Un emotivo momento vivió el papa Francisco durante su visita al Paraguay, cuando abrió una puerta de su pasado intenso al ver a las hijas de su exjefa.
Un emotivo momento vivió el papa Francisco durante su visita al Paraguay, cuando abrió una puerta de su pasado intenso al ver a las hijas de su exjefa.
Recibió el sábado en la Nunciatura a dos de las hijas de Esther Ballestrino, a quien el pontífice siempre elogió y que fue secuestrada y asesinada el 8 de diciembre de 1977 por la dictadura argentina.
Francisco recibió a Ana María y Mabel Careaga Ballestrino, quienes le enseñaron algunas imágenes fotográficas.

Esther Ballestrino era la jefa del joven Bergoglio, que a los 17 años estaba empleado en un laboratorio de química del que la mujer, procedente de Paraguay, era responsable. Fue ella, marxista convencida, quien le enseñó a pensar y le inició en las lecturas políticas.
Durante los años de la dictadura argentina, cuando la hija Ana María y los dos yernos fueron declarados desaparecidos, Esther se convirtió en una activista de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo. Temiendo una irrupción en su casa, pidió a Bergoglio que se llevara y escondiera los libros sobre el marxismo que conservaba en su biblioteca.
Finalmente, luego de ser secuestrada, Esther fue arrojada de un avión en uno de los vuelos de la muerte con los que la dictadura argentina se liberó de miles de opositores. Cuando su cadáver fue devuelto por el mar, fue sepultado sin identificación, la cual tuvo lugar muchos años más tarde gracias al trabajo de los antropólogos forenses. Por esto, en 2005, las hijas de Esther pidieron permiso al Pontífice para sepultar los restos de su madre en Santa Cruz, donde están ahora.


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