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La crisis hídrica, y un plan que se destaca en la chatura

Mendoza y San Juan experimentan, en la epidermis de su propia tierra, entre el quinto y sexto año de emergencia hídrica severa. Con embalses que fueron diseñados para albergar mucha más agua de la que hoy contienen, y sin que aparezcan perspectivas que mejoren la situación a corto plazo, ambas provincias debieron haber arrancado mucho tiempo atrás para comenzar a mitigar los efectos de la escasez de agua que se ha venido evidenciando de manera sistemática y continua.

En San Juan, por caso, las autoridades de gobierno suspendieron la entrega de agua a los sectores agropecuarios en marzo pasado y tienen planeado continuar con esa situación al menos hasta el mes de setiembre, con el arranque la primavera, con el fin de acumular la mayor cantidad de agua posible en los embalses y con ello comenzar a satisfacer la necesidad del agro en la provincia vecina.

Los sanjuaninos prevén llegar a una acumulación de 180 hectómetros de agua para esa fecha. Al 10 de marzo pasado, la situación era tan crítica que los embalses, en especial Ullum y Caracoles, sólo contenían el 5 por ciento del total para el que fueron diseñados. Entre ambos había una existencia de agua de 50 hectómetros, cuando tienen capacidad para 920 hectómetros.

El problema se agrava aún más cuando se verifica que con las napas subterráneas también ocurre lo propio que sucede en la superficie. La disminución de los niveles, tanto en los sistema sanjuanino y mendocinos, también se advierte, aunque los especialistas sostienen que hacia abajo el problema preocupa, pero no tanto como con los ríos que escurren al nivel de la tierra.

Desde el Ianigla vienen sosteniendo, como lo ha dicho en reiteradas oportunidades el experto Ricardo Villalba, que las precipitaciones níveas tienden a disminuir a medida que viajamos por la cordillera hacia el norte. Si nieva poco en Mendoza, menos lo hace en la cordillera sanjuanina, en La Rioja, en Catamarca, en Salta y Jujuy. Eso produce, entre otras consecuencias negativas, que no se formen glaciares, pese a las bajas temperatura no hay nieve suficiente como para que solidifique.

Ayer, y en medio de tantas pálidas, la gestión de Irrigación mendocina, conducida por José Luis Álvarez, oficializó la aprobación de fondos internacionales que se venía tramitando desde al menos un par de años atrás, para la construcción, en Mendoza, de los denominados reservorios de agua, en las cuencas de los ríos provinciales y en las algunas zonas alejadas a ellas también.

El Fondo Verde del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo autorizó prestarle a Mendoza alrededor de 800 millones de pesos para la construcción de los reservorios. El proyecto mendocino fue el único, según anunció Irrigación, que consiguió pasar los estudios previos y el primero en conseguir esa línea de financiamiento en el país, con 30 años de plazo para devolverlo a una tasa del 1 por ciento anual.

Los reservorios, de los cuales ya hay dos en construcción, permitirán embalsar el agua de lluvia durante la temporada de precipitaciones para utilizarlos como pulmones de los sistemas de riego. El objetivo además tiende a ir diseñando la provincia en función de la variabilidad hídrica que se viene dando desde algunos años atrás y que promete ser complicada más adelante en el tiempo. Uno de estos reservorios se construirá en Jocolí y el otro en Cipolleti. El de Jocolí, prometen, tendrá el tamaño de unas cien canchas de fútbol, ha dicho Álvarez, el jefe de Irrigación que destaca las bondades del Plan Agua 2020, el que busca mitigar los efectos de la sequía.

Los nuevos fondos servirán, además, para darle continuidad al proceso de impermeabilización de los más de 12 mil kilómetros de canales que existen en la provincia. Del total, sólo unos 1.300 se encuentran impermeabilizados. Y profundizar, a su vez, el sistema de telemetría que permite contabilizar en tiempo real la cantidad de agua que conducen los canales y la cantidad exacta que reciben los regantes por turnos. El sistema por ahora tiene unos 500 puntos a lo largo de la red hídrica de Mendoza y está montado en aplicaciones para celulares.

Bien vale el Plan Agua 2020 y bien vale destacar lo que se hizo para que se consiguiera el crédito de las Naciones Unidas. Sólo resta esperar que se cumpla el objetivo, se controle su ejecución y se siga avanzando en todo lo que permita ir mitigando la escasez de agua tras seis años de emergencia.


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