El Décimo Quinto Juzgado Civil condenó al hospital Central y a una enfermera de ese establecimiento por mala praxis a un joven de 27 años que llegó al centro asistencial con dolor de panza y por falta de atención terminó perdiendo tres dedos de su mano.
Por el hecho, ocurrido el 23 de agosto del 2009, el mismo centro asistencial inició un sumario administrativo que terminó con la cesantía de la enfermera Elsa Pucho, transformándose eso en una prueba clave para que el juzgado dictara el fallo esta semana.
En base a esto, la jueza María Mercedes Herrera decidió que el hospital y la enfermera indemnicen a la víctima, Gerardo Javier Hernández (27), con 138 mil pesos más intereses (5 años).
Según consta en el expediente, el joven llegó al hospital a la 1 e ingresó al servicio de guardia con un fuerte dolor abdominal. Allí le diagnosticaron un posible cólico renal, y mientras esperaba el resultado de algunos análisis, un médico le ordenó a Pucho que le suministrara un diclofenac.
Cuando la enfermera le aplicó este calmante, la víctima sufrió la inflamación de toda la mano, como así también una sensación de quemazón.
Las pruebas demostraron luego que la médica no había acatado correctamente las órdenes de su superior, pues había colocado el calmante vía endovenosa, y no vía intramuscular.
Luego de esto, al paciente le pusieron suero, pero no mejoró. Así estuvo hasta las 13, cuando le dieron el alta. Esa misma noche, la víctima tuvo que regresar al hospital por el dolor que padecía.
Ese día, los médicos le recetaron una serie de medicamentos y quedó internado. Dos días después, luego de decirle que el primer calmante había sido mal colocado, fue dado de alta de nuevo, pero al transcurrir tres días, Hernández no se recuperaba del dolor y las puntas de sus dedos comenzaron a ponerse negras.
Ante esto, fue internado nuevamente, donde los médicos le informaron que se le había cortado la circulación sanguínea, y que le iban a aplicar una droga nueva. Agregaron que si ese remedio no funcionaba le iban a tener que cortar la mano, reza en el expediente.
Bajo ese estado, estuvo hospitalizado durante 41 días, hasta que recuperó, parcialmente, el movimiento en su mano. Sin embargo, el padecimiento duró casi un año, donde no podía ni agarrar un cubierto, usar computadora, vestirse o escribir.
En base a esto, lamentablemente tuvieron que amputarle la primera falange de tres dedos mayor, anular e índice- de su mano derecha, provocando una incapacidad del 19% en lo que era su mano hábil.