del momento que tiene el mundo entero. Diplomático y firme, Bergoglio no se guarda nada de todo lo que cree que tiene que manifestar. Hay, sin embargo, algunos matices en su discurso y posturas que, avezados analistas internacionales, no han dejado pasar, en especial por algunas omisiones, como la nula referencia a la restricciones de los derechos de los opositores en Venezuela, por caso.

Pero nadie puede negarle que tuvo un protagonismo clave y decisivo en el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y hoy avanza, entre otras cosas, ayudando a Bolivia y a Chile a encontrar una salida acordada al conflicto por el callejón al mar que reclama el gobierno de Evo Morales.

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