Cristina suma. Por eso era necesario que formara parte de la campaña que tiene a Adolfo Bermejo contra Alfredo Cornejo. Había que unir al peronismo, sumar al kirchnerismo que se desinfló cuando Guillermo Carmona no pudo ser bendecido como el candidato ganador de las Paso, y así garantizar que no hubiera fuga de votos hacia la izquierda.
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Con Cristina y Scioli, el peronismo nacionaliza la campaña
Toda visita presidencial es importante, mucho más si falta poco para las elecciones y esa figura todavía es la más convocante en el Partido. Y si además viene con gestos concretos que entusiasmen a un mejor futuro a 2.500 familias que hallarán trabajo en una megaobra como Los Blancos, con dinero para empresas como Plastiandino, con medidas a favor de la vitivincultura, con inauguraciones como los tramos de la ruta 40 y lo del hospital maipucino, el combo es casi perfecto.
No habló Bermejo, no se podía incluir el proselitismo tan abiertamente en lo que se diseñó como un acto gubernativo. Pero las decenas de fotos con Cristina son oro en polvo para el candidato a Gobernador del Frente Para la Victoria.
Deberá agradecerle a Anabel Fernández Sagasti, la kirchnerista mendocina de mayor poder, que logró tender el puente; y a Paco Pérez, que cedió su puesto de privilegio en la lista para reacomodar las piezas para las Paso nacionales de agosto.
Si hasta los hermanos Félix están felices con el nuevo diseño. Porque el segundo lugar como candidato a Senador nacional lo entusiasma a Omar Félix fundamentalmente por una lectura que hace en silencio: una vez que se definan los cargos provinciales, ni Cornejo ni los aspirantes radicales a las intendencias o bancas legislativas provinciales o concejalías, se moverán con el mismo ímpetu con que lo hacen ahora. Es que hoy buscan objetivos de poder, reales. Pero con Cleto Cobos, Ernesto Sanz o el mismo Mauricio Macri, en agosto sólo jugarán para que gane otro.
La unidad radical que hoy logró Cornejo tiene como base justamente que cada candidato radical provincial hoy aspira a algo para sí mismo. Eso le permite ir a las elecciones del 21 de junio sin internismo alguno, todos juntos. Una situación inédita para ese partido.
Era la diferencia del Frente Cambia Mendoza con el Peronismo mendocino, que se lo notaba con grietas, con intendentes haciendo más fuerza por sus candidaturas y las de los suyos en cada departamento, que por la fórmula oficialista a la Gobernación y Vice. Además, a los perdedores de las Paso en el Frente Para la Victoria les faltaba motivación.
Hasta que llegó Cristina y el Justicialismo volvió a mostrarse entusiasmado. Ahora creen que pueden soñar, que no todo está perdido. Que los aparatos se van a aceitar porque la Presidente encendió los motores de nuevo.
Y la maquinaria peronista volvió a ponerse en marcha. Para intentar dar el golpe. Para que no se queden sólo con sostener la mayor cantidad de intendencias, sino darle un empujón a los que quieren suceder al Paco con ropa peronista.
Porque en el mano a mano, Bermejo la tenía muy difícil con un Cornejo que se lanzó antes, que tiene a toda su gente detrás empujando, y hasta los extraños (léase, demócratas y los pocos Pro) dándole una mano, y que está tan instalado que no necesita si quiera que le sume votos Laura Montero, una figura de mucho menos brillo en la fórmula.
Está claro que al PJ le faltan muchos votos y el tiempo apremia. Sin embargo, los peronistas confían que además del efecto Cristina, todavía falta la visita de la figura más aglutinante, porque puede sumar independientes e indecisos: Daniel Scioli.
Y ahí sí, cuando este pise suelo mendocino, se sabrá si nacionalizar la campaña provincial le rendirá los frutos esperados al FPV. Eso lo veremos el domingo 21.