Un año atrás, la provincia no salía de un estado de fuerte conmoción e indignación social por la muerte de un turista neozelandés que, al pasear por el parque en horas de la siesta, encontró la muerte fusilado por dos motoqueros que lo sorprendieron para robarle mochila. Ocurrió exactamente tres días antes de que el gobernador Francisco Pérez se presentara en la Legislatura para brindar su tercer discurso ante la Asamblea Legislativa. Cuando no pocos esperaban que el jefe del Ejecutivo reflexionara sobre el hecho, mencionándolo quizás, o bien anunciando un plan de acción contra la inseguridad o bien convocando a todas las fuerzas políticas para relanzar una política de Estado que sirviera no sólo para calmar ánimos, sino precisamente para dar respuestas concretas al flagelo, el tema ni siquiera se invocó y en cuanto a la seguridad específicamente se optó por enumerar las inversiones hechas en compras de autos, armamentos, uniformes, balas, chalecos y elementos de logística para luchar contra el hampa.
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A todo o nada, Pérez va hoy a la Legislatura
Tanto el año pasado, como ahora, otra vez la esperanza ante un nuevo discurso de Pérez en la Legislatura se asienta en el contenido político de lo que tiene pensado expresar. A las 10 de la mañana, el gobernador se parará por última vez ante la Asamblea Legislativa en su último año de gestión para dar un discurso esperado por las particularidades propias del momento, en medio de un proceso electoral que no viene nada bien para el oficialismo y donde la gestión de gobierno, y lo que todavía pueda ofrecer Pérez para los últimos seis meses al frente de la administración, juegan un papel trascendente en la suerte del peronismo en las urnas.
Las últimas 24 horas no han sido buenas para el gobernador. Antenoche debió ser internado por una arritmia y pasó varias horas en el Hospital Italiano monitoreado y controlado por el propio ministro de Salud, Oscar Renna. A las 9 del jueves fue dado de alta y a las 10 ya encabezaba una reunión con sus ministros y su esposa, Celina, coordinando el contenido del mensaje de hoy.
Renna le bajó la tensión al problema de salud del jefe del Ejecutivo. Habló de una arritmia benigna por el estrés o por la mala digestión de algún alimento y le aconsejó comer y descansar bien. También dijo que hoy no tendrá problemas de presentarse ante los senadores y diputados en la Legislatura.
Si hay algo que ha caracterizado al gobernador a lo largo de tres años y medio en el gobierno ha sido su constricción al trabajo. Nadie puede decir que Pérez no pasa las horas del día, casi todas, en su despacho. Pero los resultados de semejante apego no han sido equivalentes al esfuerzo y seguimiento de los temas que ha hecho casi al borde de la obsesión.
Para hoy le aconsejaron ofrecer un discurso con contenido político, trazando las líneas por donde discurrirá el gobierno en medio del proceso electoral. Pero Pérez trabaja casi en soledad, con la compañía de no más de dos o tres colaboradores como asistentes y de la permanente presencia de Celina. Por eso es una incógnita si aceptó la sugerencia o si bien repite el mismo estilo y modos que vino utilizando desde su primer discurso allá por el lejano 2012.
En términos de utilidad política, el oficialismo espera que hoy Pérez ponga al gobierno a traccionar en función de las urgencias electorales que tiene el peronismo y que se ofrezca a ser una pieza, clave por cierto, pero un eslabón al fin de la estrategia que los candidatos, tanto Adolfo Bermejo a sucederlo como el resto de los caciques que aspiran a mantener los territorios, necesitan.
Un discurso plagado de enumeraciones y largo, dispersa y no serviría demasiado para volver a encantar a la sociedad que le tomó examen al gobierno el 19 de abril en las PASO y espera por el 21 de junio para su sentencia definitiva. Uno de tono político, componedor y al servicio de la estrategia electoral es lo que espera la dirigencia que se juega el pellejo en junio.
Pero es probable que el gobernador desoiga todo lo que se le ha dicho y aproveche su momento para desplegar en gran magnitud la propia defensa de la gestión. Se sabe solo y se ve solo y entiende que ha sido criticado con exageración por la propia tropa de generales del oficialismo.
Por eso no hay que descartar una catarata de afirmaciones feroces destinadas hacia adentro y afuera de su partido. Hacia aquellos que lo criticaron por sumirse a Cristina Fernández en los primeros tiempos del gobierno y contra los que lo criticaron por cortar con Cristina hacia el final; contra aquellos que le señalaron falta de decisión política para encarar asuntos de profunda preocupación para Mendoza, como el desarrollo económico y el cambio de la matriz productiva o su falta de convicción para ir por la reforma de la Constitución, o su débil influencia para controlar el gasto del Estado y su falta de conducción y control para haberlo hecho más eficiente.
El día para defenderse puede que sea hoy, tras meses de acumular palos en su contra llegando, incluso, a la indiferencia irrespetuosa por parte de la presidenta de la nación. Lo que puede ser un bálsamo para Pérez, dándole un tono de venganza reprimida a sus palabras por el distrato al que fue sometido, también puede ser una palada de tierra sobre las oportunidades que tiene el oficialismo, pocas pero a la mano, de salvar algo de la ropa para lo que viene.