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Por Marcelo Torrez

PASO y confusión: ¿pato o gallareta?

Los tres candidatos del oficialismo se juegan la vida. Bermejo, Carmona y Roby dejarán todo en estos días para que el próximo domingo puedan cosechar los votos que necesitan para convertirse en el candidato que disputará la gobernación el 21 de junio. Cornejo, por su lado, acelerará buscando la máxima provincialización de la contienda, evitar que el comicio se convierta en lo que es, precisamente una primaria, una elección en la que se define al candidato, para que se transforme en un hecho consumado y si los votos lo acompañan, con una gran diferencia sobre los tres del peronismo, leer los resultados como el acontecimiento que lo encumbre como el nuevo gobernador virtual de los mendocinos.

La confusión también jugará un papel trascedente. Porque aunque no se vea con claridad en la superficie, parte del establishment político jugó al río revuelto, al festival de las colectoras para hacerle más complicada la vida al elector, para marearlo en el cuarto oscuro para que todo esté más cerca del “pato o gallareta” al momento de la concepción.

El desorden ha sido deliberado. Porque a nivel oficial poco se hizo para llegar al último rincón de los hogares mendocinos explicando qué se vota el próximo domingo. Tampoco hubo suficiente financiamiento que les permitiera llegar, a los precandidatos, de manera clara a cada uno de los electores. La mezquindad dominó la previa electoral. Mezquindad en casi todo. Y los partidos, pese a los dichos de sus principales dirigentes, no tuvieron una decisión política de fondo para que se avanzara en todo aquello que permitiese eliminar las avivadas de hace tiempo.

Tampoco se involucró con compromiso y convicción el propio gobierno, quien debió haber utilizado el poder de la pauta que tiene, especialmente en los medios audiovisuales, por la impresionante penetración de la televisión en todos los sectores y clases sociales, para ensayar una fuerte campaña de esclarecimiento y de información respecto de lo que son las PASO y de lo que significan.

El controvertido asunto de las colectoras tendrá que ser materia de estudio y análisis cuando acabe el proceso electoral. El sistema tiene que tender a ser más claro y no un laberinto de colores y números todos adosados a las interminables y espantosas listas sábanas que por mas promesa que haga la dirigencia política, por más pactos que se firmen, por más que se rasguen las vestiduras, estas listas sábanas gozan de buena salud.

Por el contrario, la realidad que vamos a encontrar el domingo en el cuarto oscuro, nos reafirmará que en vez de un paso adelante, en gran medida se sigue retrocediendo con medidas tramposas y de espaldas al sentido común.

También será tiempo de avanzar definitivamente en el sistema de preferencias o en el voto electrónico. Para que cuando el ciudadano se disponga a elegir por quién votar, lo haga sin posibilidades de error y restringiendo al máximo esos atajos del actual sistema que abonan la equivocación.

Toda elección puede dar lugar al “pato o gallareta”, pero que sea en función de la disputa política en torno a los proyectos de provincia, a los planes, a las ideas que cada postulante pueda tener. No por medio de maniobras aviesas, deliberadas, para que todo siga como si nada hubiese cambiado, aunque cambien los nombres.

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